Kirchnerismo: anti, post y para K

Hay veces en que lo obvio está oculto tras un manto de neblina. La voces discordantes, el ruido, la confusión, la acumulación de noticias y análisis –con esa  particularidad de los tiempos que corren, cada vez más rápido corre el tiempo, en donde lo dicho anteayer es tapado por lo analizado ayer y olvidado hoy- nos ponen frente al riesgo de perder de vista lo importante y lo trascendente.
Lo primero que hay que recordar es que el oficialismo nacional sigue siendo el actor central de la política argentina. Esto no debiera ser novedad: todo oficialismo, en cualquier tiempo y lugar, es el pivot alrededor del cual se ordenan las demás piezas del tablero. Sin embargo, la proliferación de operaciones discursivas tendientes a instalar la noción de que el kirchnerismo se bate en retirada, obliga a volver a dibujar los palotes. Hay que empezar por el principio.

Esas operaciones discursivas y analíticas se leen como un magma difuso, cual si todas fueran parte de la misma operación y tendieran a los mismos objetivos. Y no. Pensar, desear, planificar,  hoy, el post-kirchnerismo no es lo mismo. Lo único que iguala y, de algún modo, achata, esta moda es su transmisión mediática. Quizás por eso Néstor Kirchner haya deslizado que su principal oposición actual son algunos medios de comunicación masiva. Insisto: muchos medios y analistas igualan lo que no es igual,  practicando una especie de socialismo berreta, desconocedor de la condición humana: ni todos somos iguales, ni cualquiera es mejor que esto.

Aquí un breve paréntesis: todas, repito, todas, las operaciones y acciones tendientes a decretar el fin del kirchnerismo son legítimas. Incluso las de tinte “destituyente”, mientras estén confinadas al campo de lo discursivo y de la acción política. Del mismo modo, todas, repito, todas las acciones del kirchnerismo destinadas a mantenerse en el poder lo son mientras se mantengan dentro de la misma esfera. Claro, me dirán: Si Grondona y Biolcatti chancean con un Cobos presidente el 29 de Junio está bien, si alguien sospechado de oficialista deslizara la posibilidad de denunciarlos por apología del delito sería crucificado en el ágora mediático. Y sí, ahí perdemos, qué vamos a hacer.

Volviendo. No es lo mismo pensar la posibilidad y los modos del post-kirchnerismo siendo de la oposición que siendo parte del oficialismo. Es más: no es lo mismo pensarlo siendo de la Coalición Cívica, que del PRO, que desde la centroizquierda no peronista. Tampoco es lo mismo pensarlo siendo del PJ que de la transversalidad.

Dichas todas estas obviedades, quizá haya un aspecto de este tópico que está siendo ignorado en el debate político: quien primero comenzó a pensar el post-kircherismo y a planificarlo es el mismísimo Néstor Kirchner, allá por principios de 2008, al asumir la conducción del Partido Justicialista. Podemos decir, a riesgo de que se enojen unos cuantos amigos, que el kirchnerismo pasó de ser –ante la opinión pública, al menos- el embrión del tercer movimiento histórico a una fracción interna del Partido Justicialista.

Resumiendo a las apuradas, que se hace largo y tedioso:

-La oposición pan-radical no hace post-kirchnerismo. Hace anti-kirchnerismo. Al igual que Reutemann. Y está bien, para algo son oposición.
- El PRO hace una mezcla de post-kircherismo con anti-kirchnerismo. Al igual que Reutemann. Y está bien. Para algo son oposición.
-El PJ hace post-kirchnerismo mezclado con kirchnerismo explícito. Y está bien. ¿O no hay que defender la existencia de los partidos en democracia?
- El kirchnerismo hace todo el kirchnerismo que puede y piensa el post-kirchnerismo que debe. Y está bien. La primera condición para su existencia es seguir existiendo.
- La centroizquierda no kirchnerista hace post-kirchnerismo. Y está mal: debieran estar haciendo para-kirchnerismo. Porque si el kirchnerismo desapareciera, no heredarán las flores, si no las deudas. Y no creo que Carrió, ni Macri, ni De Narvaez, ni Morales, ni Alfonsín, estén dispuestos a salir de garantes para levantar los muertos.

Mendieta : De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.