La responsabilidad

 

Entonces era primavera y tierno nuestro amor

Entonces la saludaba cada día con mi canto

Como canta el ruiseñor en la alborada del estío

Y apaga sus trinos cuando va entrando el día

Shakespeare, Soneto 102

 

Cuando me pongo mal leo a Weber.

Creo que en estos días, algunas novedades se hacen patentes:

  • Hay en el país un sentimiento opositor que hoy no es mayoritario, pero sí incluye a una cantidad importante de personas. Personas que pueden haber votado a Cristina o, lo más seguro, no lo hayan hecho. Están allá, en esos territorios donde el voto del oficialismo se hace menos denso. Allá, donde se generan y difunden ciertos gustos y modos de hablar, cierta cultura, ciertos formatos de pensamiento.
  • Ese sentimiento opositor se compone, entre otras cosas, de algunos reclamos genuinos, legítimos. No inopinables, claro. Pero sí legítimos. Y muy anclados en parte de nuestra Historia. La reciente y bastante más allá.
  • ¿Qué quieren? ¿Quieren el Bien? ¿Quieren Justicia? ¿Quieren Honestidad? ¿Quieren Libertad? ¿Quieren Igualdad? ¿Fraternidad? ¿Modernidad acaso?
  • No hay partidos opositores nacionales que puedan canalizar ese sentimiento opositor. Hoy no existen.
  • No hay “fin de la Historia nacional y popular” de nada acá. Esto es Argentina, América Latina. El “nunca” de “Nunca Menos” se construye todos los días. De a un día por vez. Siempre hay demandas nuevas y otras viejas que se renuevan, que mutan, que se vuelven a poner en primer plano.
  • ¿Las demandas? Provienen de todos lados. De los que se sumergen en ese sentimiento opositor sin canales y también de los que no tienen nada en contra del oficialismo. De los que ponen la histeria por sobre el dolor y de los que primero se conmueven y recién después se enojan. De todos. De cualquiera tan parecido a aquellos que un día van a trabajar pero resulta que no vuelven más.
  • El único actor político nacional que puede recibir, que puede ser objeto de esas múltiples demandas es el Gobierno nacional. Y no podría ser de otra manera.
  • El único actor político nacional que puede operar para empezar a dar cuenta de esas demandas hoy es el Gobierno nacional.

Algo más:

  •  No desde ahora, muchachos. Por lo menos desde el Indoamericano, en diciembre de 2010, debería formar parte de nuestro sentido común que los problemas concretos de la gente son a esta altura de la velada responsabilidad del kirchnerismo. Que no hay “apelación a los duhaldismos” que te venga a salvar cuando hay compatriotas que se ven acechados por riesgos absurdos ahora, en 2012.
  • Al igual que podríamos pensar que si no se hubieran estatizado las AFJP (o tantas otras cosas que hizo el kirchnerismo) hoy estaríamos con la mierda hasta el cuello, sabemos -debemos saber- que hay otras cosas que no se hicieron o que se hicieron mal y que bien pueden comenzar a cubrirnos no precisamente de flores si no se acierta con las políticas.

¿Y entonces? Cuando todavía todos te miran para que resuelvas las cosas es porque las cosas se pueden resolver. Soy de los que creen que incluso se puede decir “nos equivocamos en esta área de política pública y vamos a cambiarlo así”. Aún si no se quisieran usar las palabras, es posible meterle mano a las políticas.

De hecho, la presidenta Cristina Kirchner ya metió varios cambios de frente desde fines de 2010 a esta parte sin decir “agua va” y resultaron avances (Ministerio de Seguridad, Schoklender, José Pedraza, reordenamiento de subsidios, por ejemplo).

Me parece que es posible. Pensemos: si a la compañera Dilma Rousseff algunos la elogian por impulsar la renuncia de varios de los ministros de las que ella misma había sido jefa de Gabinete durante cinco años (te presento a tus ministros, Dilma, mucho gusto), a la compañera Cristina tendrán que elogiarla si logra cambiar las políticas que se necesiten para responder a las demandas pendientes. (Perdón la ironía).

Pero para avanzar hay que hacerse cargo. Dice Max Weber en un texto tan bello como contundente:

Cuando las consecuencias de una acción realizada conforme a una ética de la convicción son malas, quien la ejecutó no se siente responsable de ellas, sino que responsabiliza al mundo, a la estupidez de los hombres o a la voluntad de Dios que los hizo así. Quien actúa conforme a una ética de la responsabilidad, por el contrario, toma en cuenta todos los defectos del hombre medio (…), no se siente en situación de poder descargar sobre otros aquellas consecuencias de su acción que él pudo prever“.

En esta semana horrible, creo que leer otra vez aquel final vale la pena:

La política consiste en una dura y prolongada lucha contra tenaces resistencias, para las que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura. Es completamente cierto, y así lo prueba la Historia, que en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez. Pero  para ser capaz de hacer esto no sólo hay que ser un caudillo, sino también un héroe en el sentido más sencillo de la palabra. Incluso aquellos que no son ni lo uno ni lo otro han de armarse desde ahora de esa fortaleza de ánimo que permite soportar la destrucción de todas las esperanzas, si no quieren resultar incapaces de realizar incluso lo que hoy es posible. Sólo quien está seguro de no quebrarse cuando, desde su punto de vista, el mundo se muestra demasiado estúpido o demasiado abyecto para aquello que él ofrece; sólo quien frente a todo esto es capaz de responder con un ‘sin embargo’; sólo un hombre de esta forma construido tiene ‘vocación’ para la política“.

(Revolviendo encontré algo, para quien quiera leer un poco más).

Foto.

Nicolás Tereschuk (Escriba) : "Escriba" es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM). Me interesa la política y la forma en que la política moldea lo económico (¿o era al revés?).