Volver al futuro

Este post figura escrito por mí sólo por cuestiones técnicas. Lo escribimos a cuatro manos junto al amigo Escriba. Así que las partes buenas son las de él y las malas de otro.  Mendieta.

En 2012 se empezará a poner en juego si la militancia kirchnerista y quienes respaldan la gestión del Gobierno nacional más acá o más allá de las etiquetas aprendieron mucho o poco o nada del intenso tiempo político que fue de 2008 a 2011.

Con la disputa por las retenciones móviles, en 2008, empezó a forjarse algo muy importante: el paso de una actitud “de simpático estudio” a una identidad que pasa a decir “yo quiero estar acá” o “yo tengo que estar acá ahora” y que en ese proceso termina diciendo “yo soy esto”. Para vastos sectores sociales, luego de muchos años y post crisis terminal de representación producto del 2001, el asumirse “oficialista” dejó de ser vergonzante o descalificador.

No son las grandes y multitudinarias marchas las que dan cuenta de este fenómeno. Es la piba que en la mesa familiar dice “alto, te voy a discutir eso que decís”. Es el oficinista que no se guarda su opinión con el del escritorio de enfrente. Es salir al balcón y contestarle a la señora que caceroleaba con las retenciones preguntarle dónde plantó soja.

Pero aún con este reverdecer del compromiso político y la proto emergencia de un nuevo sujeto político en las calles, en las aulas, en los barrios, en los blogs y en la opinión pública, hay que decir que no fue un momento bueno para el país. Fue un momento que hubo que atravesar. Pero ¿queremos volver a atravesarlo? Se forjó una identidad, es cierto. Pero que perdimos, perdimos, eh. Así que ojo, hay que tatuarse en el corazón, al lado de la bandera que más te gusta: la “minoría intensa” es tan intensa como minoría.

Néstor y Cristina Kirchner mostraron, luego de la derrota de la 125, un camino que estaba fuera de todos los parámetros conocidos del 83 para acá: remontar. Se puede remontar cuando hay decisión política de intentarlo. Porque, convengamos, también podrían haber decidido otra cosa, la misma cosa que en muchos gobiernos anteriores cuando tropezaban con otros poderes: negociar la retirada. Pero no. Decidieron, y por ahí fueron, a remontar con la propia.

Y en medio de esa remontada: segundo tiempo, sale Laclau, entra Gramsci. Bicentenario, 2010, la calle es de todos.

La economía levanta también, no hay que negarlo. Y muere Néstor Kirchner y lo invisible se hace visible. Cristaliza. Encarna. Acá estamos. Ni se atrevan. Fuerza. Toma visibilidad una “militancia kirchnerista” que ya estaba, pero emerge como colectivo.
Luego, la expresión en las urnas y a la hora de decidir, es Cristina en todo el país.

¿Y ahora? Ahora cambia el tiempo. Se acaban los dólares “de más” en medio de una crisis financiera internacional. ¿Quién paga el salto que va de crecer al 9 por ciento a crecer al 5 por ciento?

En un país en que un 10 por ciento de los ocupados percibe salarios mayores a 4 mil pesos, muchos que consideran que no deberían pagar nada, seguramente tengan que pagar.

¿Y ahora?

  • La primera pregunta que hay que hacerse siempre es si el Gobierno está escuchando suficientemente los reclamos de la sociedad. Porque la sociedad siempre hace reclamos. No tiene por qué pensar “cómo estaba yo en 2003″. El 2003, por suerte, quedó lejos.
  • El Gobierno tiene la responsabilidad de escuchar. Los resultados electorales hacen pensar que representa al sector político que más sintonía tiene en la escucha. Pero es un ejercicio de todos los días.
  • En 2015, va a haber padres de familia de 22 años que en 2003 tenían 10 años. Diez. Su única realidad es la actualidad.
  • Hay que contar hasta 10.
  • Si no alcanza con eso, hay que volver a contar hasta 10.
  • La Argentina es un país complejo y los conflictos son complejos. Hay oligarcas, claro. Pero ¿todos los del conflicto agropecuario son oligarcas? Hay una clase media que mejor perderla que encontrarla. Pero ¿toda es así? Hay un medio como Clarín. Pero ¿todos los medios están en una conspiración oscura?
  • Si no complejizamos, cagamos.
  • Si no profundizamos, cagamos.
  • ¿Qué es complejizar? ¿Qué es profundizar?
  •  A la izquierda nuestra no está siempre la pared. Eso se construye. Lo construimos entre todos, entre los que “bancan” y a su vez en relación con los que no “bancan”, sino que pueden “estar bancando por ahora” o que ni siquiera saben qué es bancar.
  • Hay que tener un oído fino para identificar los “microclimas” de los “climas”. En Twitter y las redacciones de los diarios ganó Binner. En Facebook está el pueblo. En capital y el cordón norte del GBA hay menor nivel de votantes a Cristina que en San Luis. Nunca hay que ser negador de los problemas, ni tampoco venirse abajo por un chubasco aislado de heces en algún barrio de la capital o en un informativo radial.

De eso se trata, de seguir aprendiendo todos los días un poco más.

Mendieta : De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.