Dice mi amigo Mendieta que comience esta breve reflexión citando al poeta que en una canción que hasta hoy no conocÃa dice
En la alegrÃa de ustedesÂ
distinguà mis promesasÂ
y todo me pareceÂ
que empieza.
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Más importante que desgranar, describir o interpretar lo que la presidenta Cristina Kirchner dijo o no dijo en el último discurso de su mandato ante la Asamblea Legislativa me parece que es evaluar todo lo que fue el mediodÃa y la tarde de este domingo.
Los sectores que están enojados con el kirchnerismo no han venido buscando tanto derrotarlo -situación normal y esperable en una democracia: algunos ganan, algunos pierden hoy, los que otra vez perdieron vuelven a ganar, lo que alguna vez ganaron vuelven a perder mañana- como producir en una sola jugada -en una sola- una doble operación. Una que consiste en derrumbar al kirchnerismo como tal y a la vez develar su «verdadera» cara, situación que harÃa que ya nadie quiera reivindicarse kirchnerista o cosa parecida.
Este oficialismo parece haber comenzado a conjurar el anteúltimo intento en ese sentido. Y hoy, en la calle, codo a codo, ha inspirado una nueva bocanada de aire fresco.
El kirchnerismo existe. Tiene liderazgo, militancia, simpatizantes, una historia, un «relato» -artefacto que no se compra en Easy un domingo cualquiera por la tarde-. Tiene amigos del campeón y hermanos de sangre. Tiene los incentivos que los politólogos aseguran que tienen los partidos polÃticos, todos ellos. Incentivos «selectivos» -cargos, dinero o status- e incentivos «colectivos» -sensación de pertenencia e ideologÃa-.
En la Argentina se puede ser kirchnerista. A veces ocurre.
Hay un sector de la sociedad que cree -algunos hasta lo sienten- que asà es mejor. Que de esta manera es mejor. Que asà como les está diciendo Cristina allá adentro a ellos es mejor. No es este sector de la sociedad muy original en eso. Quizás por eso ya no gusta a quien busque raros peinados nuevos o aborrezca de ser uno más en la multitud.
Pensar que más presencia del Estado, una polÃtica social activa, más cercanÃa con los paÃses de la Región y del Sur que con los Estados Unidos, junto con la generación de un rango que va desde bastante hasta muchÃsima incertidumbre en los grandes empresarios es un paquete mejor que otros resulta que no es un invento de ahora. La lÃnea (San MartÃn) – Rosas – Yrigoyen – Perón – Su Ruta se ha negado sistemáticamente a morir a pesar de haber sufrido recurrentes fracasos o reflujos más o menos ruidosos y/o ataques más o menos sangrientos. ¿DeberÃa eso sufrir algún cambio drástico cuando finalice el mandato de Cristina?
#18F, #19F… #1M, #2M…
La Historia sigue. Y seguirá.
