Faco

El arte de la guerra

“El verdadero Tao es el Tao del que no puede hablarse”, dice el Tao Te King en su capítulo primero.

Aún así, intentaremos decir que el taoísmo sostiene que toda situación está constituída por dos elementos (A y B) a los que les corresponde una solución (C). Pero las soluciones C no son universales, sino que dependen de lo que constituyan los elementos A y B.

Esto implica que una solución que puede ser beneficiosa en un caso, puede resultar intrascendente y hasta perjudicial en el otro.

Este principio, dicen, es fundante del I-Ching y de las artes marciales taoístas. Las artes marciales se basan también en otro fundamento: la sorpresa.

Los golpes deben ser certeros a la primera vez, o fallarán también la segunda. La espada debe permanecer envainada, pues fuera de la funda es más debil y predecible.

Este concepto podría ser de Sun Tzu en el Arte de la guerra, pero mi generación lo aprendió Los Caballeros del Zodíaco. En definitiva, contiene la idea de que la violencia tiene fuerza como recurso en tanto esté censurada, porque cuando la violencia se generaliza, ya no tiene argumentos.

Escribo esto mientras veo a Alfredito De Angeli pasearse como un toro embravecido por las calles del Congreso, en busca de repudiar un proyecto que su organismo de pertenencia (la FAA) ya apoyó. Amenazando, una vez más, con cortar las rutas si no liberan a unos detenidos.

Esperen sentados en la comisaría, muchachos, las hordas de caceroleros enfurecidos. Aguanten y resistan, mártires provisionales, que ya vienen los gauchos, reserva moral de la patria, a bordo de sus tractores para liberarlos y liderar la toma de la bastilla. Ya los oigo venir.

Los cientos de miles de ciudadanos libres, clasemedieros y autoconvocados que se juntaron en el Monumento a los Españoles para enfrentarse al zóologico de peronistas feos y rentados, se fueron a sus casas y no se hablaron más. Lo mismo hicieron los líderes opositores.

Hoy está cada uno en la suya, esperando el milagro para 2009, o tejiendo por otro lado con vistas un poco más allá. La Mesa de Enlace está al borde de ser el cabaret boquense. Y esto De Angeli no lo pudo evitar. No lo tolera. Y parece que tampoco lo entiende.

Por eso patalea y amenaza, porque no le queda otra. No supo construir política, o no quiso hacerlo por ese rechazo de la gente como uno a la política. Sólo le queda agitar la bandera de la guerra. De nada le servirá si ya olvidó que, invirtiendo a Clausewitz, la política es la continuación de la guerra por otros medios.

La quinta pata del movimiento

Al mundo lo hicieron los albañiles y al peronismo lo hicieron los obreros. No por nada uno de los partidos que enarboló la candidatura de Perón era el Laborista. Con el ingreso al sistema de poder real, se incorporaron los políticos. Y con la militancia por los derechos de la mujer y la conquista del voto femenino, las mujeres se hicieron peronistas.

Quedaron así conformadas las tres ramas fundamentales del Movimiento Nacional Justicialista: la sindical, la política y la femenina. En 1957 se crea la Juventud Peronista, pero no es hasta los ‘70, cuando se masifica la militancia, que se crea la cuarta rama, la juventud.

Esta división no era ficcional, ni formal, todo lo contrario, sino que fue dándose según era necesario poner orden dentro del Movimiento y darle a cada actor su lugar de acuerdo a su peso específico.

En la coyuntura actual es necesaria la incorporación de un actor cuyo peso es despreciado y hasta ignorado por la mayoría de la política argentina. Son al menos dos millones de personas, repartidos en todo el país pero, como siempre, concentrados en Capital y Gran Buenos Aires. Aún están dispersos, pero tienen gran capacidad de organización y novedoso manejo de la comunicación, en especial a través de las nuevas tecnologías. Y cada vez son más.

Hablo, por supuesto, de los floggers. No, no es joda. O no del todo, veamos.

Fotolog.com dice que hay unos 2,7 millones de fotologs de Argentina. Descontemos duplicados y cerrados, nos quedan dos millones. Dos millones de pibes. Dos millones de “ciudadanos” (ay), de los cuáles comenzarán a votar algunos en 2009, otros en 2011, y otros recién en 2013. Atenti, nunca es muy temprano.

Los hay entre desde los 8 años, pero la mayoría tiene entre 13 y 17. Van al secundario (o polimodal), privado o público. Eso les deja mucho tiempo libre: pasan unas cinco o seis horas frente a la computadora, subiendo fotos, firmando otros fotologs, y demáses.

Pertenecen a la clase media (algunos) media-alta (la mayoría) y alta (pocos). ¿Cómo, sino, van a tener cámara digital de fotos y computadora personal para ejercer de floggers? Algunos usan la del celular y van a un cyber, sí. En Argentina, la brecha digital no es necesariamente por clase: el cyber democratiza el acceso a la red en lo más profundo del conurbano.

Son hijos del menemismo. La mayoría no conoce a Alfonsín. Maduraron (o no) durante el kirchnerismo. Los 90 fueron la infancia feliz de Disney y el 1 a 1. Atenti, acá el problema mayor: difícil movilizar a un grupo para quienes el menemismo fue la edad de oro, un recuerdo borroso y feliz. Hay que trabajar.

¿Vale la pena? ¿Por qué? Por lo dicho: son dos millones, son jóvenes. Pronto saldrán del útero escolar y se tendrán que enfrentar al mundo laboral, mucho mejor que el de hace 5 años pero aún muy mejorable. Muchos asistirán a universidades privadas, es cierto, pero quienes vayan a la UBA se toparán de frente con que, caramba, también hay un país.

Como dijo Escriba, Cumbio tiene 25 millones de visitas y es un hecho político. Junta gente en sus reuniones. ¿Fueron ustedes a las escalinatas de Agüero en el Abasto un fin de semana? Eso es poder de convocatoria sin parábolas.

Son pendejos, me dirán. Se les va a pasar. Ahora lo único que les interesa es ir a bailar, y cuando crezcan sólo les interesará cuidar su quintita. Son de una clase que nunca apoyará un proyecto popular. Nunca harán nada productivo.

Todas son réplicas válidas, es cierto, pero no lo suficiente como para no intentar. Si los blogs son una herramienta de acción política, ¿por qué no los fotologs? Es casi la misma plataforma en distinto

Hay gente, hay soporte, hay tecnología. Falta sacar el bastón de mariscal de la mochila y conducir, organizar. Mover, agitar. Algo se tiene que poder hacer. No perdamos el tren.

(Publicado también en La Ruta Láctea)

¿Kissinger Reloaded?

“El matrimonio Kirchner no es amigo de los EEUU, la Argentina sí”.

Otto Reich, ex subsecretario de Asuntos Latinoamericanos de EEUU y actual asesor de McCain.

Tiene razón Manolo, pateamos un hormiguero. Pero de hormigas rojas y carnívoras. Atenti a la contraofensiva.

Visto acá.

Rico el helado, pero no mide

Leo este comentario acá

Anoche vi a Emilio Perssico asegurando categoricamente que el estado va a pagar mas a todos los jubilados y creía que la empanada que cené tenía algún alucinógeno.

Todo bien con Pérssico, el Evita y el MLS (que no es la Major League Soccer, atenti). Pero si estamos tratando de comunicar a un sector cuya mayor preocupación es aferrarse a la mosca, vamos fritos.

Sí, ustedes me van a decir que no es a ellos a quienes hay que hablarles, que no hay formas de convencerlos, que si es por la papota y no por ideología no hay discusión que valga. Y ya la veo venir a Eva reivindicando la barbarie justicialista frente al gorilismo. Bárbaro, también los banco a muerte.

Pero hasta que no salga nadie a decir que con esta medida va a haber aumentos jubilatorios antes de fin de año y que por el burako fiscal que existía (¿existe?) con las AFJP, mi abuela llegó a cobrar 145 pesos, vamos mal.

Dale con el Caniche’s Style, con estudiantes de cuarto año de comunicación, con lo que sea, pero a comunicar. ¿Cómo era lo de las colectoras, Escriba?

Post-Scriptum: El samurai destaca un punto en el que hay que machacar mucho: el lobby que van a hacer las empresas (AFJP, bancos y siguen las firmas) para que esto no salga. En el Congreso van a correr tantas valijas que Antonini va a quedar como un pichón de Samsonite.

Leña del árbol caído

Vamos a decirlo: somos unos jodidos. Mala gente, la blogósfera nacional y popular. Está bien, fueron años y años de doctrinas dominantes, del fin de la historia, de neoliberalismo salvaje. Entonces es lógico que cuando el sistema empieza a mostrar quebraduras estemos todos saltando en una pata. Pero ésta última semana nos fuimos un poco de mambo.

Primero fue con el salvataje de Fannie Mae y Freddie Mac. Como los cínicos que somos, salimos a espetarle al imperio “¡Estatistas, estatistas! ¿No era que el mercado se autoregulaba? ¿No era que ramal que para, ramal que cierra?”.

La cosa no terminó ahí: cuando el Estado compró AIG  nos fuimos todos en seco y salimos al obelisco a gritar “Aerolíneas Corazón”, “IAPI not dead” y cantando las estrofas de “Que vuelva Keynes, que vuelva ia”.

Insisto que es lógico, que está bien un poco de jarana tras tantos años de amargura, pero recatemonos un poco muchachos. Hoy me despierto y leo que el Gobierno de EEUU andará rasqueteando entre los almohadones del sillón para juntar 700 mil millones de chirolas verdes.

No contentos con eso, me entero que Walker Texas Bush II se hizo alumno de Duhalde (manual bonaerense bajo el brazo) y prometió que “el que puso dólares, recibirá dólares”.

¿Y qué hicimos nosotros? En lugar de tomar el ejemplo de solidaridad y apoyo del intrépido cazador de escualos de gran porte, nos cagamos de risa y nos burlamos de Bush. Así no va. Así no se construye la Patria Grande (¿Latino?)Americana.

¿Cómo es eso? Y claro, muchachos, si ahora ellos también son tercer mundo. Sugiero entonces dejar nuestras viejas inquinas y rencores detrás, dejar de hacer leña del árbol caído, y trabajar todos juntos para ayudar a nuestros hermanos americanos del norte.

Ya que Bush toma enseñanzas y frases del compañero Eduardo Duhalde, lo mejor sería dejarle otras enseñanzas de nuestros compatriotas que pueden serle de utilidad:

“We have to go through the winter” - Álvaro Charles

“Making the State smaller is making the patria bigger” - Joe Alfred

“I spoke to them from the heart and they answered me with their pockets” - Pugliese, Pugliese, Pugliese

“Today we can thank god: the house is in order and there is no blood in Wall Street. ¡Happy Thanksgiving!” - Richard

“Let go of grandma’s jewelry, George” - Bernie the Dinosaur

“Investment bank that stops, investment bank that closes, ea pepé” - Sunday Philip Horse

“We have to stop stealing for two years, we have” - Lewis New Neighbourhood

“For the poor kids, that are hungry. For the rich kids, that are depressed (emo)” - Charlie Brown I

“We are doomed to success” - Edward the great

Si se les ocurre alguna otra, por favor no duden en colaborar con la causa.

Y recuerden:
God bless your country

Una pequeña fábula

Cuenta la leyenda que allá lejos y hace tiempo había un planeta que vivió una era dorada, en la cual se podía comerciar, ganar mucha plata, establecer algún que otro monopolio. Pero “la gente” en la mayoría de los países vivía más o menos bien, como nunca habían vivido en toda la historia, tenían más trabajo que nunca y en algunos casos hasta tenían educación, salud y seguridad social.

Parece que a algunos no les alcanzaba con ganar mucha mucha plata, sino que querían ganar mucha mucha mucha plata. Esto no era nuevo, y tampoco iba a ser la última vez que pasaba.

Parece que había también unos señores que estudiaban el tema de la economía y querían ayudar a los señores del párrafo de arriba a ganar toda la plata que quisieran.

Estos estudiosos de economía creían que ya estaba bien, que la época dorada era muy sólida, que la gente ya se sabía cuidar sola y no necesitaba que el Estado hiciera nada más por ellos. Cuidar que los negocios funcionen y la seguridad de la gente, no mucho más. Del resto se iba a encargar papá, el Mercado.

Parece que además de todo esto había unos jóvenes que también estaban estudiando economía, y la estaban aprendiendo de estos señores.

Estos jóvenes acaso tuvieran amigos hippies, y pensaban que si ellos podían creer en el amor libre, por ¿qué no creer en la libertad de los mercados?

No entendían mucho el amor que sus padres tenían por el Estado, esa burbuja gris y burocrática que no los dejaba ser libres.

Entonces se terminó la era dorada. Vino Papá Mercado, mandó al Estado a freir churros y se dedicó a juntarla en pala. Hubo crisis, sí: la del petróleo en 1973, la de 1979-1982, la de la caída del comunismo y siguen las firmas. Pero la historia se había acabado y ellos habían ganado. Eran contingencias, desviaciones de Papá Mercado, y Papá Mercado las corregía solito.

No importaba mucho, porque Papá Mercado siempre encontraba una forma de arreglarse y ellos, todos, estaban haciendo mucha mucha mucha plata. Poco importaba también que mucha gente no la estuviera pasando tan bien: era otra contingencia que el Mercado arreglaría cuando ellos se cansaran de juntarla en pala y la mucha mucha mucha plata que ganaban comenzara a derramar sobre los menos afortunados. Que, dicho sea de paso, mucho no lo merecían, porque eran parásitos que habían vivido siempre del Estado, de la dádiva externa, no querían trabajar, no sabían adaptarse.

Los jóvenes estudiantes se convirtieron en gurúes que ganaron y ayudaron a ganar mucha mucha mucha plata, pregonando las bondades de la nueva era platinada. Cuando alguien (una persona, una empresa, un país), sufría una crisis, se iba al tacho, era por esos mismos desarreglos, por trabajar mal o no querer trabajar.

Salían ellos entonces por TV a decir lo bueno que era el sistema, lo malo que era aquel que entraba en crisis, y tirando los mejores consejos para que ud, señora, país con dificultades, pudiera mejorar.

Hasta que, cuenta la leyenda, un buen día la era platinada se fue un poco bien al tacho. Papá Mercado, tan autosuficiente él, no supo regular las desviaciones que había prometido controlar. Se le fueron de las manos, se le quemaron los papeles, todo por su culpa. Y tuvo que salir corriendo a pedirle a Estado que de onda, sin rencores, le diera una manito.

Para ese entonces, los jóvenes estudiantes ya no eran tan jóvenes y sus estudios tampoco eran tan útiles. Pero seguían siendo emprendedores, optimistas del gol, creyentes en el modelo, descarados.

Desfilaron pues por TV como siempre lo hicieron, para explicar lo inexplicable, defender lo indefendible. El modelo está lo más bien, decían. Papá Mercado se las va a arreglar solito como siempre lo hizo, con una pequeña ayuda de mi amigo el Estado. Acá no pasó nada y todo va a volver a la normalidad.

Podían hacerlo, porque habían ganado la guerra. Habian ganado la batalla económica primero, luego la política, y al final la cultural. No quedaba ningún economista que los refutara. Nadie había escuchado, en esos años, a quien saliera a defender al Estado. Los canales de TV eran amigos de los (no tan) jóvenes estudiantes, cuando no propiedad de ellos. Así que si alguien tenía que explicarselo a la gente, iban a ser ellos, los mismos culpables.

La leyenda no cuenta más nada. Al final de la fábula, sólo hay un pie de página que invita a volver al principio de la historia. Cree el traductor que puede llegar a volver una era dorada como la primera, donde la Economía se regule y mejore con inversion estatal.

No lo cuenta la leyenda, pero pasarán unos años de eso y apareceran otros jóvenes estudiantes, con otros viejos gurúes, que querrán volver al reinado de Papá Mercado. De eso depende recordar esta historia.

Los carriles de las rutas argentinas

General Paz y Libertador

La aprobación del proyecto oficialista en la Cámara de Diputados deja mucha, demasiada tela para cortar, aún si se lo considera comienzo del fin del “conflicto con el campo” o sólo comienzo de otra etapa del mismo.

Demasiada tela para este redactor, que pasó un fin de semana de surmenage en Córdoba Capital a fin de no volverse tan loco con el tema; cuando se enteró de la noticia temió que los Salieris de De Angeli interrumpieran su retorno en algún punto. Consciente de sus limitaciones como costurero, se limitará sólo a unas pocas gotas de este océano de información e interpretaciones.

Hablaré de algo que considero inútil, de movida, pero que acaso sirva discutir en este punto: ideología. Comenzaré, como comienza todo, por citar a Perón. Cuenta Jorge Taiana que Vicente Solano Lima le dijo al Pocho que era, en el fondo, un conservador

Un día le dijo: “Usted es un conservador, un hombre que está con nosotros”. “Claro”-respondió Perón-, en el fondo hay que conservar las grandes cosas, porque el cambio de estructuras es lo último que hay que hacer”.

Esteban Peicovich, El Ocaso de Perón, Marea Editoria, Buenos Aires, 2007.

Una definición ideológica precisa del actual gobierno es algo complejo que no lograremos, es probable, aquí. Pero podemos acercarnos y esbozar. Partamos del Escriba:

El kirchnerismo es la forma concreta que tomó en la Argentina la ola latinoamericana de gobiernos que actúan en base a la heterodoxia y que no cumplen de manera automática los dictados de Washington ni los de los otrora poderosos oragnismos internacionales de crédito. (…) Es además la consolidación de la forma que encontraron los dirigentes políticos profesionales argentinos -administradores del período democrático iniciado en 1983- de darle una determinada estabilidad institucional al país luego la caída del gobierno de Fernando de la Rúa en 2001. (…) El kirchnerismo es el progresismo-realmente-existente.

Pero luego lo tenemos a Hal que dice que el Gobierno es más bien la versión más lucida del conservadurismo. “Sí, también es eso”, respondería automáticamente Escriba. ¿Puede ser ambas?

Creo que necesita serlo. Si el kirchnerismo parte, surge o forma parte del peronismo, aceptaremos que es en esencia pragmático. En esta etapa, el peronismo gobernante se enmarca pues en un populismo, estatista y de centroizquierda (relativice lo anterior a gusto) que se da en toda latinoamérica, mientras que en Argentina es un conservadurismo lúcido que elige representar al progresismo existente. Puede que sea así porque acaso el conservadurismo sea lo más progresista que permitamos que nos gobierne, en tanto el “populismo-estatista-de-centroizquierda” sea lo más progresista que pueda gobernar latinoamérica.

Al comienzo del conflicto, Escriba pronosticaba que el gobierno se tiraría hacia la derecha para ubicarse más al centro con la integración del PJ. Entonces pregunté “Si hacen eso, ¿dejarán un márgen a la izquierda de sí mismos desde donde se los pueda empujar, o mejor dicho, tironear hacia el otro lado?”

Leamos ahora, si aún no lo hicimos, el diario de ayer, en especial aquí, aquí y aquí. Preguntemos: ¿Qué pasó con el peronismo, la fuerza fundamental en la que el gobierno esperaba apoyarse para aprobar su proyecto? Cedieron ante las presiones de sus bases, temieron no poder volver a sus provincias, juzgaron que las compensaciones eran insuficientes, y votaron en contra.

¿Qué hizo el kirchnerismo para resolverlo? Se apoyó en el SI y en otros progresistas para negociar con la Federación Agraria, cedió beneficios a pequeños y medianos productores, y así logró los votos necesarios.

No sólo eso, sino que terminó con un proyecto de ley mucho más progresivo que el original, a pesar de lo que griten De Angeli, las cuatro entidades, la oposición y la mar en coche. Y si todo sale bien, será, además, una norma aprobada por el Congreso. ¿Qué más querés? Ponele la firma de la Corte Suprema, Benedicto XVI y echá los fideos que estamos todos.

“El campo, en su ofensiva, provoca un giro a la izquierda en la política oficial, contra la voluntad del propio oficialismo y de buena parte de los agentes que confluyen en el sujeto nuevo y agrario”, había anticipado Hal. Es que los actores antes mencionados debieron estar en esa posición desde un principio; responsabilidad del Gobierno que demoró en articularlo así.

¿Qué aprendimos de todo esto?

1) El kirchnerismo sería suicida si pretende seguir basando su gobernabilidad en cerrarse sobre el PJ. Acaso deba cerrar el frente, reconquistarlo, expulsar rebeldes, realinear la tropa. Pero esa es tarea de Néstor, no de la Presidente. Que aprenda con qué sectores puede negociar (en criollo, ceder algo para ganar algo). Si son los sectores adecuados, como en esta votación, saldrá favorecido, como en esta votación.

2) Debe, además, ampliar su espectro de “apoyo popular” para sobrevivir. Lo dicho, ampliar la participación para tener un contrapeso con capacidad de movilización. Eso requiere algo que ya pedimos todos: mayor redistribución, mayor inclusión.

3) Si quiere, también, reconquistar a los sectores medios, deberá resolver la inflación y otros problemas macroeconómicos, por un lado. Por el otro, y esto es importante para cualquier objetivo, mejorar la “pésima” comunicación. Es otro tipo de batalla, pero una de las más necesarias. Decir lo que se hizo mal es fácil. La nueva tarea es plantear cómo mejorar.

4) Último, y el quid de esta cuestión. Algún chistoso bromeará sobre los logros de la derecha en “profundizar las contradicciones”, con bastante razón. Al kirchnerismo ¿hay que empujarlo por derecha o tironearlo por izquierda? Ninguna de las dos: el conflicto enseña que para lograr algo se necesita coacción bien entendida: capacidad de consensuar una demanda, de movilización en pos de esa demanda, de lograr atención mediática sobre esa movilización y esa demanda, de forzar respuestas institucionales. Política, bah.

En eso venía pensando este redactor el domingo, mientras atravesaba la ruta 9. Y en lo bien que vendría un plan extraordinario para ensanchar todas las rutas nacionales a tres carriles. No sólo para mejorar la circulación, evitar accidentes de tránsito, generar trabajo, fortalecer la economía. Sino, más que nada, porque en una ruta de tres carriles, el izquierdo no es de contramano, sino el rápido. Y es también -en algunos países como Estados Unidos- el carril del “pool”, el comunitario, para autos que llevan varios pasajeros.

El redactor reconoce que todo texto posee marcas subjetivas del emisor. Y que una de ellas son sus esperanzas y deseos. Por eso no puede negar que desea, espera, ruega que el carril a transitar para movilizar todo esto sea ese, el izquierdo.

Actualización: Leo a Aliverti y veo que palabras más o menos, dice algo parecido, y por supuesto mejor. Y bueno, no pude ponerme aún del todo al día. Está bien que todo está ya dicho y sólo reescribo para pensar, pro tampoco la pavada… Mis disculpas.

Los fusiles ¿están bien guardados?

La AAA de los KK

“Los gobiernos democráticos sacaron a los militares de la escena política y eso estuvo bien. Si todavía fueran actores políticos no habría habido tres meses de protestas y bloqueos en las rutas. (…) Antes cuando había una crisis los tanques salían a las calles. Hoy ya tenemos más de cien días de conflicto y nada.”

Las frases pertenecen a Robert Potash, un historiador entrevistado hoy por Página/12, y son muy interesantes en el marco del conflicto agrario, cuando se habla tanto de “golpismo”. Ya que de historia hablamos, repasemos un poco la nuestra.

Los militares fueron el instrumento del que se valieron la oligarquía primero y luego los intereses económicos en general para imponer sus intereses sobre la voluntad popular en el período que va desde la conformación del estado nacional (1853) hasta el último retorno a la democracia (1983). El resto de latinoamérica (y en cierta medida, del tercer mundo) vivió procesos similares a lo largo del siglo XX.

En 1916, Argentina pasó por una transición particular: el populismo (en ese caso encarnado en el radicalismo) accedió a la democracia y a elecciones limpias. La oligarquía (y los intereses económicos mencionados), que habían cedido -obligados por los movimientos radicales, socialistas y anarquistas- se dieron cuenta de que no tenían una representación que pudiera contrapesar a las masas. En criollo, al haber gobernado 50 años en favor de los intereses de su clase, con poca gente, las clases medias y bajas, necesarias para ganar las elecciones, no apoyaron su proyecto político.

Al no poder imponer su voluntad por el voto, por vía democrática, esos intereses acudieron a los militares para que les devuelvan por la fuerza el poder que habían cedido por obligación. Todo el período 1930 - 1983 se explica en el marco de esa tensión: el populismo que reclamaba satisfacer los derechos de las mayorías y los intereses económicos que se apoyaban en los militares para desplazarlos, recuperar poder y rentabilidad.

Esa lógica se quebró durante el gobierno de Raúl Alfonsín: por un lado se intentó enjuiciar a los militares, mientras que por el otro se mantuvo la defensa de los intereses económicos que estos habían salido a defender (reconocimiento de la deuda externa, por ejemplo).

Con el correr del tiempo, los militares pactaron: no intervendrían más en política (total, si la democracia se encargaba de defender los intereses económicos aún mejor que ellos) a cambio de que no se continúe con los juicios. Carlos Saúl Menem cristalizó el pacto con los indultos y su política (ejecutada a través del Jefe del Ejército, Martín Balza) de “guardar” a los soldados (ayudada también por el desmantelamiento y privatización del Estado).

Las fuerzas armadas dejaron de ser un factor de poder y un actor político de peso. Aún a pesar de ciertas políticas equivocadas como la de Ricardo López Murphy, que intentó reflotarlos cuando fue ministro de Defensa de De La Rúa. No lo logró: durante la crisis de diciembre de 2001, hubo contactos con el Gobierno para una posible represión militar, que ellos mismos descartaron: no querían afrontar ni el rechazo de la gente por los tanques en la calle, más para defender una gestión indefendible, ni la posibilidad de hacerse responsables de alguna de las muertes por la represión de esos días.

Cuando asumió, Kirchner olfateó que no seguirían inmóviles por mucho tiempo. Acaso estaba al tanto de que algunos militares habían intentado promover un golpe contra su antecesor, Duhalde. Acaso sabía que no aceptarían la política de Derechos Humanos que quería imponer.

“Hoy las Fuerzas Armadas sólo existen en el papel, perdieron gran parte de su capacidad operativa. Sospecho que el gobierno de Néstor Kirchner pensó que si los militares no eran operativos, no podrían organizar un nuevo golpe de Estado y entonces el país estaría seguro. Descabezó a la cúpula, les quitó presupuesto y puso gente que conoció en Santa Cruz al mando.”, explica mejor Potash.

Cuando hablamos de golpismo, se nos tílda de exagerados, pero lo cierto es que la situación es la misma de siempre: un sector e intereses económicos que no apoya las políticas populistas de un Gobierno e intenta imponer por la fuerza lo que no pudo obtener con votos.

Hay diferencias, por supuesto: mientras unos intereses pierden, otros ganan. No me refiero al sector popular precisamente , sino a ciertas corporaciones, como bien explican quienes creen que este Gobierno es un “conservadurismo inteligente”. Además, en el medio están los llamados “pequeños y medianos productores”, que dificultan la polarización (gracias a ellos es más difícil construir un “acá el pueblo, allá los otros”). Pero la principal diferencia es que los militares no son ya un actor político de peso como para intervenir en el conflicto.

Puede que esto no sea así por siempre. Ahí está Carrió, que promete “dejar de humillar” a las Fuerzas Armadas. Ahí está Macri, que propone “dejar de lado la estupidez ideológica y pedir colaboración a las fuerzas militares para resolver la coyuntura” de la inseguridad, o que reprueba el retiro de las placas de los militares que gobernaron la ciudad. La oposición no sólo tiene afinidad ideológica con ellos: saben que en algún momento pueden volver a necesitarlos para reemplazar su falta de apoyo popular.

No exagera la presidente cuando habla de golpismo, de defender la democracia y los derechos humanos. Más convencido estoy desde que vi ese afiche nefasto de “La AAA de los K”, que propone como “patoteros” a Hebe de Bonafini y a Estela de Carlotto (!), que graciosamente ilustra este post.

Esto ya no es por defender la capacidad del Estado de intervenir en la economía, como dice Escriba. Ese es otro conflicto distinto. El kirchnerismo no es la única fuerza que reivindica los Derechos Humanos; incluso, su política puede ser criticable. Pero es el único progresismo existente que los reivindica y a la vez tiene capacidad real de gobernar. Si miramos la vereda de enfrente y la alternativa que propone la derecha, creo que salta a la vista: ante la disyuntiva, sé a quién apoyar.

Hablemos claro

Volver a hablar de política en casi todos los ámbitos es una de las pocas cosas buenas que nos deja el “conflicto del campo”, si es que hay otras. Mejor aún, nos puso a discutir sobre política no sólo en términos superficiales (aunque demasiado nos quedamos a veces en chicanas), sino también de la esencia del asunto, el reparto de la torta.

Hablamos de política quienes la ejercen y quienes sólo nos dedicamos a debatir (pasemos por alto que todo hecho es político). Las palabras, el lenguaje, el signo son centrales para los primeros y los segundos. Mientras pienso en esto, leo a Rodrigo Fresán en la Contratapa de Página/12

(…) se acabó eso de hablar con eufemismos falsamente tranquilizadores del tipo “esto no es una crisis, sino una contracción inevitable de ciertos parámetros económicos como consecuencia de las fluctuaciones en los índices internacionales y del aumento del precio del barril de crudo, afectando puntualmente ciertas industrias y grupos de poder que influyen directamente en los presupuestos y el poder adquisitivo del ciudadano medio”, y todo eso.

Imagino los millones de diálogos que pueden ocurrir en cualquier familia de cualquier país que termina de ver un mensaje parecido por televisión. El que más me cierra es este.

-¿Qué dijo el presidente?
-Que no hay crisis.
-¿Y qué hay?
-Ni puta idea.

En este caso imaginario, si no se puede entender la idea que reemplaza a “crisis”, lo que queda grabado es “no-crisis”, y en definitiva el único concepto que quedará es el original.

No es que sea antiintelectual o simplista. Creo, sí, que para que todos entiendan algo tiene que ser simple, que es la forma más difícil de expresarse.

“No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicarselo a tu abuela”, decía Albert Einstein. De poco sirve entender ideas complejas si no se pueden transmitir en ideas simples. Ese es el desafío.

¿Por qué es importante esto? Porque “en el signo late la lucha de clases“. Si en este conflicto, y en política en general, apoyamos a los más necesitados (o a las políticas que los beneficiarán), tenemos que considerar que esos sectores fueron los más afectados por las crisis económicas y por el vaciamiento educativo. Porque de nada sirve apoyar a un sector si el mismo no entiende la causa.

“El campo” (sí, en esto los metemos en la misma bolsa) tuvo la suerte de encontrar un vocero como Alfredo De Angeli, que basa la mayor parte de su liderazgo carismático en su simpleza al hablar. La presidente es una gran oradora, habla sin leer y todo eso, pero pierde por goleada contra las palabras claras del ruralista. Por eso midió tanto Néstor Kirchner, mucho menos complejo, cuando dio la conferencia de prensa.

Alejandro Seselovsky lo pone de otra forma en una columna de Crítica: “a Horacio González le hubiera llevado doscientas cincuenta subordinadas explicar las tensiones de clase que Luis D’Elía puso en seis palabras: odio a los blancos del centro. No se puede ser más exacto, más drástico. Lo que tiene de bueno D’Elía es que no te sofoca con tener que interpretarlo. El tipo dice que va a defender este Gobierno a los tiros y que odia a los blancos del centro: pum, te la puso, nada que explicar.”

Debemos aceptar que De Angeli, como D’Elía (acaso puntos iguales opuestos por el diámetro) ganan la batalla dialéctica por simples. Si creemos que están equivocados, vemos la importancia de esta pelea. No podemos dejar que nos gane la palabra alguién que no tiene razón pero habla mejor.

Si la pelea es en el signo, debemos luchar la palabra. No es fácil: hace falta entender el doble para poder desovillar, saber resumir para explicar, saber transmitir, y a su vez saber ovillar para ver los errores complejos escondidos tras el lenguaje simple de otro. Borrar adverbios que terminen en mente, gerundiar menos, distribuir mejor en párrafos (una idea por oración, en lugar de las doscientas cincuenta subordinadas), releer-reescribir-releer (en el caso de lo escrito) no forman un manual de estilo pero son buena forma de empezar.

Alguna vez dije en twitter que el día que los troskistas aprendan a resumir ideas en 140 caracteres, llega el socialismo en cinco años. Más allá de la humorada, la idea es válida. Si luchamos con la palabra, que el presente sea simple. El futuro será nuestro.

La conciencia de clase, ¿con qué se come?

Está todo dicho, hoy, domingo día del padre en el que el Gobierno y “el campo” nos regalaron un día de descanso para digerir lo ocurrido en la semana (y en especial ayer) con la misma parsimonia que los ravioles con tuco, quienes aún podemos comerlos. El tablero se detuvo justo en tablas, cuando la pregunta de la hora y del fin de semana largo es “¿Cómo se sale de esto?”

“Ni puta idea”, comenzaré por aclarar. Digo esto porque estoy convencido de un par de cosas. La primera y principal es que el Gobierno puede -acaso debe- negociar. Pero eso no quiere decir que pueda ceder. Lo que está en juego aquí es el derecho del estado a intervenir en la economía. Si no queremos terminar en la colonia agroganadera que describió Diego F (y que no está muy lejos de nuestra realidad inmediata), no podemos darnos el lujo de perder ese derecho.

Las entidades agropecuarias y la derecha vienen “por todo”, de eso también estoy convencido. Hace rato que dejó de ser un reclamo impositivo, y que ayer haya sido “el 17 de octubre de De Angeli” (¿no será mucho, che?). Quieren poder, el que no pudieron ganar por construcción política, ni en las elecciones. Se puede ganar poder cuando otro lo pierde por desocupar espacios. Pero cuando el poder no se disfraza de otra cosa, es el botón central en la mesa, perderlo es demasiado caro.

No me gusta polarizar, me hubiera fascinado (?) una salida dialogada y consensuada al conflicto. Pero no hay negociación posible cuando ambas partes se niegan a ceder (menos si una de ellas no debe ni puede hacerlo). “En política no alcanza con herir, hay que salir a matar, porque el que queda en una pierna puede hacer muchísimo daño”, decía el Pocho. Y de paso aclaro que hablo de lucha en términos de política. Repudio la violencia y creo que en este escenario beneficiaría a los sectores equivocados.

Planteado esto, vuelvo a preguntar “¿qué hacer?” y vuelvo a responderme que “ni puta idea”. Si supiera. En esto venía pensando cuando, al leer crónicas sobre los cacerolazos en miniatura de ayer, pensé que mucha gente no apoyaba al Gobierno y debería hacerlo, al menos en este conflicto. Que tenían el interés de clase (?) equivocado y que, gracias a la falta de militancia, no había nadie que se los explique.

Después recapacité un poco y pensé que caí en el mismo error que el Partido Comunista durante los ‘60, cuando iban a las villas de emergencia a hablar de conciencia de clase y materialismo dialéctico, a gente que sólo tenía hambre, necesidad de arreglar una canilla, y esperanzas de que volviera Perón, que con él estaban mejor. No es por vago, ni por pancista, pero yo no tengo que explicar nada, ni convencer a nadie. Un Gobierno con verdaderas medidas redistributivas se defiende solo, como se ha dicho también por aquí.

Ayer los Fernández se quejaban por la falta de militancia, al mismo tiempo que yo me quejaba por la falta de espacios para militar. ¿Es tan difícil hacer 2 + 2 y darse cuenta de que si quieren ganar no tienen que cerrarse cada vez más en el PJ, en el riñón y el hígado kirchnerista? ¿Que hace falta abrir el juego? ¿Que entre sus deseos y los míos hacen falta un par de medidas?

Ya se habrán cansado de reclamarlo, del Escriba pidiendo que pongan a los pibes, pero lo vamos a seguir haciendo. Porque para que esto pase, también hace falta que dejemos de asociar “política” a “corrupción”, “robar”, “puto, feo, malo” (?). Y que empecemos a relacionarlo a “las leyes que regulan el lugar donde vivo” y más importante aún, “el reparto de la plata que aporto y de la que me vuelve”.

Si a mi abuela le aumentan la jubilación a media canasta básica, no le tengo que explicar por qué el Gobierno pelea por cobrar lo que cobre. Si sacan la ley de boleto estudiantil y subsidian fotocopias, va a ser más fácil pelear los centros de estudiantes. Si sacan una ley de regulación call centers, con salarios mínimos y condiciones de trabajo, no van a tener que preguntar dónde está la juventud, porque despacio y de a poco, parte de la juventud va a estar. Si instauran seguros de desempleo con asignaciones por hijo, se van a cagar de risa de los 300.000 “autoconvocados” de Rosario. Ni van a tener que llamarlos, van a ganar los territorios ellos solos.

Esto no resuelve el conflicto el martes. De hecho, esto toma un tiempo, esos que en política son tiranos. Pero debería estar en la lista de prioridades si el Gobierno quiere ganar las elecciones legislativas de 2009 y las presidenciales de 2011. Porque entonces el Partido Agrario Nacional va a ser otra cosa. La Coalición Cívica Democrática PRO también. Cuando haya que poner a los pibes, no van a poder llorar sobre la leche derramada.

Post de la bronca

Jóven argentino: si tienes entre 18 y 20 años, tienes 19. Yo tengo 21, estoy fuera del viejo chiste, pero nadie podría negar que pertenezco a la juventú’, y mi DNI acredita mi argentinidad sin palos. Huelga decir, pues, que no milité en los ‘70, ni en los ‘60, ni viví la resistencia peronista, y tampoco iba a los conclaves de Alem en la primera Unión Cívica (?).

Cuando tenía un añito, mi viejo me llevaba a upa a la plaza de Alfonsín. Creíamos en él, como creíamos y seguimos creyendo en la democracia. Sí, al año de vida ya creía, después les explico. Antes de proseguir voy a aclarar que lo más probable es que cuando termine de escribir esto siga acá, en mi casa suburbana y pequeñoburguesa [a la mierda (?)]. Ni siquiera voy a salir “de joda”, porque mañana laburo. Nada, desmovilización total.

Hoy lo discutía con alguien: si hubiera tenido esta edad 35 años atrás, o antes inclusive, habría podido hacer algo. Digo, uno podía dejar el diario de lado, apagar la radio o la TV y decir “voy a hacer algo”. No me voy a explayar sobre militancia, pero se entiende. Mi pregunta es, ¿dónde está el colectivo hoy? Si yo quiero apoyar al gobierno y a sus medidas, o ni siquiera, salir a defender algunas ideas, ¿a dónde carajo voy? No estudio en ninguna facultad, no conozco nada por mi barrio, por lo cual reconozco que es todo responsabilidad mía. Bien, ahora, ¿qué hacer?

La mayor victoria de la dictadura es esa. La desmovilización. La pérdida de estructuras. La imposición del miedo de salir a la calle, cuya muerte se decretó el 20 de diciembre de 2001, según un editorial de Página/12, pero es claro que todo lo anterior es un poco zombie, como el hombre que volvió de la muerte. Y a la vez es producto de esa misma crisis de la política ocurrida hace casi 7 años. El miedo a la política instaurado por la dictadura fue derribado directamente por el franco y abierto rechazo de la misma política con el cacerolazo. Estamos en el horno.

Sé que no digo nada nuevo con este post incoherente y en caliente. Es nada más que una forma de rodear la bronca que me genera la impotencia de querer “hacer algo” y no tener nada para hacer. Ni propuesta, ni ideas, ni expresión de deseo, nada tengo para ofrecer más que eso. Sólo bronca. Y lo único que me viene a la mente para cerrar es el buen Blake, que decía “quien desea y no obra, engendra peste”. Buenas noches.

Y vos, de qué lado (del mapa) estás?

Todavía no había callado el teflón de algunas cacerolas el sábado 12 de abril mientras Jorge Fontevecchia se frotaba las manos al ver que Clarín comenzaba un breve enfrentamiento con el Gobierno.

En un editorial titulado “¿Por qué tan pronto?”, anticipaba que si El Grupo se peleaba con Cristina era porque su “termómetro social” (o “retroalimentador de esos estados de ánimo”, como dice) había percibido o determinado que el Kirchnerismo perdería las elecciones legislativas de 2009 y luego las presidenciales de 2011. Albricias, albricias, ea ea pepé.

No contento con comenzar a descorchar por anticipado (lo dicho, los analistas políticos son gente muy rara), Fontevecchia afirma que la línea editorial de Clarín “podría resumirse en la búsqueda por alcanzar siempre la mayor cantidad de audiencia”. Y remata: “Se podría decir de Clarín lo mismo que se dice del peronismo: su ideología es el éxito”.

Casi nunca estoy de acuerdo con él, pero le reconozco un mérito muy valioso en este editorial. Fontevecchia plantea que hay cuatro grandes tipos de medios periodísticos: “el técnico o puro (puro no implica que quienes lo hacen sean puros, como no son puros quienes fabrican alcohol puro), que es siempre crítico como el periodismo del watchdog norteamericano; el ideológico que, consecuente con su sistema de creencias, aplaude o critica a quienes se acercan o rechazan sus ideas y que a lo largo de los años puede ser oficialista con un gobierno y crítico con otro, manteniendo su coherencia; el “utilitarista”, cuya versión suave aplaude a quien le paga o le hace favores y en su versión dura critica a quienes todavía no le pagaron o a quienes se oponen a quien le pagó; y el marketinero, que busca satisfacer a la mayor cantidad de consumidores”.

Paren las rotativas, nadie se mueva, creo que se me cayó una idea. Fontevecchia dice que Clarín es del grupo “marketinero” y en eso justifica su tésis. Perfecto. ¿Qué podemos decir del resto de los medios periodísticos de nuestro país?

Empecemos por casa: Perfil es, o aspira a ser un “técnico o puro”, como anticipaba en su slogan de lanzamiento, “Periodismo puro”. Lo logre o no, la editorial intenta serlo por el camino más fácil, que es ser siempre opositor, aún con obstinación (lean lo que dice Feinmann sobre esta última palabrita en el primer fascículo de “Peronismo. Filosofía política de una obstinación argentina“)

Luego tenemos a Infobae, y el grupo Hadad en general, un ejemplo tan claro de “utilitarismo salvaje” que ni hace falta abundar. En otro eje distinto, y en las puntas opuestas del mismo, se ubican La Nación y Página/12. Ambos son ideológicos, sostienen un sistema de ideas y se guían en él para aplaudir a los gobiernos que, creen, operan bajo su misma ideología, y criticar a los de ideas opuestas.

Este planteo es muy inocente. En principio, porque todo medio es “marketinero”, en tanto siempre quieren vender más. No hay ideología que anule la perenne voluntad de recaudar, incluso para los folletines partidarios. Todo medio, además, es susceptible de caer en el utilitarismo, en mayor o menor medida. Sólo es cuestión de poner un precio.

En esas contradicciones venía pensando cuando recordé el Political Compass, ese gráfico que ubica las ideologías en un mapa que determina su posición en política y economía en términos de izquierda - derecha y proteccionismo - libre cambio. O mejor aún, revisemos la Brújula Táctica propuesta por Rollo (lo mismo, pero aplicado al fútbol).

Con eso en mente, armé éste gráfico:

Hay dos ejes, como puede verse: el horizontal ubica a los más “marketineros” a la izquierda y a los “ideológicos” a la derecha. Y el vertical separa a los “utilitaristas” abajo y a los “técnicos o puros” arriba. La división no es arbitraria: un medio que busca ganar público a veces debe alejarse de sus principios dogmáticos, o arriesgarse a perder espectadores si quiere reforzar una línea ideológica.

Por el contrario, un medio que quiera ser siempre opositor (si descubre que ese es su negocio), se alejará del utilitarismo y será inflexible para con el gobierno; mientras que uno que deba compensar un favor, tendrá que hacer un lindo bollito con su “pureza”. Cabe aclarar que la ubicación de cada medio, al igual que la descripción hecha más arriba, es pura opinión mía. Son más que bienvenidos a discutirla y proponer la propia.

¿Para qué sirve éste cuadrito? La verdad, para poco y nada. Pero hemos leído muy buenas ideas y posts aquí en AP en torno a la nueva ley de Radiodifusión y una de ellas en particular hablaba de las responsabilidades de los medios y las cuentas que deberían rendir (no encuentro ni puedo linkear ese post, si alguien sabe de qué hablo, le agradezco que me avise).

Plantear una nueva ley de Radiodifusión, en un tiempo en que los medios están cambiando mucho por las nuevas formas de comunicación, nos obliga a re-pensar el periodismo, los medios mismos, las categorías, las ideologías (superar el maniqueísmo “opositor vs. oficialista”). Por algún lado hay que empezar.

De la ley de Godwin y los debates

En 1990, Internet todavía era menos lo que es hoy, y más lo que venía siendo desde su creación, en la década del 60: un refugio para nerds, enfermitos, y estudiantes universitarios que no tenían lo que hacer en la vida más que discutir sobre cuestiones académicas y series como Star Trek, sin solución de continuidad.

Mike Godwin era uno de ellos, y ese año recorría mucho Usenet, que era el centro neurálgico de la red de entonces. Notó que las discusiones en los foros de usenet, se desvirtuaban a medida que crecían, y que una discusión que había perdurado demasiado tiempo, solía degenerar en alguna mención a Hitler o a la Alemania Nazi, por lo general un usuario que comparaba a su opositor discursivo con don Adolf. Entonces, postuló el célebre enunciado:

“A medida que una discusión en internet se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación a Hitler o a los nazis tiende a uno”.

Más importante que una simple cuestión de probabilidades, Miguelito, que tenía mucho tiempo libre, estableció las bases de lo que hoy es conocido por miles de nerds alrededor del mundo como la Ley de Godwin. La misma no sólo contempla el enunciado anterior, sino que legisla que el primer individuo que haga la comparación a Hitler o a los nazis pasa a “perder” el debate, el cual se da por concluído en el acto.

¿A qué viene semejante introducción? A que, si leyeron ayer el debate que propuso ayer Lanata en Crítica de la Argentina y en particular la frase de la senadora porteña de la Coalición Cívica María Eugenia Estenssoro, entenderán ahora que ella “perdió” el debate. Y, por extensión se entiende un poco más por qué el partido de Carrió, “pierde” a secas.

La senadora venía argumentando que “hay todo un modelo de acumulación de poder para esta dinastía, el matrimonio, y un proyecto de quedarse por mucho tiempo”. Ante eso, el sacerdote Marcó señaló que los Kirchner “son monarcas elegidos democráticamente”. Y María Eugenia remató con “A Hitler también lo eligieron democráticamente”.

Bajo la Ley de Godwin, esto es Game, set and match para cualquiera que estuviera en contra de Estenssoro, en este caso el jefe del bloque de diputados oficialistas Agustín Rossi. El debate duró unas dos horas, y esto ocurrió a los dos tercios del mismo, por lo que es claro que se había prolongado demasiado. Y también es claro que se desvirtuó, porque el argumento es precedido por la falta de argumentos.

Otra cuestión es la insistencia de Lanata con el tema de que Cristina no gobierna, sino Nestor. Tengo la teoría de que la mitad de los “analistas políticos” se va en seco cada vez que dicen “doble comando”. Y que, por cada vez que Lanata nos aclara que el presidente es Néstor, no Cristina, y que esto es algo muy importante, Grobocopatel le regala una milanesa de soja.

Ojo, no es que sea lo único que hayan dicho los muchachos. Rossi midió como loco, Artemio también. Solá fue el tapado del torneo, como ya había descubierto el Escriba. Y ya que estamos con el compañero, retomo la idea que había propuesto él acá: si vamos a discutir esto… Bueno, eso…

Porque, a ver, diganmé peronista, tercermundista y hasta cabeza (que al fin y al cabo son sinónimos), pero esto no es Islandia, sin ofender, muchachos. No olvidar que hace 6 años y medio eramos más bien Rwanda. Lo han dicho tantos que ni da para linkearlo: pasamos de que gobiernen las empresas a algo más parecido a un gobierno soberano. Hay que fortalecer la autoridad presidencial, que no se puede bajar a discutir con el verdulero para regalarle igualdad de negociación, y más etcéteras.

Ergo, dejemos la “institucionalidad” tranquila y pasemos al debate de lo que de verdad importa. La política y el reparto de la torta. Que a eso no hay parábola que lo tape ni ley de Godwin que valga.

Ah, mucho gusto, me llamo Facundo y este es mi primer post en Artepolítica. Espero que les haya gustado (?), chau.