Última parada, legitimidad

VENEZUELA-ELECTION-CAMPAIGN-CHAVEZ

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Hace dos meses, una bailarina del 23 de enero contaba que su familia se reía de la lucha contra la corrupción de Maduro, que ojo que tengan cuidado los que se roban el papel higiénico en los ministerios, que con este gobierno van preso, también miraba para abajo decepcionada cuando recordaba que en su bloque de casas la gente estaba más cerca de votar al candidato a concejal de la Mud que al del PSUV por ser del barrio, no como el otro, que es de afuera y no lo conoce ni su mamá.

Otra de sus amigas, una estudiante de actuación, una morena caderotas de esas que en el Caracazo bajaron a patadas a sus maridos para protestar, también decía algo parecido, que en su barrio, Mariche, cerca de Pétare (segundo barrio populoso de América Latina), su madre veía todo difícil de conseguir y para colmo, pensaba en no ir a votar por la prohibición de girar dólares a su patria, Colombia, y la falta de acción contra la gente de plata del país.

Antes de eso, un ex soldado sirio, vendedor ambulante de ropa, sabanas y todo lo que de guita, llenaba menos su bolsa de ventas, y entre cuentos y cuentos de la guerra (sí en los Altos de Golán vio y escuchó como los israelíes ayudaban a los “rebeldes”, pero esa es otra historia) arqueaba los ojos y  decía que hoy en Venezuela no convenía invertir, que todo estaba cambiando rápidamente, los precios, la estabilidad, y reafirmaba, quieren ”generar caos como cuando empezó todo en mi país”.

Más atrás, más atrás, más atrás, por ahí, en el fondo del pozo, ningún chavista pechaba un análisis sobre las alcaldías sin antes intentar esquivarlo, rodearlo y negarlo como si fuera un examen en el que todo iba a salir mal pero tenía que llegar.

Ayer nomás, me cruce a algunos de ellos, en los adoquines del casco histórico donde camino y vivió Bolivar, llevaban la remera de Chávez, la de los ojos, caminaban con la frente alta, los ojos brillantes, y una sonrisa en la cara.

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Vamos por las lecturas rápidas y a reafirmar la plaza de los lugares comunes que habíamos hablado, el chavismo ganó en las totales , en casi todo el territorio(76% de alcaldías), volvió un bumerán la tesis de plebiscito de la oposición y la derecha internacional, y revalidó su liderazgo en unas elecciones, donde lo local se mezcló con lo nacional, si se toma en cuenta el impacto de las medidas económicas tomadas por Maduro, que pegaron en un símbolo visible que afecta transversalmente a los venezolanos, la especulación y acaparamiento en los productos y bienes navideños.

La oposición, en cambio, apostó al diez y le salió un seguro seis: Ganó ocho capitales, las más visibles, simbólicas y de importancia electoral, creció en número (74), pero menos de lo que se esperaba (ochenta y pico) frente a las más de 260 del chavismo, que se registran hasta el momento.

En el medio de eso, más de 800 mil votos (5 municipios) fueron a candidatos supuestamente independientes (algunos, unos veinte dijeron que fueron y son chavistas), lo que habla de un ninismo (ni chavistas, ni opositores) que podría ser clave en las futuras contiendas (que sin Chávez serán para alquilar balcones y sentarse en reposeras) , donde los rojos están unos pelos abajo de su techo y la oposición parece llegar al suyo si se analiza la tendencia de aumento de votos de estos últimos en las parlamentarias de 2010, las presidenciales de 2012 y 2013.

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El PSUV y sus aliados alcanzaron casi el 50% de los votos, ganaron 256 alcaldías (contando a los chavistas “rebeldes” que ganaron sin el partido) sin tener en cuenta las que aún faltan contar, lo que significa una pérdida de 18 alcaldías, en algunos casos importantes en números electorales, como es el caso de Barquisimeto, Lara, donde una mala gestión fue irremontable, y Valencia, donde en la anterior se había ganado por una división de la oposición y en este turno, el alcalde rojo salió esposado antes de las elecciones.

Otras pérdidas fueron de valor simbólico, como Maturín,Monagas, donde otra vez la división dijo presente, y Barinas, en la que el alcalde saliente, Abundio Vargas, ganaba caminando y tocando guitarra eléctrica pero Adán Chávez (hermano del comandante) prefirió rifarla a uno propio para sacarse de encima al candidato natural a sucederlo, que hasta último momento iba para la pelea pero el PSUV lo convenció de bajarse.

En las virtudes, el chavismo retuvo bastiones importantes como la capital de Miranda (el estado de Capriles), Los Teques, Maracay, Aragua, y Puerto La Cruz, Anzoátegui, estado donde solo perdió un distrito, y dio pelea hasta último momento en lugares en los que la oposición

se suponía que ganaba tranquilamente, la Metropolitana de Caracas (donde el ganador lo hizo con 50,31), Sucre,Miranda, y Maracaibo.

Los resultados consolidaron al PSUV como herramienta electoral, y le dieron una palmada en la espalda a la estrategia de aumentar votos en los centros urbanos con candidatos mediáticos (como se vio en la recuperación de porcentajes respecto a las presidenciales de abril) pensando en la tesis del plebiscito y el chau Maduro, que quería instalar la oposición.

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En la oposición, pasaron de 53 alcaldías a 76, mantuvieron su capital en los centros urbanos (Maracaibo, la Mayor de Caracas, Valencia y Barquisimeto), y no perdieron sus principales bastiones en la frontera con Colombia, San Cristobal y Maracaibo, distritos que pertenecen a estados que antes eran escualidos y ahora son chavistas.

Si se cuentan las costillas para ver quien es quien, se ve que Acción Democrática está a la cabeza , seguido del Voluntad Popular de Leopoldo López (enemigo directo de Capriles en su línea cabeza de termo de deslegitimación), Copei (otra tradicional),  Primero Justicia (partido de Capriles)  y Un Nuevo Tiempo (fuerza regional de Zulia) .

Fuera de los números, la estrategia de “no hablar de porcentajes” caprilista significa una clara derrota política que pone otra vez en entredicho su liderazgo opositor, donde sigue primando un anti chavismo visceral y solo se articula una alternativa en base al contra de basado en viejas recetas que si se explican bien, no tienen votos por la falta de una identidad propia,  que incluso se desdibuja aún más cuando se intenta tapar el sol con las manos al hacer una marcha en defensa del empresariado venezolano, donde fue su mamá, su tía y una amiga a sacarle fotos a tamaño error político.

Quizás el principal ganador, sea el ex chavista Henri Falcón, gobernador de Lara, quien recuperó la capital, Barquisimeto, y dos alcaldías más, frente a las cinco del PSUV, se bajó del colectivo al abismo del plebiscito, dio vuelta la página de la deslegitimación, y sigue pasito a pasito acumulando con una propuesta pseudo progresista, que puede elevar el techo de la oposición hacia parte del chavismo y los ninis, los dos sectores claves para una victoria opositora.

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El gran ganador, obviamente, fue el presidente Nicolas Maduro Moros, quien encabezó un viraje estratégico en el momento justo, lo que lo llevó a acumular un capital político, que fue visibilizado con la táctica del búmeran plebiscitario para pasar de ser deslegitimado a deslegitimar a la oposición por aquello de que “después del 8 de diciembre vamos por vos”.

Esta acumulación comenzó del paso atrás de la liberación cambiaria, el tirar al tacho el tire y afloje con los bancos en alianza con los oligopolios productores de Venezuela, y el pronunciamiento del discurso frente a la Asamblea para pedir la ley Habilitante, donde identificó a los actores económicos que están en su contra e hizo un mea culpa de las condiciones estructurales que permiten su poder de extorsión luego de 14 años de gobierno chavista, la falta de una producción nacional y la concentración y cartelización de ella, al igual que la especulación bancaria y el no financiamiento productivo.

Un mes después lanzó a todo el gabinete a la calle a revisar primero los comercios, desnudar los costos, penarlos, bajar los precios, y luego a ir contra los importadores y fabricantes de diversas ramas, lo que terminó desnudando en cadena nacional lo que estaba sucediendo para los incautos y revitalizó a la base chavista, que no paraba de recibir golpes en la cara, factor que se vio en las elecciones, y si hubiesen sido una semana después habrían dado importantes sorpresas, como casi sucede en la Metropolitana de Caracas.

Así Maduro salió de una dinámica retórica contra la oposición económica y política que no resolvía ningún problema, lo que convertía al planteamiento del conflicto en nimiedades, yo dije, él dijo, y aquel que respondió, y al llegar abajo los volvían en estériles y carentes de sentido real para solucionar problemas concretos.

Al salir de eso, este tipo acciones volvieron a polarizar al país, mostraron quien es quien, y llenaron un hueco que permitía un avance de los actores económicos hacia la renta petrolera, la falta de autoridad política y presencia del Estado a la hora de , por lo menos, limitar los excesos en un año, donde los números estaban más apretados y daban mayor poder de extorsión para agudizar la escasez y la inflación producto, de nuevo, de una falta de planificación económica para nivelar el aumento de la demanda (600%) con una oferta, que no va a ser resuelta por los capitales venezolanos con tendencia histórica a fugar divisas petroleras y desinvertir.

Todos dramas históricos que vienen de 100 años de renta petrolera, y que el chavismo debe hacerse cargo para solucionar un problema que pone en riesgo su poder cuando el contexto internacional (hola crisis económica mundial) se vuelve desfavorable, te roban 20 mil millones de dólares en un mecanismo cambiario, y por ende no hay tanta guita para importaciones, ni un líder hiper carismático que tenga la espalda para bancarlo.

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Esta trama que tenía a los bancos y oligopolios alimenticios atacando al gobierno a través de sus medios de una manera muy refinada, que merecería otra análisis más extenso, se terminó momentáneamente, pero volverá en el corto plazo, donde Maduro tendrá a favor una revalidación de su liderazgo y su autoridad hacia dentro del chavismo y hacia fuera, donde ya anunció que revisará la estructura de costos de los alimentos, una ofensiva que anunció ni bien salió del ring electoral, y es un síntoma de contra quién usara su capital político.

En el mediano tiene tiempo para lanzar una especie de refundación del chavismo para reformular un partido y un movimiento, que necesita contener vertientes críticas del rumbo ideológico, la fuga de chavistas que se van a los ni nis,  le permita volar encima de las internas, y dominar a las estructuras de poder, que se le pueden volver en contra.

Ante esto, el último discurso estratégico de Chávez (el golpe de timón) sigue vigente en todas sus líneas: Revolución económica para salir del rentismo, eficiencia para consolidar las acciones de gobierno y no dejar proyectos truncos, y la presentación de una nueva estrategia mediática, donde se combine la critica propositiva con la defensa del proceso, algo que si llega a pasar es para hacer manuales de historia de comunicación política (y pellizcarse de lo difícil que se ve).

En el más importante, la revolución económica, se sigue viendo una apuesta a las alianzas con trasnacionales en empresas mixtas, que se dediquen a áreas neurálgicas como alimentos (es lo que más se importa junto a medicinas), bienes de consumo masivo y explotación de crudo, y un fortalecimiento de una economía comunal, que aún está lejos de eso que decía Chávez de unir los sistemas de «producción socialista» en uno solo para que no sean una “isla en un mar de capitalismo”.

Fuera de esto, lo más difícil para Maduro será sortear la trampa del endeudamiento a tasas alta (lo que sería fácil si se destraba la llave política de los 130 mil millones de dólares que tiene el sector público en el exterior) una segura devaluación dada a la situación que lo llevaron a los golpes y optimizar al máximo el uso de divisas para evitar el despilfarro en empresas fantasmas, sobreprecios, contrabando o fuga de capitales. La del endeudamiento es la más importante para despejar el fantasma de la crisis externa que agitan los anunciadores de tormentas económicas y recuperar margen en la política económica del gobierno, según el economista Simón Andres Zuñiga1.

En estos mix  también puede entrar una reforma fiscal, que está en análisis y disputa hacia dentro del gobierno, para aumentar la recaudación,y cobrar en serio a los que más tienen,  y otra del Estado para hacer más eficiente su tarea en áreas claves.

Lo único seguro es que el reloj de arena se frenó por un rato, y que Maduro ahora tiene tiempo y capital político para evitar la reedición de la recesión patronal posterior al 2002, y saltar las minas que le está poniendo, sigilosamente, el sector bancario.

 

1“Veamos que nos dicen las cifras del sector externopara aseverar la tesis catastrófica que quieren posicionar poderes fácticos del capital. Una economía que, en 2012, le ingresaron por concepto de exportaciones 97.340 millones de dólares, y que al pagar por importaciones 59.339 millones de dólares, tiene un saldo superavitario en la cuenta de mercancías excepcional: 38.001 millones de dólares. Si a esto le restamos algunos conceptos como pagos de servicios, tenemos un superávit en cuenta corriente, envidiable para cualquier país en América Latina, unos 11.016 millones de dólares. Este resultado en el año 2011 fue más sorprendente, ¡al llegar a situarse en 24.387 millones de dólares! (3)

Es una economía que tiene 291.866 millones de dólares en activos en el extranjero, que restándole la fuga de capitales del sector privado nos queda que el sector público posee131.587 millones de dólares colocados en el exterior.  Entonces, de acuerdo a esta cifra, publicada por el Banco Central,  no deberíamos tener un problema de restricción externa. (4)

Algo parecido ocurre con el déficit fiscal. Resulta paradójico el titular del semanario Reporte del pasado viernes 03 de mayo, que reza en forma alarmante Las arcas del gobierno están vacías. Mientras que en el mismo pasquín, se señala que la banca privada ha tenido ganancias extraordinarias en los primeros tres meses del año, con el detalle que la mayoría de los depósitos provienen del sector público.

Mientras el Gobierno aparentemente tiene graves problemas de caja, la Banca casi se ahoga en una liquidez extraordinaria y ha obtenido ingentes ganancias a costa de los recursos que el gobierno tiene depositada en ella.

Mientras el BCV trata de distribuir las menguadas reservas operativas y la CADIVI está amarrada de manos para ponerse al día con las asignaciones pendientes, repercutiendo esto en parte importante de la escasez de bienes esenciales, el sector público tiene casi 3 veces las reservas internacionales en el exterior, con una porción líquida casi equivalente a estas reservas.

Es evidente que, más que un problema de falta de recursos o de restricción externa, hay un problema de desorden y descoordinación en el manejo de los flujos de caja y los activos nacionales e internacionales del gobierno.

Si hay crisis, esta no tiene nada que ver con la solvencia y liquidez externa de la economía; si hay una crisis no es una crisis externa, es mas bien una crisis absurda donde el desorden y la falta de coordinación de los fondos y los flujos financieros del gobierno crean cuellos de botellas, como el que Banco Central le falten dólares para CADIVI, mientras los activos externos líquidos de instituciones de públicas están durmiendo en cuentas en el exterior.

Como se observa es una situación manejable, no catastrófica como ocurría durante el sabotaje petrolero de 2002 o cuando Chávez recibió el gobierno en 1999. Eso si, si el gobierno no toma medidas inmediatas para poner orden y fortalecer su capacidad de liquidez en los pagos externos, el tiempo y la economía serán implacables”, Zuñiga en http://www.aporrea.org/actualidad/a165565.html

3 Comments on “Última parada, legitimidad”

  1. Muy buena nota. Se nota que el autor conoce la problemática de Venezuela. De todas formas, me gustaría saber que opina Bruno sobre las medidas económica que anunció Maduro esta semana. Es muy bueno que el blog resalte la importancia de América Latina.
    Saludos

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