Faco

Tigres de papel

El mate de la mañana se vuelca hoy sobre la tapa de Clarín. Blanca. Blanca como la leche, como la sonrisa de los niños que leen las historietas de la contratapa, como el centro de la bandera y como la raya de merca que hay que tomarse para aguantar todo esto. Blanca como esa tapa de Página/12, cuando todavía era Página/12, hace 22 años, con los indultos de Menem.

Se pueden leer muchas cosas sobre el tema de Papel Prensa, discursos y editoriales. Lo mejor, y no lo digo por obsecuencia, suele plantearlo Fontevecchia. Podés hacer click ahí y leerlo. O no, no importa, no hace diferencia. Porque no plantea lo que nadie plantea, lo importante: ¿importa a esta altura el papel?

En Clarin.com los “temas del día” son “Papel Prensa” y “Moyano”. Lanacion.com no tiene ni una noticia en portada sobre el tema del papel. En la espuma de la espuma de la espuma #latapadeclarin es el primer trending topic de Argentina. Pero ahí no son muchos los que pierden el sueño por el tema. En la vida real los trending topics son las compras navideñas, el 4 a 0 del Barcelona con el Santos que no debutó con un pibe y el asado. Que se hace a las brasas. Que se prenden con papel de diario.

La tapa blanca, ese recurso agotado que se repite como farsa, no existe más. Clarín ya había sacado una tapa parecida el 28 de marzo pasado, ante un bloqueo en la distribución de diarios. Bloqueo que fue el tema del día, porque la noticia se difundió por internet, televisión y radios. Digamos que cuando salió la tapa blanca, el tema había sido noticia. Ya estaba agotado.

Y sin embargo seguimos hablando del papel. Y no sólo hablando: en los últimos cinco años, Argentina vio nacer muchos nuevos medios en papel: Crítica (QEPD), Miradas al Sur, Muy, Libre, El Argentino, Tiempo Argentino, además de varias revistas nuevas o resucitadas. Quien haya viajado en tren podrá observar que hay gente que, entrada la noche, compra diarios a voluntad que se regalaban la mañana anterior, con noticias que tienen al menos 24 horas de vieja. Será que la brecha digital todavía no cerró lo suficiente esas distorsiones. Será que tenemos una relación sentimental con el papel, que necesitamos prender el fuego para el asado los domingos antes de salir de shopping con las tarjetas de descuentos que traen los diarios.

Los diarios son sucios (y no porque a veces vendan pescado podrido), incómodos, caros, antiecológicos, demasiado largos, demasiado aburridos. ¿Cuándo fue la última vez que leíste un diario entero? ¿Cuántas personas conocés que lean dos diarios por día como rezaba el mandamiento informativo de la década pasada?

Alguien tiene que decir también que nadie se va a quedar menos informado porque deje de salir un diario, o todos. El mejor combo para informarse hoy es Twitter + TV. Ante las protestas de la primavera árabe, ningún gobierno suspendió la circulación de papel: cortaron internet. La pantalla del celular, la de la computadora, la de la televisión son medios más que suficientes para informarse.

Los diarios engordan, las pantallas de los celulares también. Los e-readers como el kindle se achican, bajan de precio, se masifican. Ahí está el New York Times y su pared de pago fallida y su anuncio de que dejarán de salir en papel algún día. Lo mismo que El Amante, que cerró su edición impresa y publicarán sólo en digital, aunque cobrando. La progresiva i-tunes-ización de las noticias es imparable. Los lectores, consumidores-productores de noticias, eligen qué leer, cómo, dónde, cuándo.

El divorcio es un hermoso libro de Martín Granovsky que narra los inicios del gobierno de la Alianza y la disputa entre Chacho Álvarez y De la Rúa. En una escena, un senador del PJ se lo cruza a Chacho en un pasillo del Congreso durante el tratamiento de una ley y en medio de los escándalos por corrupción. El senador le dice a Chacho “Ya está, macho, ya nos ganaron, ¿qué más quieren, cogernos?”. Magnetto bien podría plantear esta pregunta si a esta altura alguien lo escuchara. Disputarle la distribución de papel a Clarín después de su derrota absoluta en el campo financiero y simbólico, más que redundante es saña. No digo que no deba hacerse, digo que los temas importantes ahora son otros.

“¿Cuál es el objetivo final de un diario?”, preguntaba un avejentado profesor, que en paz descanse, a los alumnos de un terciario olvidable, hace unos seis años. Algunos repitieron eso de informar, formar, entretener, otros se quedaron callados. El profesor, didáctico, explicó: “El objetivo final para el diario es terminar envolviendo huevos”.

La eterna duda

1. La eterna duda de la Sociología y la Ciencia Política es por qué la gente vota lo que vota. En palabras de Lisa Simpson, ¿cómo puede ser que un delincuente procesado saque tantos votos y otro delincuente procesado saque tan pocos?. Zapping. “Votan contra sí mismos”, dice Sandra Russo. Max Weber se entierra un metro más abajo.

2. Es intrigante entender por qué se perdió una elección contra un tipo procesado, que no sabe hablar, que casi se atraganta con un bigote postizo y que ya estaba derrotado desde el momento en el que se bajó a la elección porteña (y de no ser por la ley electoral actual, bien podría volver a subirse a la nacional). Resolver esas dos dudas es la consigna fundamental para los próximos años.

3. La campaña y en especial el búnker del PRO, fueron perfectos, impecables, el mundial ’86 de Durán Barba. Macri, repetimos, un tipo procesado, con la UCEP, el gas del borda y la mar en coche evitó confrontar, zafó de las preguntas incómodas y quedó en un aura etérea que le permitió desmarcarse y basar su campaña en la buena onda. Ni falta le hicieron las propuestas. Un tipo con todos los problemas que tuvo, ni siquiera tuvo que salir a defender su gestión. Y esto no es 100% culpa de los medios monopólicos de la corpo.

4. Del lado kirchnerista hubo errores propios y no forzados, por todos conocidos, que hay que rever de cara a Octubre. El principal lo señaló el mismo Durán Barba en una entrevista que ahora no encuentro: Filmus era un buen candidato que no se presentó suficientemente independiente.

5. El armado nacionalo del kirchnerismo post-28 de junio de 2009 fue muy bueno. Federalista, apoyando a los locales con chances de ganar, bancando al ganador, buscando el candidato propio. Misiones, Catamarca, Tierra del Fuego y Chubut son ejemplos de cómo debe actuarse. Buenos Aires, a marzo.

6. Voy a preguntar algo que suena a herejía. Si en las elecciones nacionales, con estos resultados, no hay ballotage, ¿debemos presentarnos a segunda vuelta? ¿Lo merecemos?

7. Zapping. Vuelvo al búnker de Macri. Hay alegría, hay música, hay baile, está la mujer embarazada, Miguel Del Sel, el Rabino Bergman (?). La racionalidad me hace repudiar la escena. Pero hay algo irracionalmente atractivo en esa fiesta (es una fiesta, 18 puntos arriba, 6 a 1 con BO LI VIA). Y el voto no es nunca 100% irracional.

8. Sobre el final de campaña, hubo dos actos destinados a la seguridad en el sur de la ciudad. El de la Metropolitana fue capitalizado por Macri. El de gendarmería fue capitalizado por __________________________ (complete el espacio en blanco).

9. Además de reconocer la derrota inevitable, deberíamos empezar a pensar, dentro del marco del federalismo, las instituciones y los siete enanitos, en cómo debemos gobernar la Ciudad desde la Nación. Porque sí, el Ejecutivo Nacional también gobierna lo que es, en esencia, un distrito federal. A su modo y con sus atribuciones. Y cuatro años más es demasiado tiempo para dejar Buenos Aires a merced de la inoperancia PRO.

10. “Cogidos y muertos”, es el titular del Wall Street Journal. Para pensar, eh.

Una solución metropolitana

En la muy buena entrevista que hizo el staff de Artepolítica a Daniel Filmus (y se vienen más reportajes), el candidato delineó cinco problemas centrales de la Ciudad de Buenos Aires y dio una definición clave:

Macri mostró justamente que cuando vos confrontas con la Nación neutralizás los esfuerzos. El tema está en cómo sumás el esfuerzo entre ciudad y la nación. En este caso los problemas son de escala metropolitana, vos tenés problemas de 12 millones de tipos, no de 3 millones de tipos.

El planteo es fundamental para quienes venimos pensando en preguntas como: ¿Qué es la ciudad de Buenos Aires? ¿Qué es esa entelequia que termina en la General Paz? ¿Qué es el conurbano? ¿Existen, más allá de los chistes, diferencias entre “porteños” y “bonaerenses”? ¿Una persona que duerme en el segundo cordón y viaja todos los días a capital, dónde vive, qué es?

Las preguntas cobran otro sentido a la luz de lo ocurrido en los últimos cuatro años de desgobierno porteño (¿o fueron once?): además de la incompetencia total de la gestión local, el enfrentamiento con la Casa Rosada impidió solucionar casi todos los problemas (y miren que son muchos) que afectan a la ciudad.

Nosotros queremos llamar a “bonaerenses” y “porteños” como “metropolitanos”, en pos de la unidad nacional. Pero la verdad es que no todos son iguales: los 1,2 millones de habitantes de La Matanza tienen un presupuesto diario de 0,26 dólares por cabeza, mientras que los 3 millones de porteños gozan de 4 dólares. Por no mencionar la subrepresentación de los bonaerenses en el Congreso, entre una larga lista de asimetrías.

¿Cómo se aplica el federalismo cuando uno de cada tres argentinos viven en Buenos Aires y alrededores? Dejemos al margen la discusión sobre si este es o debe ser un país federal, con este esquema que no se repite en ningún país de nuestro continente (excepto Canadá). Tal vez la pregunta correcta sea si es viable el sistema actual. Y creo que la respuesta hasta ahora viene siendo que no.

Entonces, ¿qué hacer? El compañero (?) Lucas Llach propone una solución salomónica: aislar la Capital Federal, y dividir la provincia de Buenos Aires en tres partes, con dos de ellas quedándose cada una con la mitad del conurbano, como puede verse en este mapa. La idea es simpática (¿y bienintencionada?) pero sólo profundiza el problema de la integración: una Capital aislada de un Conurbano segregado.

A riesgo de ser acusado de cipayo, miremos en otros países para ver si existen casos similares que puedan ayudarnos. Por ejemplo: Japón, un país con 126 millones de habitantes. La ciudad de Tokio cubre unos 600 kilómetros cuadrados y tiene unos 8 millones de habitantes (el triple que la ciudad de Buenos Aires, en ambos casos). Pero su Área Metropolitana, o Gran Tokio, acumula más de 34 millones de personas (casi un tercio de la población total) en 16.000 km2, lo que la convierte en la metrópolis más grande del mundo. Toda esa zona está bajo jurisdicción del Gobierno Metropolitano de Tokio, compuesto por un Gobernador/Alcalde/Intendente electo cada cuatro años y una Asamblea.

Acerquémonos un poco a ese destino que tanto nos gusta a Macri y a mí, Nueva York. La demografía estadounidense no se compara con la japonesa ni la argentina, pero veamos: Nueva York es un estado mayormente rural y suburbano con 20 millones de personas. Sobre ese total, 18 se reparten entre los 30 condados metropolitanos (urbanos). Dentro de esa zona metropolitana está la ciudad-archipiélago, New York City, con 8,4 millones de habitantes en 830 km2, dividido en 5 “boroughs”: Manhattan, Brooklyn, Queens, Bronx y Staten Island.

Resulta que desde 1989, cuando se consolidó, la ciudad de Nueva York cuenta con un gobierno, formado por un Alcalde/Intendente y un Concejo legislativo unicameral de 51 miembros. Todos son electos por voto popular cada 4 años, con posibilidad de una reelección. El gobierno neoyorquino es responsable de, a saber: la educación pública, seguridad espacios de ocio, sanidad, abastecimiento de agua, servicios sociales, cárceles y bibliotecas. El transporte está a cargo de la MTA, una corporación pública designada por el Estado que controla subtes, ferrocarriles y buses.

¿Sirve alguno de estos ejemplos en Buenos Aires? Tal vez. Pensemos lo siguiente: ¿Y si toda el Area Metropolitana de Buenos Aires fuese una única entidad administrativa?. Es decir, que Capital Federal, el conurbano bonaerense, y todas las zonas rurales aledañas -un territorio delimitado, a grandes rasgos, por la Ruta Provincial 6 y el Río de la Plata, entre Campana y La Plata-, tengan el mismo gobierno. Que los 14 millones de “metropolitanos” vivan en la misma ciudad y provincia. Sería algo más o menos así:

Esto permitiría terminar, por ejemplo, con que las zonas más lujosas de la ciudad tengan ocho veces más presupuesto que un lugar sin desagües. No haría falta que 15 intendentes distintos se pongan de acuerdo para limpiar el Riachuelo. Se podría mudar el puerto hacia el sur, como propuso Filmus. Una persona que se muda a menos de 10 kilómetros de distancia viviría en la misma ciudad y no en otra provincia. Dos vecinos separados por 20 cuadras pagarían lo mismo de ABL. No habría dos o tres gobiernos enfrentados por el mismo pedazo de tierra.  Y se podría empezar a solucionar el fundamental problema del transporte, no te digo para dejarlo como el de Nueva York, pero incluso se podría aplicar una de esas soluciones que le gustan tanto a Lucas. Cada partido bonaerense y comuna porteña podría tener su representación en la legislatura local, y todos ellos en la nacional.

No sería la primera vez que Buenos Aires se agranda. Cuando la ciudad se federalizó, en 1880, el límite formal llegaba poco más allá de Avenida Pueyrredón. Los “barrios” de Flores y Belgrano fueron incorporados ese año. Y hablando de eso, tampoco estaría mal mudar la capital administrativa del país, que es una de las razones principales de la concentración poblacional, a otro lugar menos habitado. ¿Es tan fundamental para la democracia que la Casa Rosada siga estando donde está?

Yo tampoco me hago los rulos, que quede claro. ¿Es difícil de aplicar? Dificilísimo: haría falta una reforma constitucional, como mínimo, para empezar a hablar del tema. ¿Imposible? No necesariamente, menos si resulta que en diciembre tenemos gobiernos de la misma tendencia política en la nación, la ciudad y la provincia. ¿Urgente? Tampoco: los problemas de la ciudad y alrededores pueden resolverse sin esta reforma, aunque con muchas más dificultades. En definitiva, es sólo una idea. O un toque de atención metropolitano a los problemas de “Buenos Aires”.

¿Con qué mano te hacés la revolución?

1. Una que sepamos todos: Facebook tiene 600 millones de usuarios. Si fuera un país, tendría la tercera población mundial, después de China e India. Twitter tiene 190, con lo que sería el sexto.

2. Por suerte o por desgracia, Twitter y Facebook son empresas y redes sociales por las cuales circula información. Para ser un país, vayamos al diccionario, tendrían que contar con un grupo humano (nación), un territorio sobre el que ejercer soberanía, y una organización social y política soberana reconocida internacionalmente, un concepto también conocido como Estado.

3. No ser un país, no ser un Estado, tiene grandes ventajas. Si sos una empresa, sólo necesitás, a grandes rasgos, guita. No te hace falta ni, por citar algunos, accountability ni democracia. ¿Quién votó a Larry Page – Sergei Brin presidente y vice, por un Google en serio? Facebook está en todos los países del mundo, pero es imposible hacerles un reclamo fuera del Estados Unidos. No son responsables de lo que pasa dentro de su “jardín amurallado”, su territorio soberano. Ni Google, ni Twitter ni Facebook merecen un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU. Como dice un amigo, Sierra Leona es más Estado que Google.

4. Exageremos: la historia del siglo XX fue, en buena parte, el relato de las disputas, las tensiones y choques de intereses, primero entre países y luego entre Estados y Empresas (o corporaciones internacionales). El siglo XXI será una historia parecida, pero los actores serán los Estados y las Redes Sociales.

5. ¿O no es una exageración? Google proclama “Don’t be evil” pero no hace mucho censuraba todos los contenidos que le ordenaba el gobierno chino para su país (aunque la mayoría de los chinos usan Baidu), hasta que hubo un pequeño escándalo que derivó en bloqueo. Google sigue censurando contenidos en otros países.

6. Hablamos de la misma empresa que emplea a un directivo sindicado como el presunto responsable de iniciar la difusión de protestas en la web en Egipto. Google y Twitter empujaban los searches de las protestas y generaron el famoso efecto “bola de nieve”. Durante la llamada “Revolución Verde” (Irán 2009), el Departamento de Estado le pidió a Twitter que demorara un trabajo de mantenimiento en sus servidores, para no frenar los tweets de los supuestos cientos de miles revolucionarios iraníes.

7. Digo “supuestos” porque después se supo que los miles de mensajes en Twitter que supuestamente habían causado la revolución, en realidad habían sido enviados por iraníes residentes en otros países. Que fueron los que levantaron la mayoría de los medios. Los mensajes de iraníes en Irán, escritos en un árabe incomprensible para el resto del mundo, no tuvieron tanta difusión. Lo que terminó provocando las revueltas fue el viejo, querido y peronista boca a boca. Lo mismo que impulsa las protestas en Túnez, Egipto y todo Medio Oriente. En resumen: ¿Las redes sociales pueden ayudar a este tipo de manifestaciones? Sí. ¿Alcanza eso para hacer la revolución (sea lo que eso sea)? No.

8. Apagar Internet. La idea es seductora, trágica, dispara una galaxia de hipótesis. Apagar internet es, para un gobierno en declive, un último intento desesperado por apagar el fuego con petróleo. Apagar internet es como cortar la luz o el suministro de agua, nos llevaría un siglo para atrás con solo apretar un botón. Una vida sin internet, para muchos, para mí, no sería vida. La presencia física y todas las funciones biológicas seguirían ahí, pero vida es otra cosa.

9. Republicanos y demócratas impulsan el proyecto del “Kill-Switch”, la posibilidad de que el gobierno estadounidense, con un proverbial botón rojo, suspenda Internet, con la excusa de proteger las redes de un ciber-ataque. Australia propone lo mismo. España acaba de aprobar la famosa y polémica Ley Sinde, que en esencia criminializa a todos los considerados “piratas” -definición amplísima-, y otorga al Estado superpoderes para perseguirlos. Canadá ya tiene topes de descarga en cada ISP. Ni hablar de las orwellianas violaciones a la privacidad, en internet y en la “vida real” que progresivamente instalaron en el Reino Unido. Si metés a una rana en agua hirviendo, salta; pero si la metés en agua fría y la vas calentando, el agua hierve y la rana se muere.

10. La otra gran historia del siglo XXI, o al menos de sus primeras décadas, es la historia de cómo Internet cambia la forma en que socializamos. Vida real y vida virtual ya no son planos separados de existencia, o no lo serán por mucho tiempo. Como los animales anfibios de la cadena evolutiva, salimos del agua para aprender a respirar. ¿A qué temperatura hierve el agua?

Autor de la frase del título.

Rambo

Te propongo una prueba muy sencilla. A vos, ciudadano de a pie, contribuyente en bici, purrete, loco lindo. Necesito averiguar una cosita. Haceme el favor, andate hasta la Avenida 25 de Mayo, número 11. Sí, sí, enfrente del carrito de panchos, ahí donde está la Secretaría de Inteligencia, que antes era la SIDE. Ese. Traeme unos papeles que me dejé en el quinto piso, en un escritorio, lo vas a ver enseguida saliendo del ascensor. Yo te espero acá, ¿dale? Cuando salgas te invito un café acá en el bajo. Andá tranquilo. Si la prueba funciona podemos encarar para Ezeiza e intentarlo de nuevo, pero en el Departamento de Estado de Estados Unidos. Y si encontrás ahí el pendrive del ala Oeste, que es lo que andamos necesitando, ahí sí, bueno, ahí tenés lo que hizo Wikileaks.

Wikileaks es un colectivo online que abarca desde disidentes chinos hasta empresas de tecnología, de periodistas a matemáticos, de todo el mundo. Su misión declarada es conseguir la mayor cantidad posible de documentos clasificados para exponer regimenes opresivos y comportamientos gubernamentales poco éticos en el mundo todo. Estos son los buenos muchachos que hackearon los correos electrónicos de Hugo Chávez y Sarah Palin; luego publicaron un video de un helicóptero estadounidense acribillando civiles en Irak, y finalmente desclasificaron unos 400.000 documentos militares de la guerra en ese país.

Pero si vos, joven argentino, venís escuchando “Wikileaks” hasta en la cola de la panadería es porque estos buenos muchachos consiguieron y publicaron 250.000 documentos secretos del Departamento de Estado estadounidense. Documentos que dicen que Berlusconi es un fiestero, Ahmadineyad un terrorista, Sarkozy un maldito francés, Merkel una mujer confiable, y Cristina una loca, re loca, loco. Unas revelaciones de la puta madre. Para pensar, diría Arnaldo Pérez Manija. Entonces la internet toda se llena la boca hablando de nuestros héroes, cruce de Rambo con Rodolfo Walsh -pero muchos, como en el Eternauta-, que se meten en las fauces de la bestia misma para ganarles a los malos y salvarnos de la corrupción, la polio y el #findelperiodismo.

¿Seguros? Porque si hablamos de periodismo, o del fin del mismo, bien vale plantear algunas dudas razonables. Los documentos fueron obtenidos, no queda bien claro cómo, y luego gentilmente cedidos a los principales medios de comunicación del mundo para que ellos los chequearan (porque los chequearon, ¿no? ¿eh?) y dispusieran de ellos como quisieran. Antes que el resto del público y editando la noticia a gusto y piacere, cabe añadir. Entonces, las preguntas: ¿quién los filtró? ¿Rambo agarró a algún empleado desprevenido o se metió en los ductos de aire? Un compañero en esto del #findelperiodismo sugiere que cuando aparecen este tipo de filtraciones “accidentales”, se trata de algún descuidado que, ups, deja una carpeta tirada que, si se hace pública, casualmente, termina cagando a quien esa persona quiera cagar.

Pero por favor, no seamos tan cínicos sólo porque los documentos que publicó Wikileaks hablan mal del gobierno argentino. O algo así. Creo. Eso dicen los principales medios del mundo que tuvieron acceso a ellos antes que el público general. Ponele. Pero no, no seamos malpensados. Recordemos que el gobierno estadounidense tiene una estructura de servicios secretos tan grande que nadie puede controlarla, ni comprenderla, ni ordenarla. Una Babel de espías, según una muy buena investigación del Washington Post. Es esperable, claro, este tipo de filtraciones en un revoque tan grande.

No se nos ocurra, entonces, recordar que en los ’70, cuando el mundo todo se sacu-sacu-sacudía por el escándalo del Watergate, el gobierno estadounidense  desclasificaba los documentos del COINTELPRO, uno de los mayores planes de espionaje interno -e infiltración, y experimentos ilegales y homicidios- de la historia. Dios nos libre y nos guarde de pensar que a veces sólo se sabe lo que alguien nos deja saber. Nos acusarían de paranoícos, conspirativos, o peor, de intentar editar la realidad. Tampoco es que estemos en contra de conocer la verdad, sea cual fuere.

El problema es que, como en las relaciones interpersonales, la diplomacia se basa en que la verdad, lo que todos saben, sea implícita. Que yo sepa que vos sabés que yo pienso que sos un fiestero terrorista inestable y, ay, francés, pero que nadie lo pronuncie. Ese es uno de los principios de la diplomacia. Las embajadas del mundo serían como Showmatch si ese pacto no se respetara. Algunos argumentan que el trabajo de los medios no es proteger a los poderosos de la vergüenza, y puede que sea cierto. Pero también es cierto que no siempre se puede poner todos los trapitos al sol. Ni siquiera la verdad, por muy verdadera que sea.

Autor de la foto.

#finaldeepoca

Publicado por Nicolás Mavrakis para La Maquiladora

I

El affaire Lewkowicz es una de esas incandescentes oportunidades que algunos de los privilegiados testigos del #findelperiodismo esperamos para poder volver a escribir en el agua.

Nos ha sido dado atravesar, camaradas, el final de una especie agotada de sensibilidad y de hábitos. El final de una especie agotada de costumbres pero, sobre todo, el final de una especie agotada de lógica.

La simiente verdadera de este final tal vez sea una profunda #derrotacultural, cuyo estado último de decadencia todavía está por verse. Lo supieron ya aquellos benditos formalistas rusos: antes de su agotamiento definitivo, a toda forma le resta consumirse en el estadio grotesco de la parodia.

El #findelperiodismo no es más que la veta más interesante —y tal vez allí conserve el sentido público que alguna vez tuvo— para detenerse a observar algunos puntos de un fenómeno más rico, más interesante y aún —por eso mismo— menos evidente para sus más obtusos actores: un #finaldeepoca.

Mann, Kafka, Marai y Walser son escritores a tener en cuenta a la hora de hablar de un #finaldeepoca. Sobre todo porque fueron los principales retratistas del derrumbe de mucho de aquello que casi todos a su alrededor consideraban inmutable. Liberal teórico e impracticable, la aseveración siguiente debe ser tomada como de quien viene: no hay que temerle a lo nuevo, camaradas.

Si me preguntan a mí, al #findelperiodismo —sinécdoque grosera del fin de múltiples hábitos técnicos e ideológicos— nada parece encajarle mejor que esta frase, cuyo autor ni importa, ni recuerdo: «Era como si la vergüenza debiera sobrevivirle».

Si todavía no se ha escrito el epitafio del #findelperiodismo, que alguien comience los trámites de copyright (no hacerlo y caer en alguna trampa corporativa sería una imperdonable #derrotacultural).

II

El affaire Lewkowicz implica una serie de detalles de índole sexual que no interesarán a nadie, excepto a los mismos periodistas. Eso puedo afirmarlo, como traducirían los malos traductores de I-Sat, positivamente. Lo interesante va por otro lado, como siempre.

(Acerca del origen sexual de este episodio del #findelperiodismo, apenas diremos que fue originado por una joven rubia, presumiblemente bella, una suerte de Helena más bien intrascendente para una gigantesca Troya).

Ante todo, el affaire devela una vez más el agotamiento de los hábitos productivos de los medios tradicionales. Encapsulados en una lógica de soportes, tiempos, circulaciones e interlocutores agotados, sobre la que ya se ha dicho casi todo lo que podía decirse, la novedad toca a su propia #derrotacultural cuando su llegada como fenómeno se verifica entre editorialistas, canales de cable e intenciones de escándalo clase B. Es un dato a tener en cuenta. Es la verdadera teoría del derrame, incluso en la economía del fracaso. (Joaquín Morales Solá, digamos, ya ha temido meses atrás).

A propósito, ¿qué es la #derrotacultural? No podríamos definirlo ahora, pero estamos seguros de algo: los deseos de pertenencia tardíos a un club ya cerrado y en decadencia son #derrotacultural.

III

¿Qué más resulta valioso entonces del affaire?

La validez de un blogger como interlocutor ha sido legitimada por los propios editorialistas de Clarín, con el plus de un vistazo instantáneo —no percibido por los obtusos— de cuáles son los cambios más inmediatos en el horizonte cercano del periodismo y sus actores.

No es que se trate de una guerra ni mucho menos. Se trata, en todo caso, de una ocupación consumada: de las nuevas invasiones bárbaras, en el sentido más admirativo del término. Pero si se tratara de una guerra, los actores actuales se encontrarían con la desaparición de sus armas, sus botas, sus suministros y hasta de sus trincheras. De hecho, si llegaran a mirarse en su espejo —y esos serían los lectores, camaradas melancólicos— ni siquiera podrían verse.

Imaginen el estrés. La activación patológica de todos los mecanismos de negación posibles capaces de negar que uno mismo y todo aquello en lo que cree se extingue.

El terror a la desocupación, pero sobre todo el terror al vacío simbólico y técnico en el corazón de las trincheras decimonónicas del periodismo contemporáneo —que aún se resiste a pensarse como en extinción— se evade inútilmente en un cinismo irónicamente fuera de época y fuera de sus propias posibilidades materiales. Si existe tal cosa como el Ángel de la Historia, este no sólo avanzará de espaldas al futuro, sino que se bajará la bragueta y orinará sobre los restos. Es una afirmación positiva.

En este punto es importante insistir en que el #findelperiodismo no se remite al agotamiento de su deseo de credibilidad —las convenciones del pacto de lectura que lo volvía verosímil han sido violadas irreparablemente—, sino al agotamiento de toda su estructura. Todos sus principios. Todos sus fines. El New York Times, camaradas, ha anunciado ya que dejará de imprimirse. Y ese es el verdadero #finaldeepoca.

Hemos de reconocer llegado este punto, camaradas, el valor que como retratista tuvo Esteban Schmidt. Y no es porque un lúcido ideólogo radical pueda estar demasiado lejos de Mann que sus apuntes del Fin del Periodismo deban leerse periódicamente. Esto es un reconocimiento intelectual pero también una coordenada historiográfica posible: el #findelperiodismo argentino, sin dudas, se inaugura con su retrato del cierre del diario Crítica de la Argentina. Y el abaratamiento abrupto de una mano de obra lanzada con ferocidad hacia los bolsones más recalcitrantes de resistencia al cambio.

(A propósito, ¿qué es un #finaldeepoca? Ya se irán haciendo un cuadro general, pero les digo también qué más podría calificar: especular, en septiembre de 2010, que «una presidencia de Macri sería buena para el periodismo de revistas», por ejemplo, es un claro síntoma de #finaldeepoca).

IV

El affaire habla también de la desertificación completa de eso que solía llamarse «agenda periodística», es decir, de la idea de que las empresas periodísticas podían atribuirse el poder de determinar qué era de interés.

(Disculpen que conjugue algunos verbos en pasado, pero así son los #finaldeepoca).

Esto nos lleva a una reconceptualización del valor y sentido de aquello que ahora se considera de interés. Y también nos lleva a concentrarnos en «el interés mismo» como flujo errático de usuarios a la caza permanente de entretenimiento fugaz. (Pero esto, por supuesto, no nos interesa tanto como para continuar aquí y ahora).

V

En algún lugar leí que Aníbal Fernández no inventó a los bloggers K, sino que los bloggers K inventaron a Aníbal Fernández. Debe ser la síntesis más cristalina e inmejorable de la perfecta combinación del #findelperiodismo y #derrotacultural en un contexto claro de #finaldeepoca.

VI

Antes de terminar, lean esto.

Entonces sí.

PatoBullrich @AlfredoLeuco Cuando te amenazan a vos amenazan a la prensa que no se calla. Ya lo anuncio Morales Sola!

PalaciosMarcelo @AlfredoLeuco Alfredo me quería solidarizar contigo, contás con todo mi apoyo, por la actitud mafiosa y criminal de este individuo Carrasco.

JMoralesSola Como Jorge Lanata, estoy del lado del más débil, del más infeliz, del incapaz. Por eso en este caso, estoy del lado de @AlfredoLeuco

“Era como si la vergüenza debiera sobrevivirle”.

La primavera kirchnerista

Publicado en Perfil.com

Cualquier desprevenido que haya pasado por las inmediaciones de Corrientes y Alem, sede del Luna Park, y haya visto los micros estacionados en el Correo Central, los vendedores ambulantes de sanguches y choripanes, los bombos y las banderas, podría haber pensado que se trataba de uno de los tantos actos del justicialismo de los últimos siete años.

Pero si se miraba un poco más de cerca, se distinguía que entre las banderas dominaban las de La Cámpora y la Juventud Peronista. Que los choripanes compartían lugar con los puestos de ventas de remeras con leyendas kirchneristas. Y que los miles de manifestantes eran en su mayoría jóvenes que asistían a escuchar a Cristina y “apoyar el proyecto nacional y popular”. Todo esto a sólo 72 horas de la angioplastía que salvó la vida de Néstor Kirchner y evitó dejar huérfano el liderazgo de dicho proyecto.

Las calles aledañas al Luna Park estaban colmadas. Sobre la avenida Corrientes se erigía un escenario donde tocó una banda que la locutora oficial llamó “Proyecto K”, y que incursionaba en el novedoso género de la cumbia oficialista. Más tarde apareció Cristian Aldana, lider del grupo de rock alternativo El Otro Yo, quien impulsa una nueva “ley de la música” y un canal musical público cuando se implemente la Televisión Digital Terrestre. Frente al escenario, se blandían tanto banderas de las agrupaciones políticas como carteles contra la oposición y Clarín.

Si afuera las calles estaban colmadas, adentro del estadio no cabía ni un alfiler. Las mismas banderas y bombos que afuera, sumados a las casi 10.000 personas que se agolpaban en las tribunas. Los cánticos eran tan variados como las agrupaciones presentes: desde la marcha peronista hasta un insólito “¡Montoneros, carajo!” pasando por el clásico “el que no salta es militar”. El calor y la falta de ventilación de un estadio cerrado tornaban el aire irrespirable. Carteles luminosos sugerían “prohibido fumar” y “cuide sus pertenencias”, pero ninguno de los dos consejos se cumplía.

El acto comenzó con un video muy bien logrado en apoyo al kirchnerismo, con imágenes de archivo (del 20 de diciembre de 2001, por ejemplo) e hipotéticas imágenes de una argentina futurista y poskirchnerista, que destacaban las medidas del gobierno. Las imágenes de todos los opositores eran abucheadas cada vez que aparecían en pantalla.

El locutor oficialista saludó a “todos los compañeros presentes”, en particular a los artistas (Florencia Peña, Esther Goris, Andrea del Boca) y recordó que estábamos “en el Luna Park de los artistas populares, donde se conocieron Evita y Perón”. Cuando finalmente anunció a “los compañeros Néstor y Cristina Kirchner”, la ovación retumbó en todo el estadio, y sólo se acalló para cantar el himno nacional, interpretado por Lito Vitale.

Tras los discursos de los dirigentes Juan Cabandié (de la JP, tibiamente aplaudido) y Andrés “Cuervo” Larroque (La Cámpora), finalmente fue turno de Cristina, recibida otra vez con una ovación cerrada. El contrapunto entre la presidenta y el público fue inédito: después de aplaudirla, los presentes le gritaban “aguante” o “¡Cristina te quiero!”. “Yo también los quiero, no saben cuánto”, contestaba la mandataria.

En la mesa junto al resto de los dirigentes, Néstor Kirchner permaneció sentado y acompañó el discurso. A pesar de su reciente operación, parecía estar de buen ánimo, aunque algo cansado. Contra las especulaciones y el reclamo de los presentes, no habló después de su esposa, y el fin de las palabras de Cristina fue el final del acto.

Reconfortados por la buena salud de su líder, envalentonados por la asistencia multitudinaria, de buen humor por el buen clima, los manifestantes kirchneristas cantaban mientras se desconcentraban por las calles del bajo. Si los 49 días de la presidencia de Héctor José Cámpora en 1973 fueron conocidos como “la primavera camporista”, las casi cuatro horas que pasaron en el Luna Park sin duda se les antojará como una “primavera kirchnerista”.

Misa Criolla

“Me voy”, dijo una tarde. El gran orador patrio sólo tuvo dos palabras antes de hacer un paro cardíaco del cual no pudo sacarlo Taiana padre, ni Dios mismo, ni nadie. La frase tiene sentido: muchos de sus biógrafos coinciden en que Perón era un nihilista. ¿Qué otra cosa podía decir ese hombre frente a la muerte? “Después de mí, el diluvio”, era también su divisa. Y después de él vino el diluvio nomás. Uno más terrible y duradero que la lluvia de este fin de semana.

Perón tenía, cuenta Bonasso, el “óleo sagrado de Samuel”, eso que distingue a los conductores natos. Esa marca de la bestia era su esencia, lo que justificaba su lugar en el planeta, su don y su condena. ¿Podía el General hacer otra cosa que ser Perón? ¿Quiso escapar de su destino fatal de ser la palabra revelada para todos los argentinos? ¿Podía ser un oscuro jardinero madrileño como tantos próceres exiliados, y evitar el mandato de volver a su tierra para ser crucificado? Sólo sabemos que no lo hizo.

Lo mismo podríamos preguntar casi 40 años después. Porque la pregunta, en el fondo, es milenaria y retórica: ¿Pueden los hombres gambetear su destino? Tal vez. Hablemos de un hombre: ¿Puede Néstor Kirchner a esta altura de los acontecimientos ser otra cosa que no sea Néstor Kirchner? Este humilde camarada cree que puede, pero no.

Un mal salto entre la sístole y la diástole pueden volver a demostrar lo endeble de ciertas construcciones políticas. Al Pocho gracias no pasó nada, pero: ¿Y si pasaba? ¿Sería tan terrible la orfandad del kirchnerismo como lo fue la del peronismo una vez muerto Perón? ¿Qué pasaba con Cristina y el hombre del corazón parlante? ¿Cuál era el futuro del espacio nacional y popular con Scioli Presidente? La historia contrafactual tiene la ventaja de que, por suerte, ya nunca ocurrirá.

Tengo la teoría de que nada grande puede hacerse sin un poco de locura. Que todos aquellos que han hecho historia tienen alguna forma de enfermedad maravillosa que los lleva a romper la barrera de lo previsible. El narcicismo, la bipolaridad, el trastorno obsesivo compulsivo (la simple obsesión) son lo que provoca el cambio (la transistasis) del mundo.

Cometeré la imprudencia, incluso contradiciendo lo que propuse antes, de diagnosticar lo que no conozco. Néstor Kirchner es a la vez presidente, titular del PJ, secretario de UNASUR, diputado y siguen las firmas. Podría decirse que tiene el mismo padecimiento que aquejaba a uno de los Hombres Sensibles de Flores: el berretín cósmico de querer vivir todas las vidas y estar condenado a transitar sólo una.

Pero también podríamos aventurar otro diagnóstico: adicción al exceso. Una afección que puede manifestarse bajo distintas formas, pero que guarda un rasgo común entre todos los que la padecen (incluído un servidor): la imposibilidad de moderarse, de medir. Cualquier cosa, en exceso, puede matar. Kirchner no puede dejar de ser lo que es. Kirchner no puede dejar de ser excesivo. Kirchner no puede dejar (¿acaso alguien puede?) de morir de exceso.

Por suerte -esperemos, toquemos madera, aferrémonos a lo izquierdo- lo vamos a tener un tiempo más con nosotros mientras pensamos estas cosas. Si a Perón lo heredó el pueblo (y no discutiremos los resultados), ¿quién heredará este proceso? Mañana vamos a estar ahí, aguantando, saltando, bailando en busca de una respuesta que tal vez no exista. Para que el diluvio nos agarre cantando bajo la lluvia.

Vacíos

Anoche prendí la televisión para dejarla de fondo mientras cocinaba y ante la falta de Los Simpson o el partido de Lanús, terminé sintonizando La Cornisa. Majul había convocado a un autoproclamado “experto en seguridad” cuya perorata agarré empezada, pero pude escuchar muchas cosas interesantes al ritmo del picado de cebolla. Este buen hombre decía entre otras cosas (cito de memoria):

-La “Maldita Policía” no era tan mala porque robaba pero hacía.
-Con la Maldita había menos crimen.
-Estaba bien que la Maldita robara, porque sin presupuesto la policía no puede hacer nada, como ahora.
-Los que salen a asaltar bancos y toman rehenes son “simios drogados” con los que “no se puede negociar ni dialogar” (sic).
-Para prevenir el crimen hay que “salir a reventar villas” con allanamientos.
-Que  “no está mal que caigan en cana cinco peregiles si agarramos a dos chorros”.
-En un arranque místico de Lombrosianismo puro, propuso que los controles policiales en los accesos a Capital Federal paren a la gente por “portación de cara”.

Su discurso sólo era interrumpido por otro periodista, cuyo nombre no recuerdo, que intentaba refutarlo con buenos argumentos pero mal manejo de los códigos televisivos. Majul y un tercer periodista también quisieron iniciar tímidos debates; por toda respuesta, el “experto” esgrimía “a vos te puede gusta o no gustar, yo te digo cómo hay que hacer para bajar la delincuencia”.

Este “experto en seguridad” era un tal Víctor Stinfale, que, según me avisaron minutos después, fue abogado de Telleldín en la causa AMIA, de miembros de la barra de Boca y de Monzer Al Kazar, además de emprendedor nocturno. Pero claro, los tiempos de la TV son tiranos, y Majul no pudo darse el lujo de informarnos el prontuario de este buen hombre (o si lo hizo, yo no lo vi).

Podríamos desechar la opinión de este tipo por sus antecedentes, o por haberlas expresado dentro del aparato mediático, o porque lo dijo en un canal perteneciente a un diputado opositor que tiene un plan contra la inseguridad, ayudame, ayudate, ayudín, incluso podríamos putear a Majul porque… bueno, porque es Majul.

Pero no. Porque el problema acá es que este señor te-dice-cómo-se-soluciona. Y este señor, y tantos otros señores, te dicen cómo se soluciona porque no hay nadie del otro lado para decírtelo. Ubique en este “otro lado” al gobierno, el kirchnerismo, la centroizquierda, el espacio nacional y popular, el progresismo, a Darío Santiago Silva que la está rompiendo, y a quien usted quiera.

“En política, no hay espacios vacíos; el lugar que uno deja lo ocupa otro”, rezaba más o menos el principio de Arquímedes aplicado a la política. Y el gobierno no puede seguir dejando vacío el espacio del discurso sobre la seguridad, que sigue siendo, ay, una de las principales preocupaciones ciudadanas.

No, la seguridad no es oligarca ni de derecha, menos cuando “son los más pobres los que más sufren las amenazas de las pistolas”. Una víctima es una víctima, y eso deberíamos haberlo aprendido hace seis años, cuando el espacio vacío lo ocupó un señor que decía ser ingeniero, y obligó a un kirchnerismo entonces dominante a sancionar un paquete de leyes que sirvió de muy poco.

El espacio vacío lo ocupan señores que te la dicen como es, lo ocupa la oposición, lo ocupa Chiche Duhalde proponiendo menos rutas y más cárceles (y sabemos que los Duhalde no comen vidrio), lo ocupan personas que oponen Seguridad a Derechos Humanos. No es así. No tiene por qué ser así.

Porque Derechos Humanos no se contradice con Seguridad. Al contrario: Derechos Humanos puede (tiene que) ser Juicio y Castigo con Asignación Universal por Hijo, derecho a un juicio justo y menos salideras, protección para la víctima y para el victimario.

¿Por dónde se empieza? ¿Por la Maldita Policía, el Poder Judicial, las leyes actuales, la inclusión social, los noticieros de América TV? No tengo idea. Pero hay que empezar a discutirlo, darle vueltas al tema, reconocer errores, proponer, hablar. Porque la naturaleza aborrece el vacio. Y en este tema, estamos llenos de agujeros negros y balazos.

Autor de la foto.

Cables

1. Que un latinoamericano sea fascista es como que una ballena sea accionista de una compañía pesquera japonesa, dice un amigo. Ser argentino y defender a una empresa con utilidades millonarias que, a la postre, pertenece a un grupo multimediático monopólico que -encima- miente, bueno, eso ¿qué es?

2. Defendamos a Fibertel, ya que estamos. Tengo el servicio hace más de cinco años y nunca tuve ningún problema. Ninguno. Algún temita con el modem, bah, pero todo solucionado rápidamente. Por suerte no soy diputado nacional como para decir que me vuelvo loco si me sacan Fibertel. Pero tampoco me jodería si no me lo sacan.

3. Esto también le hace muy mal al fútbol [1].

4. Dice De Vido en 678 que los ¿ex? clientes de Fibertel pueden optar por otras 400 empresas proveedoras de internet. Puede ser. Omite que en zonas aisladas y casi desérticas del país como lo es el Área Metropolitana de Buenos Aires, los usuarios deberemos elegir entre la Virgen María de Telecom (Arnet) y el Espíritu Santo de Telefónica (Speedy), cuyos servicios dejan mucho que desear. Algunas zonas también pueden optar por Telecentro, propiedad del bebé de pecho Alberto Pierri, empresario siempre sin pecado concebido. ¿Libertad es cambiar de correa o dejar de ser perros?

5. ¿Esta medida, redundará en un verdadero aumento de la competencia, o va a ser el regalo de un millón de clientes atados de pies a otros oligopolios? Hay muchas compañías -Telmex, las cooperativas telefónicas y de cable de los pueblos del interior- que pueden y quieren dar internet. Con liberar la “última milla”, es decir, permitir que por el cable de telefóno de una empresa se venda servicio de internet de otra (medida que se tomó en el gobierno de De la Rua y sigue sin reglamentar) y permitir la multiplicación de proveedores se resuelve la cuestión.

5. El tema de fondo sigue siendo la neutralidad de la red. ¿Qué es eso? Que cualquier persona tiene derecho a acceder a todos los contenidos subidos a internet, pagando sólo la tarifa de acceso al servicio, sin restricciones, y sin que se priorice el tráfico de uno u otro usuario por pagar más o por contratar determinada empresa. Es uno de los principios fundantes de internet, lo que lo hace tan democrática. [Nota: algún día habrá que analizar cómo pudo ser que una tecnología creada en plena guerra fría para uso militar estadounidense termine convirtiéndose en la revolución de la democracia y la libertad de discurso en todo el mundo]

6. La semana pasada, Verizon (una de las principales proveedoras de internet y telefonía celular en Estados Unidos) y Google (una cadena de ferreterías con sede en Sarandí) cerraron un acuerdo que supuestamente protege la neutralidad y la libertad en la red. Los medios interpretaron otra cosa y las críticas les llovieron a ambas empresas por querer modificar lo que hace a la red lo que es. Las críticas les llovieron de todos lados y hasta los senadores demócratas tuvieron que salir a pedirle a la FCC -el COMFER de allá (?)- que no acepte la propuesta de Google y Verizon.

7. ¿Y si, de un día para el otro, una empresa con utilidades millonarias perteneciente a un multimedio monopólico -que además miente- decide ofrecer prioridad de tráfico a quienes paguen más? Olvidemos que se estarían cagando en la neutralidad de la red; es capitaslimo, están en todo su derecho. Puede decirse: el que puede pagar más viaja en primera.

8. ¿Y si después esa empresa decide qué contenidos -digamos, el sitio de noticias de un diario perteneciente a un multimedio monopólico- tienen prioridad de tráfico? ¿Y si esa empresa decreta que los contenidos pertenecientes por copyright a ese multimedio monopólico sólo pueden accederse con su servicio de internet? ¿O si termina decidiendo qué sitios pueden o no accederse con ese servicio? Para pensar, diría Arnaldo Pérez Manija.

9. ¿El acceso a internet es un derecho constitucional? Sí, al menos en un país: Finlandia. ¿Vivimos en Helsinki, México DF o el estado libre asociado de San Luis? No. Por suerte

10. ¿Es hora de que el estado empiece a preocuparse por garantizar el acceso a la red? Tal vez. Algo así decíamos acá hace poco más de un año. Algo así, dicen, están pensando en Casa Rosada.

Autor de la foto.

[1] Aclaración: me avisan que esa no es la cuenta de twitter oficial de 678. Pero el argumento lo vi repetido en varios lugares, y me sigue pareciendo correcto señalarlo.

Teníamos que juntarnos para soportar semejante pelotudez

Los capítulos anteriores del “chiste” pueden leerse acá, acá, acá y acá. O, para una obra maestra del humor contemporáneo, entrar al Twitter de Fernando Iglesias.

Tal vez este diputado nacional que aprobó estadística en el Instituto Nacional de Educación Física no haya leído esta nota donde se explica claramente que el 60% de las escuelas aumentaron su matrícula en un 25%.

O tal vez podría dedicarse a trabajar para que la matrícula llegue al 100% en lugar de trollear en internet. Digo, son ideas.

10

No hace falta pertenecer a su iglesia. Ni siquiera hay que creer en Dios, en alguna forma de trascendencia, o en alguna existencia celestial o paranormal más allá del mundo físico. Pero la condición excluyente de ser argentino es creer en la divinidad, en la superioridad, en la inmensidad, de Diego Armando Maradona.

¿Queda algo para contar sobre El Diego que no se haya contado ya? ¿Es necesario repetir la historia de su vida, esa remontada cósmica a la inmortalidad? ¿Hace falta, cuando en todo el mundo la palabra “Argentina” es siempre sucedida, aunque subordinada, al nombre revelado, “Maradona”?

La historia argentina, la historia de los argentinos, es pequeña y mezquina. Tenemos pocos grandes personajes que hayan sido marcados por el “óleo sagrado de Samuel”, que lleven tatuado en la frente el camino del héroe. Toda persona tiene una historia que merece ser contada, pero hay pocas historias grandes, épicas de verdad. Acaso sólo tres: San Martín, Perón, y Maradona.

Es Maradona un ídolo con los pies de barro, pero no porque se haya derrumbado en polvo. Tenía los pies literalmente metidos en el barro cuando llegó a nuestro mundo, a Fiorito, ese “barrio privado” (“privado de luz, de gas, de teléfono…”). No tuvo una concepción inmaculada en ese establo de la Belén del conurbano sur. Y su llegada estuvo señada acaso por su propia estrella.

Diego, “el pelusa”, era un pibe petiso y algo retacón. ¿Pero importaron acaso alguna vez las limitaciones de nuestros héroes? No, y menos en el fútbol. Pelé tenía pie plano, Valderrama los pies torcidos, y Garrincha era chueco, con una pierna más larga que la otra. Dieguito aprovechaba su físico para escurrirse entre las piernas de todos los pibes de los potreros de Lanús. Flameaba al viento con la lengua afuera, en esos potreros, mientras muchos comenzaban a ver que ese pibe era algo distinto. No corría -nunca necesitó correr-; más bien flotaba por la cancha, eludiendo a dos, tres, mil rivales consecutivos para meterse adentro del arco con pelota y todo. Esa pelota -cualquier pelota, lo mismo valía una número cinco que una mandarina o un par de medias enrollado- que se llevaba hasta la cama, que era una extensión de sí mismo.

Y un buen día comenzó Maradona a predicar su testamento por la tierra. Fue en el cesped de Argentinos Juniors, su primer milagro, un caño de taquito. Días después, sus primeros goles. Comenzaron los fieles, de boca en boca, de dos en dos, de a miles, a asistir a su misa pagana. Diego les hacía creer en la santísima trinidad, en la posibilidad de lo imposible, en la flexibilidad de las leyes de la física, en la inmortalidad misma condensada en una gambeta. Comenzaba su arremetida y no había forma de pararlo, ni frenarlo, ni amedrentarlo. Él, que era uno y muchos en una misma cancha, abría camino entre las aguas en los tiros libres, multiplicaba los toques, convertía la pelota perdida en gol, llenaba las alforjas de los ojos de los espectadores.

Hipérbole de la Argentina del ascenso vertical, donde el hijo de un obrero analfabeto puede llegar a deidad, su subida imparable fue de los Cebollitas a la primera de Argentinos, su beatificación en Boca, Barcelona, y el Nápoli, donde fue santificado. Y de quedarse afuera en el mundial ’78, a la desilusión del ’82, a la épica conquista del ’86. Y es ahí donde los versículos se vacían y se borran las palabras. Porque lo de Diego Armando Maradona en la Copa del Mundo de México 1986 es inenarrable. La divinidad -no sólo la judeocristiana, sino la divinidad en general- es inefable por definición. Aquello que es divino no puede pronunciarse con palabras. Y es esa, no la mano de D10s, la prueba de lo trascendental de Maradona. ¿Escucharon el relato de Víctor Hugo Morales del segundo gol a los ingleses? Decenas de veces, seguro. Víctor Hugo es un relator radial de fútbol -uno de los mejores- a la vieja usanza. Su oficio consiste en describir con palabras concisas y rápidas lo que ocurre en el campo de juego para aquellos ciegos que no pueden ver. Y sobre ese gol dice Víctor Hugo:

“Va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, y deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta… Goooooool…”

El relato completo es inmenso, y sin embargo no hay nada en las palabras del uruguayo que nos den una leve noción de la inmensidad de ese gol. Transmite, sin embargo, la idea de su belleza, al punto de que somos muchos los que, aún hoy, vemos como una lágrima se asoma al iris cada vez que lo escuchamos.

En su épica, como buen héroe o profeta, Maradona cayó no una, sino mil veces. ¿Cuán grande sería hoy el cristianismo si a Jesús lo hubieran crucificado tanto? A Diego lo clavaron cuando lo dejaron afuera del plantel del ’78; lo clavó la lesión criminal de Goikoetxea que lo dejó afuera de las canchas por varios meses en el ’83; lo clavaron las patadas que le transformaron en melón su tobillo izquierdo -su varita mágica- en Italia ’90; se clavó infinitas veces en el meo del antidoping y cuando lo arrestaron en Buenos Aires. Y tantas veces se volvió a levantar, tantas veces lo vimos poner una mano en el piso, después la rodilla y después los pies. Se sacudía luego los escupitajos, porque cuando estás en el piso te patean todos, y los silencios de los que le gritaban negro merquero atorrante por haber tenido el atrevimiento de ser, de ser el mejor, de trascender y de cantarle las cuarenta a quien se le plantara enfrente.

Acaso su pasión más perfecta, la aberración mayor de su historia, fue cuando esa legionaria romana rubia vestida de blanco se lo llevó de la mano cual ternera al matadero, esa tarde fatal del ’94. Le cortaron las piernas, ese día en el que 30 millones de argentinos nos sentimos crucificados mientras Joao Pilatos se lavaba las manos. Y al tercer día Diego se levantó y anduvo, y volvió a llenar los ojos de ilusiones convenciendo hasta el más ateo de los ñatos y perdonando a quienes lo habían injuriado, a quienes debíamos en realidad pedirle perdón a él.

Y nosotros nos caímos y nos resucitamos tantas veces, casi a la par suya, en Malvinas, en la hiperinflación del ’89/90. Él nos dijo que se equivocó y pagó, chivo expiatorio de todos nuestros pecados, poco antes de derrumbarnos juntos: el 2001 y su internación, la que lo dejó al borde de la muerte. Y cuando creímos que ya nada quedaba de nuestro profeta ni de nosotros, un día volvió, sano, como un símbolo de la recuperación kirchnerista, perdonó a todos sus traidores y nos lavó los pies a todos, haciendo jueguito en TV y abrazándose con Pelé y con Shilton.

La historia de Maradona continúa. Ya como el profeta de barba encanecida, como un Buda que trascendió, volvió, y nos la cuenta con su verborrea de siempre. Se sentó en nuestro verdadero sillón de Rivadavia, ved en trono al noble D10s, el Director Técnico de la Selección Argentina. Diego y la patria, la argentinidad al palo, inseparables. Y nos conducirá a la gloria o al escarnio, contra todos los Totipasmanes del mundo, pero ahí estará él, el Leónidas de nuestro destino. Y todo lo que podamos decir, pobres mortales, será una pobre anécdota arriada por el viento, hasta que bramen las trompetas del apocalipsis y su gracia sea con nosotros. Por los siglos de los siglos, amen.

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¿Y si ganamos?

Esta semana se respira un aire distinto. Un aire a “primavera alfonsinista”, por así decirlo. Se camina por la calle entre un espíritu patriótico que no se ve muy seguido, que no se puede atribuir sólo al feriado largo. La gente deja de ser un poco “lagente” de la cadena mediática de la buena onda y hasta se relaciona entre ella con otra actitud. Y la ciudad es una fiesta.

Entonces uno se pregunta: ¿Qué es lo que pasa? ¿Cuánto puede llegar a durar? Luego recordamos que estamos a pocas semanas de esa más maravillosa música que es el pitazo inicial del mundial de fútbol. ¿Y si nos va bien? ¿Y si salimos campeones? ¿Qué pasa entonces? ¿Eh, Pasman?

No se puede pensar en el bicentenario, en el mundial, y en los hechos de los últimos y próximos meses en función de la posibilidades del kirchnerismo, en tanto manifestación argentina de los procesos centroizquierdistas y estatistas latinoamericanos, en las elecciones de 2011. Anulada la opción de obligar al gobierno a ajustar o retirarse, aún con un panorama legislativo adverso, sólo queda seguir el destino de un oficialismo cada vez más sólido frente a un rejunte cívico en declive y un peronismo disidente indeciso. En criollo: ¿Y si ganamos?

Claro que todo depende de lo que ocurra en los próximos veces, y los intentos de hacer futurología son vanos. Pero partamos de la base de que existe la posibilidad, más o menos estadísticamente remota o cercana, de la continuidad del kirchnerismo. No hay muchos registros en la historia argentina reciente de procesos políticos y/o socioeconómicos que hayan durado tanto. Eso no implica que un eventual sucesor kirchnerista llegue a la Casa Rosada en 2011 sin saber dónde está parado. Pero el planteo lleva a la pregunta inevitable: En ese caso, ¿qué hacemos?

La economía no plantea mayores dudas. Ningún candidato propone hoy una alternativa al modelo actual, lo que demuestra el “consenso” (ay) al respecto. Sí hay espacio para otra clase de reformas. Llámese reforma fiscal, normalización en el INDEC, modificación del esquema de subsidios, siguen las firmas. En estos puntos no pesa tanto la si son posibles o convenientes, sino si existe o no la voluntad política de llevarlos a cabo.

Con las políticas sociales ocurre parecido. Hay coincidencia: ni un paso atrás, ni para tomar envión. Cómo profundizar esa línea dependerá de lo de arriba, la economía, y de quién termine ocupando el sillón de Rivadavia. Pero tampoco estaría mal, eventualmente, por ejemplo, defender conquistas como la Asignación Universal, si no incorporándolas en la Constitución, al menos transformándolas en ley. Como los derechos humanos.

Hablando de lo cual, ¿qué hacemos con los derechos humanos? ¿Qué hacemos cuando se terminen todos los juicios a los represores? ¿Podremos dar vuelta la página y redefinir un poco el término? ¿Ampliarlo quizás? Hay mucho para hacer con la represión policial, la discriminación -acá se está haciendo bastante y muy bueno-, o con derechos como el aborto y el consumo de estupefacientes.

En definitiva, convendría ponerse a pensar en la posibilidad de cuatro años más de kirchnerismo. No sólo por lo que habrá que hacer a partir de 2011. Sino porque, a la hora de la campaña, habrá que defender lo hecho hasta ahora, sí, pero también prometer lo que puede venir. Como dice un compañero: hablame de futuro.

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Baradero, Lucas, el Estado y vos

Un tipo común se hace internar en un hospital público. Se escapa, aparece en bolas y a los gritos por la calle, la policía lo caga a patadas. Lo internan de nuevo y muere. Un problema pulmonar, agravado por el uso de drogas. Nadie sabe quién es, y el tipo queda guardado más de un mes en la morgue. Sin identificar, como NN. Esa sigla maldita, como tantos otros, justo este mes. Dos pibes van en moto, en la motito, por un pueblo del interior bonaerense. El control municipal los quiere parar, no llevan casco. La camioneta los persigue, los choca, y los mata. Los vecinos prenden fuego la municipalidad.

Una de las aristas fundamentales para analizar los casos de Lucas Rebolini Manso y de Baradero es el rol del Estado. Una de las aristas menos mencionadas, por cierto. Lucas consumía cocaína, lo que lo convertía en un criminal bajo la vetusta ley de drogas actual, muy a pesar del último fallo de la Corte Suprema al respecto. Ingresó al Hospital Fernández con un “cuadro de exitación general” y escapó a las pocas horas. Lo encontraron desnudo y en la calle, en actitudes que los representantes del Estado (médicos y policía), bien podrían considerar de “insanía”, aunque nunca se lo declaró formalmente insano. Y ahí llegamos al primer problema. ¿Qué hace el Estado sobre la locura?

“No somos libres para hacer lo que se nos cante el culo. La sociedad tiene su policia de la poesía. (…) En este mundo no te hagas el loco porque no somos tan libres. Hay una cuestión legal, una red que te caza como un pescado, como una trucha”, explicó el actor Alejandro Urdapilleta, que estuvo internado por sus adicciones, a la revista THC. Lucas lo descubrió de la forma más dura. La policía lo cagó a patadas. Como no tenía documentos, nadie sabía quién era. Los médicos se deben haber cagado de risa cuando decía que era el hijo de Antonio Grimau y Leonor Manso. Murió solo e ignorado, si es que en algún momento pudo registrarlo.

El caso de Lucas ilustra cómo opera el Estado con los locos. Una mezcla entre El Proceso Kafkiano y The Prisioner, esa película de 1967 -magistralmente parodiada en Los Simpson- que cuenta sobre una isla a donde llevan a todos quienes saben un secreto trascendental; los prisioneros son mantenidos a raya con diversas drogas, y quienes intentan escapar nunca lo logran. El Estado reprime al loco, porque atenta contra el status quo. El loco, además de peligroso, pone en evidencia que la sociedad es la que conduce irremediablemente a la locura. El loco puede mostrarle al resto, a quienes no son lo suficientemente sensibles ni irracionales, que la sociedad es la que no funciona, no ellos. Y eso es peligroso. Por eso se lo reprime. ¿Está bien? No sé, tal vez. El problema, en definitiva, son los otros representantes del Estado ante el loco. Es la policía que lo golpeó y maltrato, aunque la autopsia diga lo contrario. Ahí está uno de los grandes déficits de casi 30 años de democracia: no lograr una policía que respete los Derechos Humanos. Era (es) una necesidad básica, una bandera formidable para el progresismo, y se la terminó robando Macri y su Metropolitana. ¿Y cómo puede ser que bajo un gobierno que enarbola el derecho a la identidad tengamos más de un mes a un tipo muerto sin saber quién es? No hay explicación que alcance.

El caso de Baradero es distinto. Tenemos por un lado al Estado (inspectores, intendente). Del otro, “la gente”. En el medio, una realidad: en las motos, en “la motito” símbolo del crecimiento, viajan dos, tres, y hasta cuatro personas -muchas veces niños apenas- ninguna con casco. Y como dijera un célebre pensador contemporáneo, nadie hace nada. Nada hace la maestra de la primaria que ve llegar a los chicos con guardapolvo pero sin casco. Nada hace la policía, menos en un pueblo chico, donde se conocen todos. Quedaba el control municipal, como última red de contención, para imponer una norma. Pero en lugar de eso, los inspectores se subieron a la camioneta, encerraron a los dos pibes que iban en la moto y se los llevaron puestos.

Podría hacer un ejercicio de sociología berreta para decir que buena parte de la clase media argentina desciende de los italianos y españoles que fueron lo suficientemente anarquistas como para escapar de los Estados europeos de entonces, y que ese rechazo a la autoridad subyace en el inconsciente colectivo. Pero no. Cierto es que “la costumbre corrige las leyes”, pero ¿se puede corregir la ley de tránsito cuando ya nos acostumbramos a que 8.000 personas mueran en accidentes todos los años? Tampoco.

Entonces, ¿debe el Estado hacer aplicar su norma? Sí. ¿Justifica eso a los inspectores que atropellaron a dos pibes? De ninguna forma. La reacción de gente tampoco se justifica, pero es entendible. No hablaremos de “infiltrados” ni de doble intencionalidad, porque desbordados hay en todas las manifestaciones más o menos espontáneas. La violencia fue la manifestación de personas que rechazan el control estatal en un aspecto de sus vidas (el tránsito) y adjudican al Estado la muerte de dos personas. Por algo los agredidos fueron todos representantes del Estado: los inspectores de tránsito, la policía, el intendente, la municipalidad incendiada.

El Estado en Argentina es endeble. Es chico para las funciones que se le atribuyen. La burocracia local es incipiente: pocos son los funcionarios que permanecen, muchos son los que cambian cada dos o cuatro años. La democracia argentina es tan directa que pone a los políticos y a los funcionarios en el llano, donde cualquiera les puede pegar un cascotazo o batirles un “¿Y vos quién carajo sos?”. Hay que estar dispuestos a esas cosas en tanto no tengamos una burocracia profesional, y los mediadores entre el Estado y “la gente” deben saberlo mejor que nadie. O como dice el Escriba, “Es dura, la política en Argentina, muy dura”.

Un reclamo oriental

ruedas

Son las 9 de la mañana de un sábado sobre un charco de una estación de servicio de Cabildo y General Paz. No estamos acá para hablar de política: esperamos un auto que nos lleve a Mercedes, en el interior bonaerense, sede de la base de operaciones de la Asociación de Amigos del Ferrocarril General Belgrano. ¿Y esos quiénes son? Se trata de un grupo de personas que desde 2002 se dedican a mantener y recuperar las vías de un ramal abandonado por el cual no circula ningún ferrocarril desde hace más de 15 años, gracias al axioma menemista de “ramal que para, ramal que cierra”.

A las 9.10 nos levanta un auto; a bordo van Juan Pablo y Jorge, dos Amigos del Belgrano. Tomamos General Paz hacia el Acceso Oeste. Es un día despejadísimo, peronista. En una camioneta nos siguen el Flaco Lerke, fotógrafo, y su hijo. Al fin y al cabo no vamos a hablar de política, sino a hacer una nota.

En el camino, Juan Pablo y Jorge nos cuentan la historia del grupo. Todo comenzó un día lluvioso que había dejado a la localidad de Espora sin salida a las rutas y a las maestras sin forma de llegar a las escuelas. Víctor, un vecino de Espora, se puso a limpiar las vías del ramal G del ferrocarril Belgrano para tener un camino alternativo, viajando por las vías a bordo de las zorras.

Tres años después, casi por accidente, Víctor conoció a Andrés y a Alejandro: viajaban hacia Mercedes en otro tren que se quedó por un problema técnico. Cuando vieron el trabajo que había hecho Víctor, se propusieron darle una mano. Mientras recuperaban las vías abandonadas, se encontraron con otros grupos que venían haciendo lo mismo en localidades vecinas. Las distintas patrullas se juntaron en una en 2006 y así nacieron los Amigos del Belgrano.

Desde entonces, el grupo se dedica a sacar la basura y la maleza, reponer rieles, arreglar puentes, refaccionar estaciones. Tienen un permiso que gestionaron con el Estado, pero nadie les aporta fondos: financian todo de sus propios bolsillos. Los socios que viven cerca del ramal patrullan las vías al menos dos veces por semana. Los que habitan en Capital Federal y el Conurbano, viajan sábados y domingo para dar una mano.

Jorge está casado, tiene cinco hijos, y trabaja de lunes a viernes en una empresa metalúrgica. Pero todos los sábados se va hasta Mercedes a darle al pico y a la pala. “Para mí no es un trabajo, es un placer, vuelvo a casa y estoy descansado, relajado, es como un recreo para mí”, cuenta.

Aterrizamos en la estación recuperada de Mercedes. Nos esperan Andrés, Alejandro y Víctor, el trío fundador. Nos muestran los galpones de la estación: estaban tomados por gente sin techo, a los que la Asociación ayudó a reubicarse. De esos galpones salen las zorras que usan los amigos del Belgrano para recorrer las vías recuperadas.

Unas 12 personas nos subimos a tres zorras y partimos. Cada tanto los Amigos del Belgrano paran para correr la basura de las vías o sacar la tierra de un paso a nivel con pico y pala. Cruzamos un puente de la Ruta Nacional 5. Esa autovía iba a pasar por encima de las vías del tren, dejando el ramal inutilizable hasta que los socios presentaron un recurso de amparo. La concesionaria de la autopista tuvo la obra parada dos años, pero al final lograron que se construya un puente,

Llegamos a la estación de Tomás Jofre, un pueblo ínfimo dedicado a la gastronomía, sólo accesible por un camino rural desde la Ruta 5. Y por las vías, claro. Paramos a comer asado en una parrilla. Víctor nos cuenta un poco más de la historia del grupo. Después todos cuentan su objetivo, que es dejar las vías en condiciones para que vuelva a pasar el ferrocarril. Putean a Moyano y a su alianza con el Gobierno, que le da prioridad a los camiones en lugar de a los trenes. Yo replico que eso puede ser cierto, pero elogio el rol de Moyano en la defensa del salario de los trabajadores en blanco.

Cambiamos de tema, porque no estamos ahí para hablar de política. Les pregunto cómo reciben los vecinos la posibilidad de que vuelva el ferrocarril. Lo cierto, responden, es que hay reacciones cruzadas: algunos se alegran, otros temen que con la vuelta del tren los pueblos se les llenen “de gente humilde”. En efecto, cuando volvemos hacia Mercedes, un hombre que vive en una estación intermedia (el Estado alquilaba las estaciones a particulares a través del ONABE) les pone un tronco en medio de las vías. Los Amigos del Belgrano lo sacan, discuten unos minutos con el vecino, y seguimos la vuelta.

Llegamos a la estación de Mercedes y emprendemos el regreso a casa con el fotógrafo y su hijo. En el camino, por la Ruta Provincial 41, paramos en un puente que están arreglando los Amigos del Belgrano. Un camión chocó contra ese puente en 1999, cuando ya no pasaba ningún tren, y lo dejó inutilizable. Ellos lograron que el ferrocarril cobre el seguro por el accidente y ahora se dedican a repararlo para que vuelva a ser transitable.

Seguimos camino y me pongo a pensar en la forma tan particular que tienen estos tipos de reclamar al Estado. Ellos no hacen un piquete, no cortan una ruta, no marchan, no joden. Van y arreglan las vías, desmalezan, refaccionan las estaciones. Es como si le dijeran al Estado: “nosotros hacemos todo, vos nada más traenos el tren que es lo único que no podemos hacer”. Y pienso en los paros de Asia, donde los trabajadores en lugar de dejar de producir, producen el doble para que el excedente de stock haga bajar los precios y le arruine la ganancia a la empresa. Los Amigos del Belgrano, como tantos otros, hacen un ‘reclamo oriental’: no le piden al Estado que haga algo, lo hacen por él hasta que decida asumir las funciones que le corresponden.

Mientras pienso todo esto, llegamos a un campamento ruralista sobre la Ruta 5, que pide, como hace un año y medio, la baja de las retenciones. El fotógrafo para la camioneta y bajamos. Les hago unas preguntas y recibo respuestas de casette, que no sirven para nada. Volvemos a subir a la camioneta, y seguimos nuestro camino. Al fin y al cabo, no vinimos a hablar de política.

De septiembre a octubre

Julio los preparó, agosto se los llevó. Y llegó septiembre. Y resulta que de repente faltan dos años para 2011. Después de un junio fatal, la mesa se dio vuelta. En este punto es interesante preguntar cómo y dónde estamos, hacia dónde vamos y si el kilo de tomates sigue a 20 pesos.

En la madrugada del nefasto 29 de junio, mientras muchos hacían un Rodríguez Sáa Revival esperando las mesas de La Matanza, nadie daba ni dos pesos por el kirchnerismo. Pero una vez más, contra todos los pronósticos, gracias a la larga siesta de la oposición vedettizada, el gobierno se levantó. Y andó. La jugó calladito, sin estridencias. Primero la convocatoria al diálogo, para demostrar otra vez que los de enfrente son una bolsa de gatos que se arañan entre ellos. Y el clímax llegó la semana pasada, con el combo de: despenalización de la tenencia de drogas + Ley de medios + estatización del fútbol, además de otra (más o menos) exitosa cumbre de Unasur y la adopción de la norma japonesa-brasileña de TV digital.

Todo en menos de 5 días, y de repente el Gobierno parece tener aire, como si las últimas elecciones fueran sólo un mal recuerdo. Y parece que todos empezaron a pensar en 2011. El PJ disidente, para reemplazar al kirchnerismo. Y el kirchnerismo, para llegar entero a diciembre e imponer un candidato propio, o al menos ser una facción de peso para dirimir la interna peronista.

Por eso, cabe comenzar a preguntarse qué pasará de acá a dos años para ver cómo se resuelve el escenario, en materia económica, social y política.

Economía

La crisis final y fatal del capitalismo comienza dar tregua. Parece que los capitalistas no se coparon con la propuesta de Altamira y no pagaron ellos mismos la crisis, pero todo indica que el sistema se irá acomodando, como hizo en el último par de siglos, y que la actividad volverá, más temprano que tarde, a niveles aceptables, aunque menores a los anteriores.

Los precios de las commodities ya encontraron su piso y rebotaron. Durante los próximos años volveremos a tener exportaciones con altos precios en dólares. Si el llamado “viento de cola” se mantiene, no será muy difícil para el kirchnerismo volver a impulsar el consumo interno como en el período 2005 – 2007, y regresar a los superávits fiscal y comercial.

Evitar la fuga masiva de capitales, no asfixiar el consumo interno, mantener la inflación a raya y el dólar controlado serán las principales tareas del equipo económico. Descontando una catástrofe, no es muy difícil de cumplir. La señal que se hizo hacia el FMI anticipa la posibilidad de una normalización -de verdad- del INDEC y de un nuevo canje de deuda o pago al Club de París.

Social

Las consecuencias sociales de la crisis en otros países del mundo pueden ser terribles. Al menos esa es la tésis de Manolo. Con el desempleo aumentando dramáticamente en países como España y Estados Unidos, algunos anticipan un aluvión de excluídos hacia países como Argentina.

Ante ese panorama, las redes de contención de nuestro país deberán estar preparadas al 100% para aguantar a los que lleguen. Pero para eso, el kirchnerismo debería saldar su deuda más grave y postergada, el de los sectores más bajos. En fin, aplicar aunque sea alguna de las medidas sociales que viene reclamando el sector nacional y popular. Si lo hará o no, sólo El Calafate lo sabe.

Política

Y acá llegamos al meollo del asunto. El punto que está modelado en los otros dos. ¿Qué pasará con la política en los próximos dos años? ¿Quién ganará, quién perderá? Sólo podemos esbozar algunos puntos. Veamos:

El “tema del campo” no será un obstáculo mayor para la gobernabilidad. La efervescencia de mediados de 2008 ya pasó. El poder de convocatoria, “la bronca” de la Mesa de Enlace ya no son los mismos. Con la recuperación de los precios de las commodities, ya no se puede plantear un todo o nada, y menos apostar por el nada. Con el desgaste, deberán sentarse a negociar. En ese sentido, la designación de María del Carmen Alarcón al frente de la Secretaría de Asuntos de Estado, apunta a buscar la negociación, la conciliación, para desarticular el tema más temprano que tarde.

“El campo”, además, se ha convertido en una suerte de “padre eterno”, a lo Perón, pero al revés. Está con todos pero con nadie. No se referencia en ningún partido de forma unilateral, sino que apela a cualquiera que pueda resolver su problema. En definitiva, no se casa con nadie. Si el Gobierno desarticula el reclamo, le quitará a toda la oposición el mérito de alzarse con una valiosa victoria política.

Mientras tanto, el Peronismo se muere por reemplazar al kirchnerismo. Pero sabe que si el Gobierno no llega más o menos entero a 2011, pueden perder las elecciones. Por eso, el justicialismo disidente se debate entre la oposición abierta, el apoyo crítico y el respaldo simbiótico. La pata peronista de la gobernabilidad está casi garantizada. Si el gobierno termina con mala imágen, los disidentes podrán imponer a sus candidatos. La lista es interminable, pero los de mayores chances son Reutemann y Solá, que aún no tiene suficiente fuerza. Todo dependerá de cómo se juegue a partir del nuevo Congreso. Si el gobierno llega fortalecido, tiene esperanzas de forzar una continuidad.

En la vereda de enfrente, la situación no es muy distinta. El panradicalismo (CC + socialismp + ACyS) debería ser una opción de cambio fuerte, ya que en 2011 se cumplirían 10 años ininterrumpidos de gestión peronista. Pero aún no encuentran la forma de lograr acuerdos mínimos para coordinar, por ejemplo, posiciones parlamentarias comunes. Si consideramos, además, que están divididos en varias fracciones, la cosa se les viene difícil. Imposible es, por ahora, preveer un candidato consensuado entre todos ellos. Sus opciones comenzarán a definirse también a partir de diciembre, en el edificio de Entre Ríos y Rivadavia.

En fin, eso es todo lo que puede preveerse a dos años de distancia, dada la situación actual. La tarea es más o menos clara, y no queda mucho más que seguir tirando para adelante. Por eso, mis queridos chichipíos, a seguir trabajando, la neurona atenta, vermouth con papas fritas y ¡Good Show!

Libertad

Como anticipamos acá, la Corte Suprema de Justicia despenalizó la tenencia de drogas para consumo personal.

Un aplauso para el asador.

Hablan de despenalización

Quiero escribir sobre el tema hace rato, pero siempre me cuelgo. No digo que sea por algún tipo de estupefaciente: no los consumo, ni lo volveré a hacer. Sólo ocurre que esta mañana, mientras bajaba medio kilo de helado de dulce de leche, vi la noticia: La Corte Suprema de Justicia quiere declarar inconstitucional la ley de drogas actual que castiga el consumo, lo que representa un primer paso para la despenalización de las mismas. “Uy, qué flash”, pensé, y me quedé mirándome los dedos como media hora.

Se veía venir. Se sentía en el aire. Ya no se trata el tema, social y policialmente, con tanta rigidez como en la década pasada, aunque muchos todavía sufren las consecuencias de la represión. No es casual que, meses atrás, por ejemplo, los llamados “curas villeros” declararan que la droga está despenalizada de hecho. De hecho, el rumor del fallo de la Corte circula hace rato. Ante todo, conviene explicar las implicancias legales del caso.

Desde 1989, en Argentina rige la ley 23.737, que castiga a quien produzca, venda, compre, transporte o almacene estupefacientes. El consumo no está prohibido, aunque sí la tenencia para consumir. El “delito” suele quedar a criterio de los jueces: En 1978, la Corte Suprema de la dictadura declaró constitucional el castigo de la tenencia para consumo. Tras el retorno a la democracia, durante el célebre caso Bazterrica de 1986, la Corte resolvió que era inconstitucional el sancionar la tenencia de cantidades para consumo personal. Cuatro años después, con el caso Montalvo, una corte menemista volvió al criterio anterior. [1]

Como se ve, hay un gran bache legal al respecto. En los últimos años, la Corte conformada por el kirchnerismo viene promoviendo la idea de no castigar el consumo ni la tenencia para fines personales, pero muchos jueces siguen con el criterio anterior, gracias a que aún no se declaró la inconstitucionalidad de la ley.

“La sentencia no pasa de Agosto”, dijo una alta fuente judicial a la revista THC. ¿Quiere decir que los narcóticos brotarán por las calles como el agua de las cloacas un día lluvioso, mientras jóvenes endrogados se sacan fotos en pelotas para sus respectivos fotologs? No precisamente. La despenalización sólo evitará que la justicia procese a quienes posean estupefacientes para consumo personal y privado. El consumo en ámbitos públicos, al igual que la producción, venta y traslado de droga, seguirá siendo ilegal, aunque algunos casos seguirán quedando a criterio de los jueces. Si tenés una plantación de marimba, dependiendo del tribunal que te toque, podés fumarte toda la vida preso o salir libre si se acepta que no tenías intenciones de venderla. Ah, las maravillas de la seguridad jurídica.

Todo eso puede cambiar, claro. Una vez que la Corte declare inconstitucional la ley 23.737, el Congreso puede debatir un nuevo proyecto. Pero no será fácil. Mientras THC sostiene que la mayoría de los partidos políticos está a favor de una mayor laxitud, la oposición a la despenalización es fuerte. Es una medida con una mala relación costo-beneficio político. Es difícil que alguien vaya a fundar la Unidad Básica Drogadistos Chivo Rossi Conducción. Lo más probable es que se perciba como la suspensión del servicio militar obligatorio de Menem: algo bueno, pero que debía hacerse hace mucho tiempo.

En este punto, cabe preguntarse ¿Por qué despenalizar el consumo de estupefacientes? Hay unos 200 millones de consumidores en todo el mundo, o sea, el 5 por ciento de la población, según la OMS, aunque  la prohibición hace imposible obtener cifras precisas. Sólo en Argentina, esa cifra representaría dos millones de personas. Además, el 8,1% de los estudiantes secundarios argentinos consume marihuana, el 2,7% cocaína y el 2,2 % éxtasis. Todas esas personas son consideradas criminales por la ley actual, en lugar de pensar que tienen problemas de salud o que son consumidores recreativos ocasionales. Incluso la ONU propone no penalizar a los consumidores y tratar el problema como un tema sanitario.

En Argentina, los consumidores de drogas pueden seguir tres caminos. Si son de clase media-alta, es probable que jamás tengan un problema legal por su consumo, gracias a la posibilidad de obtener substancias de mejor calidad, pagarlas, y disfrutarla en la calidez de su hogar. Quienes no corran esa suerte, pueden ser detenidos en plena calle sólo por actitudes sospechosas, mientras le mejor policía del mundo (Duhalde dixit) revisa sus posesiones. A veces, si no les encuentran drogas, los oficiales les hacen el favor de plantárselas para facilitar que ese enemigo de la sociedad ingrese al sistema correccional. Allí pasarán años, siendo torturados por la policía y sus compañeros de celda, hasta que la Justicia se apiade de ellos. O pueden tomar el tercer camino de ingresar a un centro de rehabilitación, financiados con generosidad por el Estado, donde en muchos casos serán sistemáticamente torturados. [2]

La despenalización permitirá que el problema de los consumidores se trate como sanitario antes que policial. No al revés, como en los muchos casos donde un médico denunció a un paciente antes de atenderlo, violando el secreto profesional. Además, al no tener que preocuparse por el status legal de los “perejiles”, las fuerzas de seguridad podrán concentrarse en combatir el narcotráfico y la producción de drogas. Los fondos que se ahorran pueden destinarse a programas de salud pública y rehabilitación. La despenalización debe alcanzar a todas las substancias: no es lo mismo la marihuana que el LSD ni el éxtasis que el paco, pero todos los consumidores tienen el mismo problema, que, reiteramos, es sanitario y no policial. [3]

Aún asi, será sólo un parche para el problema mayor. Miles de personas seguirán terminando presas o muertas en la frontera de todos los países, inmoladas en nombre de una prohibición ridícula e inmoral. La violencia del narcotráfico no tiene límites. Sólo en México, mueren 6.000 personas por año por delitos vinculados al narcotráfico. La droga mueve economías y afecta las estabilidades de los gobiernos. En un muy recomendable artículo, The Economist propone lo que considera la mejor solución: legalizar por completo la fabricación, venta, traslado y consumo de todos los estupefacientes. Entre otros argumentos, sostiene que así se acabaría el narcotráfico (y los crímenes derivados); bajarían los precios y subiría la calidad de las drogas; y los gobiernos podrían recaudar impuestos sobre la producción y el comercio. No es la propuesta de un fanzine de drogadistos, sino de la principal revista del establishment económico mundial. Aún así, es difícil que la idea se tome seriamente en el futuro cercano.

Ese futuro que para los argentinos comienza el próximo martes 25 de Agosto, cuando la Corte Suprema de Justicia emita su fallo sobre la despenalización. Será un gran día, para comenzar a pensar en nuevos proyectos y dejar de preocuparnos por problemas arcáicos. ¿Será también una linda noche, para fumar un porrito?

Autor de la foto

[1] Gracias a Gustavo Arballo por la asistencia legal en estos párrafos.

[2] Recomiendo leer la edición 17 de la revista THC, sobre la represión policial a los consumidores de drogas, y el número 12, sobre la situación en las comunidades terapéuticas para adictos.

[3] La lista de drogas prohibidas por la ley se encuentra en el decreto 772/91, que puede leerse en PDF haciendo click aquí.

Lecciones

Señoras y señores, hasta aquí llegamos. Ha sido un placer. Ha sido el mejor de los tiempos. Han sido seis años maravillosos, acaso irrepetibles. Porque acaso sea éste el fin del kirchnerismo como lo conocemos. Porque sí, quedan más de dos años de mandato, pero nada será como antes. Y mientras todos, oposición y oficialismo, sigan como los gatos de Tinelli -en bolas y a los gritos-, sin saber para dónde apuntar, ni qué hacer, deberemos asumir el fin de una etapa. Prepararse para volver a la cola y seguir participando, hasta que en la ruleta nos vuelva a tocar.

A los muertos se los cuentan fríos, es cierto. Pero a veces no viene mal una buena autopsia en caliente. En especial para dilucidar las lecciones, ese cúmulo de errores y aciertos, que el kirchnerismo deja en su estelar paso por el firmamento del poder. En esto que hemos dado en llamar Pequeñas Lecciones para Fuerzas Políticas Progresistas con Reales Intenciones de Gobernar Después del Kirchnerismo.

-Es dura la política en Argentina. Lo dice todo el tiempo el Escriba, que pasó no hace mucho de verla desde afuera a sufrirla de adentro. Eso nomás. Vos velo. No es fácil. No es para cualquiera.

-Toda fuerza política con reales intenciones de gobernar en Argentina debe, además de ganar las elecciones, representar a un sector político determinado. Su sujeto, ponele. Con ellos llega y con ellos se hunde en el poder. No se puede defender a los sectores carenciados en el discurso, beneficiar más a las capas medias en la práctica económica, y bendecir los negocios de las finanzas concentradas al mismo tiempo. Al menos no todo el tiempo. En algún momento te la tenés que jugar por uno. Y si estás leyendo esto, sabés por cuál.

-Los procesos políticos tienen sus tiempos. En Argentina, un mandato presidencial dura cuatro años. Pero para la Realpolitik es menos que eso. Son dos años hasta que te vuelven a plebiscitar. Ni siquiera: tenés 18 meses, en el peor de los casos. Que en tiempos políticos es una era geológica. Hay medidas que no pueden esperar. Hay reclamos que llevan 200 años. Los más urgentes, claro, tienen que ver con los sectores sociales más postergados. A veces es tarde para acordarse seis años después.

-La mujer del César no sólo debe ser virtuosa, también debe parecerlo. Si tenés 18 meses para gobernar, la gestión no puede ser invisible, por muy buena que sea. Los buenos ministros, las buenas secretarías, los buenos programas, hay que sacarlos a pasear. Subirlos a la comparsa, que los conozca la calle. Presentarselos a la suegra para que diga “qué rico muchacho”. Poné a los pibes, bah. De poco sirve la mejor inversión en infraestructura si no se ve. De nada sirve sacar la tarjeta única de transporte una semana después de las elecciones. Comunicar, comunicar, comunicar.

-En el punto anterior tienen mucho que ver los, ay, medios masivos de comunicación. Todo intento de reformar el sistema que los encuadra debe hacerse lo más cerca de un plebiscito posible, con la mayor cantidad existente de, ay, consenso y apoyo de otras fuerzas políticas. Como, no sé, se me ocurre, después de una elección. No años después, cuando estás enfrentado con los intereses económicos de un multimedio, porque eso te hace perder un poco de credibilidad. Si no lo hacés, tu comunicación va a estar sujeta al juego de ellos, y de ahí en adelante es remar en un flan. Podés pilotearla, pero vas a estar siempre sujeto a sus reglas.

-Varios progresistas llevas dentro de sí ese cromosoma trotskysta que lo lleva a romper, romper y romper una y otra vez con el resto del mundo en busca de la verdad revelada. Pregúntenle sino a Tomás. Señora: el divismo lo deja para los programas de chimentos de la tarde. Usted agarra un rastrojero y sale a levantar a todo aquel que esté peleando por una mejor distribución del ingreso. Primero se suben todos y arrancamos, después se arreglan las diferencias internas y la charla debate sobre la inmortalidad del poroto de soja. Quedan temporalmente suspendidos los análisis de sangre y de orina.

-Hay que aprovechar los contextos internacionales. En especial si a tu región le tocan, durante casi una década, gobiernos de centroizquierda y escasa intervención de la principal potencia mundial. Un ejemplo sería no pelearse con un país limítrofe y de histórica buena relación por una boludez. Digo, se me ocurre.

-Esto también pasará.

El resto de las enseñanzas las ponen ustedes en los comentarios.

Autor de la foto.

Los políticos online y el maní

Homero está sentado en su sillón, dispuesto a comer su maní. Se da cuenta de que tiene en sus manos uno sólo, el último de ellos, que ya no queda ninguno más. Ese maní se cae. Homero se agacha para buscar debajo del sillón y en su búsqueda encuentra 20 dólares.

-“Veinte dólares, yo quería maní”, exclama.
Su cerebro le responde: “veinte dólares compran mucho maní”.
-“Explica cómo”, reclama homero.
-“El dinero se intercambia por productos y servicios”, sostienen sus sesos.

Acto seguido, viene una ráfaga de viento y se lleva volando el billete.

La anterior no sólo es una gran escena de un excelente capítulo de una de las primeras temporadas de Los Simpson (que son las únicas buenas, porque a partir de la décima son casi todas una cagada). Es también un claro ejemplo de una persona que confunde lo que cree necesitar con lo que necesita de verdad. ¿A qué viene todo esto, además de una excusa para hablar de Los Simpson? A la política e internet, por supuesto.

Con todas las innovaciones tecnológicas ocurre que se la considera la solución mágica a todos los problemas, en lugar de una alternativa o una superación de lo existente. No estaba vivo cuando inventaron la televisión, pero imagino que entonces decían que iba a reemplazar a la radio, bajar el analfabetismo, curar el cáncer, cocinar un bife de chorizo sin humo y resolver el dilema del huevo y la gallina. Lo mismo que ahora pasa con internet, supuesta transformadora de todo en todas las áreas.

Me causa mucha gracia cuando dirigentes políticos de primera línea con escasa representación social y nula inserción territorial deciden cubrir esas carencias con internet. Nunca falta el comerciante de buzones que les vende el modelo Obama y les arma una web, un blog, un facebook, un myspace, un canal de youtube, un twitter, un foro y hasta un dominio en YouPorn, para luego disfrutar de su retiro en el Caribe con lo recaudado en los bolsillos.

El pensamiento mágico de estos políticos y la persuación de los webmasters les hace creer que con eso alcanza. Estos expertos 2.0 no explican que el modelo de campaña de Obama se basó en algo que ellos no pueden comprar: miles de militantes en todos los estados que no sólo participaban en esas redes, sino que estaban ahí cuando era necesario hacer el traspaso hacia el terreno de lo real. Mala prensa tienen el barro y la realpolitik hoy en día.

Eso no sería tan grave por sí sólo. Al fin y al cabo, de esos candidatos sin representatividad se encarga el darwinismo electoral. Sus redes sociales suelen ir a parar a ese limbo de la web donde caen, por ejemplo, junto al 95% de los blogs, que no se actualizan. El problema es cuando se cree que internet reemplaza también el sentido común. O cuando se piensa que la red es un jardín vallado y virtual donde nada puede afectarlos.

Entonces te puede pasar como a la reciente diputada nacional electa por la ciudad de buenos aires, Gabriela Michetti, que se metió a ese monstruo llamado Twitter. Que encima es el monstruo de moda, por ende la futura cura contra el analfabetismo, el cáncer, y el dilema del huevo y la gallina. Pero en lugar de dejar a un asesor 2.0 como hace la mayoría, Michetti se puso al frente ella misma. Y publica lo que hace. Y lee lo que otros escriben. Y a veces hasta responde.

No digo que esté mal, de hecho me parece muy loable. El problema surge cuando aparece un boludo como uno y le pregunta por la patota de la UCEP y la designación de Jorge “El Fino” Palacios. Sí, ese policía responsable de la represión porteña en diciembre de 2001 al que deben haber llamado por su inteligencia en lugar de su prontuario, como Grosso durante el interinato de Rodríguez Sáa. Y vos, que te votaron 561.847 personas hace menos de una semana, con unos quince puntos menos que hace dos años, salís a defender a Palacios. Y decís que no tiene ninguna denuncia ni causa abierta. Sí, igualito que el Adolfo en 2001.

Una de las razones por las cuáles Google un día dominará el mundo es que indexa todo lo publicado casi al instante. Una vez que vos escribís algo, queda archivado en un rincón de internet. Es casi irreversible e inevitable. ¿Entienden lo que puede pasar con esto que acaba de escribir dentro de una semana, cuando la decisión política de designar a Palacios sea insostenible? ¿O en unos meses, cuando la UCEP tenga más denuncias por represión?

Si hasta yo, que soy un pelotudo con blog, entiendo que el nombramiento de Palacios es un error político, ¿entenderán ellos que internet otorga más responsabilidad que impunidad? ¿Que es un territorio donde el relato mediático pierde fuerza y ganan espacio las personas? ¿Saben que los defensores de The Pirate Bay tienen representantes en el parlamento europeo? ¿Son conscientes de que un día puede haber un diputado de Taringa? ¿Saben siquiera qué son esas cosas?

Internet, en definitiva, no reemplaza al territorio. Es otro tipo de territorio. Por ahora más complicado y con poca recompensa política. Pero crece, y cambia. Tiene una lógica que puede parecer difícil, pero es simple de entender: Veinte dólares compran mucho maní. Y la red no reemplaza al sentido común.