Urgente: necesitamos una elite para la democracia

La democracia argentina (1983-¿?) no es débil: es ineficaz. Puede soportar levantamientos militares, la «reforma» del Estado, las renuncias de presidentes, las crisis económicas y sociales, el debilitamiento de los partidos, las tensiones del federalismo, los conflictos con diferentes sectores sociales, y más. Pero no puede siquiera plantear soluciones para buena parte de la amplia gama de problemas que viene enfrentando la Argentina en este último cuarto de siglo. Más aún, muchas de las políticas estatales exitosas que hoy existen son anteriores a la transición democrática. Tal es el caso de la campaña antártica, el INTI y el INTA, la CNEA, el INDEC, la educación superior, el ISEN, y algunos otros pocos etcéteras.

Vulgarmente, la ineficacia de la democracia argentina suele notarse en contraste con la supuesta excelencia de nuestro Gran Hermano: el ex Imperio del Brasil. Siempre escuchamos lo mismo: «Brasil tiene políticas de estado y Argentina no». La falacia de ese argumento queda develada en esta excelente nota. Sin embargo, es imposible no darse cuenta de que la definición de la política hacia Paraguay por parte de Brasilia es, vista por nosotros, los plateístas de la Plaza de Mayo, de un lujo al que no estamos acostumbrados por estos barrios.

Si acordamos en que en ninguno de los dos países el Estado logra garantizar la universalidad de los derechos políticos, civiles y sociales que yacen en el núcleo de la democracia ¿dónde radica la diferencia que ambos países tienen en la calidad de algunas de sus políticas de estado?
Pues en que Brasil tiene una elite de y para su democracia y Argentina no.

Así de simple. Argentina no tiene una elite de la democracia. O acaso alguien puede indicar dónde están hoy los jóvenes maravillosos de la primavera democrática. O, tal vez, los chicos dorados de las reforma y el ajuste. ¿Y dónde los futuros líderes políticos, sociales, sindicales?. No están en ningún lado, porque en la Argentina las políticas nunca pagan. No paga ser técnico de un ministerio, no paga ser investigador o docente del sistema público, no paga (a esta altura) ser médico o ingeniero al servicio del Estado. Y no sólo porque los sueldos sean bajos. No. Porque no sólo de dinero viven quienes quieren participar de un proyecto para la democracia. No paga porque nadie ha podido crear aún un horizonte de sentido en el cual inscribir la tarea de esos actores. La democracia argentina perdió inmediatamente su mística. De hecho jamás tuvo una mística propia, solo una prestada por la oposición a la noche dictatorial. La democracia argentina no enamora. Pocos piensan en sus instituciones -incluso en sus instituciones no estatales- como herramientas con las cuales transformar este país en un país más justo.

Y esto no debería sorprender. Visto el último cuarto de siglo, es irracional querer participar del gobierno de este país. Hay que ser muy osado aquí para hacer lo necesario para llegar a director nacional, investigador principal, titular de cátedra, general-almirante-brigadier, comisario mayor, juez federal, etc. La ruleta indefectiblemente vuelve a cero. Y si no se pierde el cargo se pierde su potencia transformadora.

Contar con una elite le permitiría a la democracia ganar lo que le falta: solidez para crear e implementar soluciones eficaces a los problemas que enfrenta. Como supongo que los adalides de la democracia participativa ya estarán bastante enojados voy a ampliar el punto: una elite es, por definición, una minoría. Pero una minoría que se forma con ciertos criterios: puede ser el linaje y la riqueza como en nuestra era oligárquica. Pero también el mérito y el compromiso. Una elite no es una vanguardia de clarividentes. En el caso de citado, los movimientos sociales también participan de la política de estado por medio de sus vínculos con el gobierno brasilero y la sociedad civil paraguaya. Eso quiere decir que los dirigentes sociales y sindicales, los dirigentes de los sectores populares, pueden (pero por sobre todo, deben) formar parte de una elite para la democracia.

No hay que engañarse, cuestiones como el contenido particular de la política exterior no pueden ser decididas por todos. Entonces es mejor que lo sean por unos pocos que accedieron a su posición de acuerdo a criterios claros (su capacidad técnica, su liderazgo, su representatividad social, su mérito al servicio de la burocracia estatal, etc.) que por otros pocos a los que poquísimos conocen. Una elite con todas las letras es el mejor antídoto contra los tecnócratas y los consultores. A diferencia de ellos, que vienen y se van, las elites en democracia son responsables de sus propios actos.

Ya es buena hora que la democracia argentina produzca sus propias elites. Surgidas de sus universidades nacionales, valorizadas por sus instituciones públicas, comprometidas con los objetivos de la democracia: más igualdad y más libertad.

26 comentarios en «Urgente: necesitamos una elite para la democracia»

  1. El artículo de Natanson no me parece excelente, mezcla peras con bananas. Cuando se habla de ‘la política de Estado’ o ‘el progreso’ brasilero nadie se refiere a la situación social allí, sino a la habilidad para haber llevado adelante un proyecto de desarrollo económico a largo plazo. Pero, aún en lo social, no hay duda que en los últimos cincuenta y cinco años, pasado el primer gobierno peronista, la situación de los más pobres en la Argentina ha sido cada vez peor, bajo el gobierno que sea, con breves mejorías temporarias. Y que el incremento de la pobreza relativa en Argentina ha sido mayor que en Brasil. El tema del ejército y la policía es interesante. No hay duda que hay actos de violencia policial en Brasil, y son lamentables. Pero el ‘progreso’ argentino ha sido a costa de, efectivamente, desmantelar las fuerzas de seguridad del país. La policía resuelve o previene poco o nada, y las fuerzas armadas hoy perderían una guerra contra Chile o Brasil en poco tiempo. Puede ser que esto sea bueno, pero entonces habría que plantearse la necesidad de ambas instituciones, y eliminarlas. Y si no se las elimina, entonces hay que definir para qué se las quiere.

  2. Y que en Brasil ningun blanco habla de progresismo blanco o progresismo negro, porque tienen el sentido comun de no fomentar el odio racial para demostrar lo piolas que son.

  3. Sí, necesitamos una elite, pero guarda que esto no garantiza el contenido de las políticas. Se ve en el caso de Brasil. Vos lo decís muy bien «en ninguno de los dos países el Estado logra garantizar la universalidad de los derechos políticos, civiles y sociales que yacen en el núcleo de la democracia».
    Saludos

  4. Entiendo que en el sentido que lo plantea el post, esa elite a construir no es necesariamente elitista. Pero cierta evidente ausencia, la de la participación política de los ciudadanos, vuelca todo hacia ese lado, el del elitismo. Elite, o dirigencia, o conducción, sin participación política real, efectiva, en la que cada uno se sienta parte de la construcción del país que quiere, da elitismo o alguna forma de liberalismo más o menos civilizado, o entendí todo mal. ¿Y si pensamos al revés? Poner el acento en la participación para que de ahí, o al mismo tiempo, surja esa elite, o dirigencia capacitada? ¿Se trata de crear una elite o de mejorar en general la política?

  5. la diferencia con Brasil creo es que apuntan a algo, tienen un proyecto a largo plazo a traves del cual intentan no tener una crisis fuilminante cada 10 años, fijate como devaluaron ellos y como devaluamos nosotros.

    es cierto que en Brasil hay mucha mas pobreza que aca, pero la tendencia es a la baja en Brasil, aunque sea a largo plazo y siempre parezca insuficiente.

  6. La democracia son dos lobos y una oveja votando quién será el alimento, la libertad, es la oveja, armada, im pugnando el resultado.

    Benjamin Franklin.

  7. Estoy de acuerdo con los comentarios de Carlos sobre el artículo de Natanson. Rescato aquello de que una política de Estado no es un programa fijo sino una estrategia a largo plazo, pero me parece que no logra – ni intenta – demostrar como falacia que Brasil tiene una y nosotros no.
    Tu post me pareció muy interesante. Se me ocurre que en la Argentina no tuvimos una elite en esos términos – y una política de Estado – desde el desarrollismo; me refiero a Frondizi, Frigerio, Machinandiarena, Bunge, Blanca Stábile, y toda la gente que gravitaba alrededor de la revista Que! (Jauretche, Scalabrini Ortiz…).

  8. Carlos: En Brasil las diferencias sociales son mucho más marcadas que en Argentina, y de las raciales ni hablar. Te cito a Eduardo Giannetti, economista y filósofo brasileño y no precisamente de izquierda: «aunque todos se pronunciaran vehementemente en contra y jamás haya habido una defensa pública y abierta de la esclavitud en Brasil (como sí la hubo en el sur de Estados Unidos), fuimos uno de los últimos países del mundo (junto con Cuba) en abolirla. Es unanimidad nacional, como la mala distribución de la renta, la impunidad y el deterioro de la enseñanza básica actual. Ferocidad verbal, intenciones generosas y fervientes sentimientos siempre tuvimos de sobra. Pero la realidad (pequeño detalle) sigue su curso a contracorriente de todo eso.» de su libro ¿Vicios Privados, Beneficios Públicos?
    Los errores que uno tiene cerca son los más fáciles de ver, nosotros vemos los nuestros, ellos ven los suyos.

  9. La falta de una elite es desesperante, no solo porque la misma no se conforma por medio de una simple voluntad popular o la de algún sector, sino también porque el escenario de la política actual no parece estar en sintonía con esta necesidad. Sería una falacia decir que en país no hay la necesaria calidad de dirigentes para conformar dicha elite, pero lo que sí es seguro es que la gente que hoy está en el primer plano de la política dista muchísimo del nivel necesario para semejante forma de conformar el debate, los objetivos y los medios para alcanzarlos.

    Entre los políticos persiste y se agudiza un revanchismo que no construye hacia arriba si no es previa demolición de lo anterior. El empresariado niega el largo plazo, los gremios son mafias constituidas, y los intelectuales que avanzan en este terreno pronto quedan empantanados. Ya lo estamos viendo con este gobierno y con los intelectuales que intentaron acompañar, muy pronto tuvieron que empezar a defender lo indefendible sin un mínimo de vocación por la verdad, y si ellos mismos no pueden abstraerse de la coyuntura para poner el ojo en aquellas metas en comunes, entonces quiénes lo harán? Lo mismos que se preocupan en armas la listas para las próximas elecciones? O los que hacen pactos tras pacto como modo de llegar a ningún lugar porque al final se dan cuenta que el modo de recorrer el camino hace también al destino al que se arriba?

    Una de las revelaciones más duras que sucedieron durante el conflicto del campo fue tomar real dimensión del inmenso y absurdo grado de ideologización que aún hoy hay en la Argentina. Los discursos que desfilaron por las cámaras dieron la pauta clara de que el nivel en el que se discute la política hoy en el país es prácticamente arcaica.

  10. No tengo formación académica en lo social y menos en lo político, pero trato de seguir este espacio y a veces se hace necesario salir de la mera observación.
    Se me piantan estos interrogantes: ¿Las continuas alabanzas a Brasil, a su política dirigencial, mejor dicho, no serán una manifestación más del mayordomazgo cipayo de las «dirigencias» nuestras?
    En caso de que se cree una elite producto de la coyuntura, ¿deberá hacer buena letra como hermano menor regional (en el mejor de los casos)? ¿negociamos o queremos elites del mismo club, el de ellos, claro?
    ¿Puede ser posible una elite argentina con pleno mandato popular? ¿Una elite que abandone el apego incondicional, más acusado fuera del peronismo de Perón, al «centro» (en el sentido de núcleo, de fuente y destino a la vez) como única geometría del poder?
    Coincido con Balvanera, no es de afuera como se construye, sin levadura no hay ni vino ni pan…

  11. Sobre la Democracia, su elite y los sectores populares con voluntad.

    Leyendo el artículo que escribieron sobre la “elite democrática” de la República Federativa del Brasil y la del Paraguay; estuve pensando y conversando conmigo mismo de lo que le había pasado a nuestra clase joven, sus proyectos, sus ideas, sus valores. De lo que fue de sus trabajos conjuntos con diferentes militantes y actores sociales. De lo que les costó luego por procurar un país inclusivo, de y para todos. De lo que fueron los poderes e intereses mezquinos y egoístas capaces de hacerles por tanta dedicación y compromiso social.
    Sin embargo, eran los cimientos de esa primera Elite Democrática que hoy nos planteamos como una novedad.

    Y creo que nuevamente, es hora de poner en marcha esas ideas, esos pensamientos, esos proyectos, esas convicciones de que debemos estar al servicio de y para la Patria.

    Pero repensando, me interrogué: ¿qué Elite? ¿Qué tipo de sociedad/conjuntos conformen una institución de y para las instituciones de la democracia?
    ¿Cómo podemos llegar a eso? ¿En qué valores/principios deberíamos basarnos para formarlas? ¿Bajo qué estatutos? ¿Con quiénes?

    Un par de lecturas más, unas fotos en blanco y negro, algunos videos y un par de anécdotas de nostálgicos me llevó a una conclusión.

    La Elite: Quiénes y de dónde.
    Jóvenes. Estudiantes, trabajadores, profesionales, técnicos, emprendedores, autodidactas, representantes sociales, convencidos, con vocación de servicio.
    Provenientes de todos y cada uno de los puntos cardinales del país, de todos los sectores, todos. Un conjunto inclusivo, que crea en sí mismo.

    Cómo y dónde.
    Formar consejos provinciales, en donde los mismos estén formados por grupos locales representando los diferentes puntos de esas provincias teniendo una sede regional. En todas las provincias.
    Y luego, tener un punto o sede central, que agrupe a todos los consejos y que rote por períodos fijos. Dando así, sentido de pertenencia y asociación personificada a todos sus socios/integrantes.

    De valores, estatutos y principios.
    Una consigna clara: mantener vigentes y sanas las instituciones de la democracia, procurando la profundización y el servicio para toda la sociedad por parte de las mismas.
    Debemos estar convencidos y dispuestos a que nuestro rol como parte del colectivo, debe de retomar su rumbo decisivo, participativo y procurador de políticas sociales.

    Entonces, tenemos que asumir este deber. Que es hora, después de tantos planteamientos y elocuentes discursos que no deben ser pura demagogia, ser pragmáticos. Tener el suficiente valor y voluntad de formarnos en filas que emprendan nuevamente el trabajo social juvenil.
    Somos un recurso, transformémonos en oportunidad. No somos un elemento, somos parte del desarrollo social.
    Seamos esa elite, ese conjunto, esa institución que no levante más banderas que la de la democracia. Que no ate a sus integrantes a ningún partido político.
    Y lo sé, van a tildarme de delirado, de iluso y que esto tiene más de una falla e inconsistencia.
    Que no hay demasiados argumentos y que técnicamente pueden faltarle los mil y un puntos y comas. Y que, es casi imposible (o mejor dicho, requiere de mucho trabajo y empeño)
    Pero soy joven, nací en este país y me siento orgulloso de él. ¡Soy Argentino!
    Y tengo la convicción de que vamos a hacerlo.

    Diego López.
    Trabajador.
    Córdoba, Argentina.

    PD: Les dejo mi mail die.lo@hotmail.com. Por si no les parece tan im

  12. Estimado Balvanera, su planteo es absolutamente legítimo. Usted pregunta (me pregunta, se pregunta, nos pregunta, en fin intentaré responder o dar las pautas para una respuesta) ¿Y si pensamos al revés? Poner el acento en la participación para que de ahí, o al mismo tiempo, surja esa elite, o dirigencia capacitada? ¿Se trata de crear una elite o de mejorar en general la política?.
    La participación, estimado Balvanera, es más una proyección de quienes pensamos la democracia que un real deseo ciudadano. ¿Quién quiere participar? Constantemente, digo. ¿No es acaso la participación una excepción más que una norma en las democracias electorales? ¿No entraña la participación total, por así llamarla, el riesgo de su orientación contraria a las ideas que no so tros queremos que sean referencia para la nación? Y si lo que quisieramos es fomentar una participación más amplia, ¿no necesitaremos para conducirla una elite capaz de reflejar sus palabras, de tomar de la creatividad popular aquellas porciones orientadas al proyecto político que se quiere construir participativamente? Incluso la voluntad más basista no puede ignorar la necesidad de una conducción política. Y esa conducción o es administrada por una elite o por la oscuridad de los iluminados (si vale el oxímoro). El tema está ampliamente discutido en la izquierda. También en el peronismo. Yo ignoro los saldos de esas discusiones. Mejorar en general la política es el objetivo. Sin darle contenido político al 4% superior de la sociedad en términos de su formación y su representatividad, un gerente pedorro de cualquier banco berreta va a seguir siendo más poderoso que un investigador principal del CONICET o que un dirigente social. En cambio, si uno u otro pudieran inscribir su actividad en términos de la pertenencia a un colectivo que representa (subrayado representa) las distintas expresiones de un proyecto político (definido en términos generales como, por ejemplo, orientado a la integración regional, el desarrollo del conocimiento, la protección de los trabajadores, etc.) ellos serían más poderosos, tendrían argumentos para defender no sólo su accionar sino, por sobre todo, la legitimidad de su existencia como actores sociales.
    Lo saluda,
    Dalmacio Ombrellieri

  13. Creo que siempre estamos en búsqueda del arca perdida. Ahora nos hace falta una elite, ayer un líder, mañana una canción…¿cuál será nuestro reclamo el año que viene? Nuestros gobiernos son el espejo de la sociedad que representan. Tarea difícil la de encontrar una cofradía de eruditos que nos pueda indicar el camino apropiado, libre de piedras (y de argentinos) para triunfar por fin. Es casi un deseo adolescente: necesito un papá (elite) que me resuelva el camino.
    Brasil tiene un presidente que fue obrero. Sin prejuicios. Sin corset ni ballenas. Miró cuales eran los problemas a resolver y no lo atraparon los vítores de la intelectualidad. No destruyó lo que estaba construído ¿para qué?. No buscó la gloria al mes de gobierno. Se abrió al mundo, manejó e imaginó un proyecto trascendente y no un retoque cosmético. Además la supuesta elite brasilera está apoyada en los empresarios, en el capital. Ellos tienen mas fuerza que Lula, pero eso no es un estorbo. Imaginemos por un instante una situación parecida por acá.

    No creo en los salvadores, somos nosotros mal que nos pese.

  14. Caroll, sos más lulista que Lula!!! Prácticamente un fundamentalismo lulista!! Yo estuve un mes en Brasil y me pareció una sociedad con una complejidad y vivacidad que los argentinos estamos lejos de poseer, pero si para vos todo es cuestión de abrirse al mundo, que el capital se reproduzca con exuberancia tropical y que la dirigencia política mantenga el violín en bolsa, ta bien, ta clarito.

    Yo no lo tengo tan claro, pregunto, Petrobras está abierto al mundo, lo mismo que las industrias estratégicas brasileras? Me parece que no, si hay algo que puedo vislumbrar de la fuerza de nossos irmaos es la riqueza natural, superior a la nuestra, y la voracidad e ímpetu territorial que su burguesía posee, en contraste con la voracidad financiera de nuestros capitalistas. Lo que los argentinos no vemos, y en esto los porteños es como que hicieron escuela en su negación, es la presencia continua del oprimido en la construcción social, ya sea en sus vertientes ciudadanas marginales (favelas y trabajo informal), en su disciplinamiento y herencia esclavista, en su iglesia en y por los pobres, en su riqueza cultural incontenible, en su consciencia de lucha de clases y sus movimientos populares que aportan y ganan.
    Volviendo a abrirse al mundo, yo no tengo drama en que vos invites a mi casa a los más ricos y exitosos del mundo, ahora hacete cargo de los gastos vos y tus sin-patriotas liberales, porque les venimos sosteniendo la fiesta y socializándole las pérdidas desde el 76, siendo desmemoriados!! Yo tampoco creo en los mesías pero que hay mucho sacerdocio fundamentalista por ahí, sí.

  15. Opciones que aportan a un clima de exclusión y destituyente

    «Entre tantas otras cosas, gobernar es establecer prioridades. Dado que los recursos son inexorablemente limitados, su asignación se concreta en base a algún criterio, y ese criterio es el que revela las prioridades.

    Estos días hubo dos medidas que se prestan a un interesante debate al respecto.

    Por un lado, el gobierno nacional aumentó el mínimo no imponible en beneficio de medio millón de asalariados y autónomos que dejarán de pagar (330.000) Ganancias o tributarán un 2 por ciento menos en promedio. El costo fiscal de la medida se calcula en 1.500 millones de pesos al año. Con ese dinero se podría aumentar en 375 pesos el haber previsional anual a cada uno de los 4 millones de jubilados, o se podría duplicar el presupuesto anual del Plan Familias posibilitando que el subsidio mensual (congelado hace tiempo) pase de 250 a 500 pesos para el medio millón de hogares que lo reciben.

    Entre estas tres alternativas, mi ránking de prioridades ubica en tercer lugar a la alternativa que eligió el gobierno, y que dicho sea de paso favorece al segmento de asalariados que más gana. Para tener una idea, el salario promedio de los trabajadores en blanco es de 2.213 pesos, y el anuncio beneficia a los que cobran de 4.000 pesos en adelante si son solteros y a partir de los 5.550 si son casados con dos hijos».
    M.Zloto

    http://periodistas.blog.arnet.com.ar/

  16. Pericles baja un poco a la tierra tanto palabrerío.
    Los que tenemos edad suficiente vimos cómo en el 76 se desmantelaron equipos de ingenieros electrónicos que le estaban escupiendo el asado tecnológico a los del Norte (Fate electrónica) y cómo el Vº Cuerpo del Ejército vetaba a matemáticos contratados por la Fundación Bariloche por «subversivos». ¿A dónde fueron esos cerebros? A Brasil, por supuesto.
    Ah, «el Campo» apoyó con patriótica lealtad. Esa es nuestra «élite».

  17. En realidad no le otorgo tantas glorias a Lula. Creo que hace rato Brasil se propuso un camino y no ha girado en forma violenta. Ni siquiera Lula decidió su propio rumbo, se adecuó al que encontró y terminó imprimiéndole mas velocidad a su paso.
    Creo que la diferencia está en el pueblo. Nosotros somos un poco mas complicados, en general los brasileros no tienen a la política como el eje de sus vidas.
    Pero lo que quería marcar es que la idea de elite gobernante no la desmerezco pero me parece que forma parte del territorio de los ideales. Podremos tener una elite arriba pero los que seguimos por acá abajos seguiremos siendo los mismos. A los 3 meses…chau elite.

  18. Para obtener una «elite», lo primero que habría que plantear es terminar con la corrupción en los nombramientos y designaciones. Hay concursos sospechados de pantalla, donde el ganador fue elegido a dedo de antes y el concurso se realiza para «transparentar». Todo es así, hasta que al final los capaces sin familiares, amantes y/o conocidos influyentes, se desaniman y se toman el buque.
    El problema es que la democracia no puede ser eficiente sin justicia y con tan altos niveles de corrupción.

  19. Toda sociedad tiene su «elite», cuando los intereses de su «elite» coinciden con los del pais, este se transforma en una gran potencia, ejemplo EEUU.
    Cuando la elite de un pais tiene solo el interes de venderle materias a alguna potencia, como nuestro pais a comiensos de
    los siglo XX y XXI, estamos condenados a ser esa cosa tan parecida a una colonia que somos, lastima que ni siquiera tenemos metropoli que nos asuma como colonia.-

  20. Sin estar muy seguro de lo que afirmo, amgigo Dalmacio tengo que confesarle que DESCONFIO.

    Más bien tiendo a pensar que esa «elite eficaz» que Ud. propone podría tener toda la intención de articular, desde el Estado, los medios para el crecimiento y reparto de la torta…pero sabe qué?… no tendría el poder para hacerlo. Porque ese poder es, de manera mayoritaria, controlado por la porción capitalista de este gran circo. Porción a la que ningún «casco blanco del desarrollo eficaz» le va a hacer mover un tornillo de lugar si no está claro dónde está la zanahoria. Y usted y yo sabemos que zanahoria para el capitalismo se traduce como tarasca.

    En lo particular creo que la diferencia entre Argentina y Brasil en términos de construccion socioeconómica no son las brillantes elites de Planalto o de Itamaraty, desarrolladas y cada vez más eficaces, por cierto…la diferencia esencial reside en un nutrido entramado de industriales nacionales en los estados que van desde Minas hacia el sur, que no tuvieron que sufrir un proceso de apertura indiscriminada como el de Joe en el 77 ni su continuacion en los 90 de la mano de Sunday Horse (aunque algún sapo se han ido comiendo, remember Collor). Ese núcleo es lo más cercano que conozcamos en nuestra América Latina a Burguesía Industrial. Y si a Brasil le va mal, a ellos les va mal. Pero tienen poder de lobby y articulación política como para no darse ese lujo. Busquemos dentro de nuestras fronteras esa burguesía industrial nacional que veraneé en Las Toninas cuando tuvo un año de mala performance.

    Exactamente eso…

    Y todo lo contrario…

  21. Solo se me ocurre agregar a este exelente articulo que la falta de elite estuvo friamente calculada por las dictaduras latinoamericanas, que se encargaron de destruir la educacion publica, el sentido de solidadridad del pueblo y sobre todo a los cuadros politicos -formados o en formacion- que son en definitiva los desaparecidos y con ellos tambien desaparecieron tambien el nucleo principal de dirigentes que podrian haber sido capaces de generar una dirigencia en serio y un pais en serio .

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