Los políticos online y el maní

Homero está sentado en su sillón, dispuesto a comer su maní. Se da cuenta de que tiene en sus manos uno sólo, el último de ellos, que ya no queda ninguno más. Ese maní se cae. Homero se agacha para buscar debajo del sillón y en su búsqueda encuentra 20 dólares.

-“Veinte dólares, yo quería maní”, exclama.
Su cerebro le responde: “veinte dólares compran mucho maní”.
-“Explica cómo”, reclama homero.
-“El dinero se intercambia por productos y servicios”, sostienen sus sesos.

Acto seguido, viene una ráfaga de viento y se lleva volando el billete.

La anterior no sólo es una gran escena de un excelente capítulo de una de las primeras temporadas de Los Simpson (que son las únicas buenas, porque a partir de la décima son casi todas una cagada). Es también un claro ejemplo de una persona que confunde lo que cree necesitar con lo que necesita de verdad. ¿A qué viene todo esto, además de una excusa para hablar de Los Simpson? A la política e internet, por supuesto.

Con todas las innovaciones tecnológicas ocurre que se la considera la solución mágica a todos los problemas, en lugar de una alternativa o una superación de lo existente. No estaba vivo cuando inventaron la televisión, pero imagino que entonces decían que iba a reemplazar a la radio, bajar el analfabetismo, curar el cáncer, cocinar un bife de chorizo sin humo y resolver el dilema del huevo y la gallina. Lo mismo que ahora pasa con internet, supuesta transformadora de todo en todas las áreas.

Me causa mucha gracia cuando dirigentes políticos de primera línea con escasa representación social y nula inserción territorial deciden cubrir esas carencias con internet. Nunca falta el comerciante de buzones que les vende el modelo Obama y les arma una web, un blog, un facebook, un myspace, un canal de youtube, un twitter, un foro y hasta un dominio en YouPorn, para luego disfrutar de su retiro en el Caribe con lo recaudado en los bolsillos.

El pensamiento mágico de estos políticos y la persuación de los webmasters les hace creer que con eso alcanza. Estos expertos 2.0 no explican que el modelo de campaña de Obama se basó en algo que ellos no pueden comprar: miles de militantes en todos los estados que no sólo participaban en esas redes, sino que estaban ahí cuando era necesario hacer el traspaso hacia el terreno de lo real. Mala prensa tienen el barro y la realpolitik hoy en día.

Eso no sería tan grave por sí sólo. Al fin y al cabo, de esos candidatos sin representatividad se encarga el darwinismo electoral. Sus redes sociales suelen ir a parar a ese limbo de la web donde caen, por ejemplo, junto al 95% de los blogs, que no se actualizan. El problema es cuando se cree que internet reemplaza también el sentido común. O cuando se piensa que la red es un jardín vallado y virtual donde nada puede afectarlos.

Entonces te puede pasar como a la reciente diputada nacional electa por la ciudad de buenos aires, Gabriela Michetti, que se metió a ese monstruo llamado Twitter. Que encima es el monstruo de moda, por ende la futura cura contra el analfabetismo, el cáncer, y el dilema del huevo y la gallina. Pero en lugar de dejar a un asesor 2.0 como hace la mayoría, Michetti se puso al frente ella misma. Y publica lo que hace. Y lee lo que otros escriben. Y a veces hasta responde.

No digo que esté mal, de hecho me parece muy loable. El problema surge cuando aparece un boludo como uno y le pregunta por la patota de la UCEP y la designación de Jorge “El Fino” Palacios. Sí, ese policía responsable de la represión porteña en diciembre de 2001 al que deben haber llamado por su inteligencia en lugar de su prontuario, como Grosso durante el interinato de Rodríguez Sáa. Y vos, que te votaron 561.847 personas hace menos de una semana, con unos quince puntos menos que hace dos años, salís a defender a Palacios. Y decís que no tiene ninguna denuncia ni causa abierta. Sí, igualito que el Adolfo en 2001.

Una de las razones por las cuáles Google un día dominará el mundo es que indexa todo lo publicado casi al instante. Una vez que vos escribís algo, queda archivado en un rincón de internet. Es casi irreversible e inevitable. ¿Entienden lo que puede pasar con esto que acaba de escribir dentro de una semana, cuando la decisión política de designar a Palacios sea insostenible? ¿O en unos meses, cuando la UCEP tenga más denuncias por represión?

Si hasta yo, que soy un pelotudo con blog, entiendo que el nombramiento de Palacios es un error político, ¿entenderán ellos que internet otorga más responsabilidad que impunidad? ¿Que es un territorio donde el relato mediático pierde fuerza y ganan espacio las personas? ¿Saben que los defensores de The Pirate Bay tienen representantes en el parlamento europeo? ¿Son conscientes de que un día puede haber un diputado de Taringa? ¿Saben siquiera qué son esas cosas?

Internet, en definitiva, no reemplaza al territorio. Es otro tipo de territorio. Por ahora más complicado y con poca recompensa política. Pero crece, y cambia. Tiene una lógica que puede parecer difícil, pero es simple de entender: Veinte dólares compran mucho maní. Y la red no reemplaza al sentido común.

: Facundo Falduto nació en Lanús durante la presidencia de Alfonsín. El destino lo llevó de chiquito a otra vida en otro lugar. Es redactor, escribiente, algo parecido a un periodista, y editor de blogs (?). Miente mucho y a veces habla en tercera persona, como ahora.