Vox populi

Jacques_callot

Dejemos por un momento de lado a los voceros del kirchnerismo. Bien. Todos los dirigentes o sectores políticos con alguna vocación de gobernar la Argentina (digo esto en sentido amplio) han dicho más o menos lo mismo ante los saqueos registrados en las últimas horas.

  • Lo hizo la intendenta socialista de Rosario, Mónica Fein, al señalar que “todas estas acciones tienen que ver con una base delictiva, no son movimientos sociales en situación de vulnerabilidad”. Algo similar manifestaron ministros del gobernador Bonfatti.
  • El gobernador Daniel Scioli apuntó a su vez a sectores que quieren “desestabilizar” o generar “una sensación de caos“.
  • El intendente Sergio Massa consideró que “los que saquean están robando y son ladrones“. El intendente de San Fernando, Luis Andreotti, integrante de su mismo sector político, habló de “una mano negra” y dijo que quienes participaron de los saqueos “no tienen hambre“.
  • Su par de Ituzaingó, Alberto Descalzo, habló de hechos “organizados” y dijo que “no hay crisis para que ocurran este tipo de cosas“.

Se le podrían sumar otras opiniones:

Sabemos todos que el  Gobierno, en una línea complementaria de esta, apuntó contra dirigentes sindicales con nombre y apellido.

Dos o tres impresiones que no tienen sustento estadístico (para eso estaban los blogs ¿no?):

1) Esto que dicen estos dirigentes -caracterizar los saqueos que vimos como hechos “delictivos” y “organizados” donde no intervino “el hambre” ni una crisis social como detonante- es lo que piensa la mayoría de la población. Hablo de los laburantes, los que salen todas las mañanas a trabajar, las familias que la reman todos los días. Arriesgo incluso: tanto más así piensan los trabajadores cuanto más abajo están en la pirámide social. Saquemos del análisis por un momento a ese sector “ultra enojado” que responsabiliza de todos los males a Cristina, que también trabaja, sí. Ampliemos el foco a todo el territorio nacional, a los que van y vienen, a los que llenan el transporte público y abarrotan las calles, los que viajan a visitar a sus familiares en el interior por las Fiestas, los que han podido comprar algún regalito de navidad.

2) Frente a esta mayoría “segura”, esta mayoría “de encuesta”, las afirmaciones de distintos sectores políticos y, a su modo, del Gobierno, diferenciando lo ocurrido de saqueos de otros momentos (1989, 2001) están “correctas”, no hay problema. Sin embargo, tienen un efecto algo redundante. Su “veracidad” ya estaba dada: surge de “abajo” hacia “arriba” y al revés dice poco.

3) Como toda verdad “de sentido común” sirve, pero no alcanza. El que quiera estar un paso más adelante, tiene que tomarla, si le parece expresarla, pero a la vez cuestionarla, ponerla entre paréntesis, digamos. Sobre todo el Gobierno, a quien no le sirve a esta altura discutir quién es responsable de cada cosa en un país tan complejo como este. Sobre todo porque sigue siendo el Gobierno la única “ventanilla para reclamos”, el único actor que es visualizado como contando con posibilidades de resolución de problemas, de conflictos.

4) Tener “razón”, aún de esta manera, “estadísticamente”, por una cuestión de “mayoría” no es tanto lo que le da combustible a un gobierno sino más bien aquella capacidad de resolución. Y para eso hay que seguir preguntándose cosas. Insisto, aún teniendo “razón”:

¿Quiénes son estos pibes? ¿Qué piensan? ¿Qué quieren? ¿De dónde vienen? ¿Adónde van? ¿Cuántos son? ¿Cuántos más pueden ser? ¿Con quién hablan? ¿Con quién no? ¿Qué anhelan? ¿Con qué sueñan? ¿Cómo es su vida, desde que se levantan hasta que se acuestan? ¿Qué necesitan que pase? ¿Qué necesitan que deje de pasar?

Quizás ya lo sepamos. Quizás ya lo sepa el Gobierno. Me parece de todos modos que es bueno seguir preguntándoselo. Porque de lo que se trata es de  sacarlos de ahí. Y de poder invitarlos a otra cosa.

Foto.

Nicolás Tereschuk (Escriba) : "Escriba" es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM). Me interesa la política y la forma en que la política moldea lo económico (¿o era al revés?).