Cambio de esquema, facciones del capital y márgenes de rentabilidad.
Artemio López viene celebrando, de algún modo, la preeminencia de Binner y Alfonsín en el espacio opositor radical (ligeramente ampliado). Dice que estos personajes encarnan, en mayor o menor grado, una idea de política autónoma respecto de ciertos poderes fácticos corporativos, en contraposición a otros que son directamente marionetas de algunas corporaciones.
Uno de los puntos salientes del momento actual es la batería de reclamos que desde sectores concentrados del capital se hace escuchar, y que tiene que ver directamente con la recomposición de márgenes de rentabilidad.
En la lista de reclamos (pro rentabilidad) incluimos: eliminación de retenciones, plan anti-inflacionario (que permita hacer converger las tasas de interés nominales a la baja, con tasas de interés reales positivas), fin de las actuales restricciones al ingreso de capitales especulativos, devaluación, baja del salario mínimo real (Funes de Rioja dijo que no estaba atrasado sino adelantado).
Algunas son compatibles entre sí. Otras no.
En esta entrada, Lucas Carrasco imagina prioridades de un hipotético futuro gobierno de los que hoy son oposición. Cuáles serían las cosas que propondrían “corregir” del rumbo actual (para recomponer márgenes de rentabilidad). Particularmente no me convenció la idea de que se devaluara y se quitaran las retenciones al mismo tiempo. Me parece que son decisiones incompatibles. Al menos si lo que se busca es mantener cierto tránsito ordenado. La palabra orden es clave. Lucas, en los comentarios, recurre a la hipótesis de un “shock”.
Más allá de las cuestiones puntuales que se reclaman (que mencionamos más arriba) nos encontramos ante la hipótesis de que “recomponer márgenes” pone en contradicción los intereses de distintas facciones del capital.
Concretamente, el modelo alternativo que puede plantear “la oposición” no es uno solo. Porque la recomposición de márgenes de rentabilidad que promulgan unos, no es compatible con la que plantean otros.
Y esto remite otra vez a la idea: eliminar retenciones no es compatible con devaluar.
Siempre y cuando (reiteramos) lo que se busque sea un cambio de esquema armónico, sin “shock”.
Recordar la historia puede servirnos para alumbrar. Tanto la hiperinflación del 89-90 como la crisis 2001, significaron momentos de fuerte recomposición de márgenes de rentabilidad para los dueños del capital más concentrado. No sería nada extraño que evaluaran la posibilidad de recrear condiciones similares. Necesitan el chivo expiatorio político.
Por otro lado, hay analistas que le dan centralidad a la existencia de iniciativas parlamentarias que operan sobre el fondo de estas incompatibilidades. De algún modo, la oposición proyecta leyes que de sancionarse podrían significar factores de insustentabilidad e inviabilidad para el modelo vigente. Básicamente, recortando al Ejecutivo (actual y futuro gobierno, en un eventual cambio de mandato en 2011) recursos a administrar. Y autonomía política para conseguirlos.
Hay que decir que algunos dirigentes opositores se han mostrado más cautelosos que otros al decidir darles impulso a estos proyectos. Ahí está la clave.
Binner y Alfonsín, (estos políticos autónomos de los intereses corporativos al decir de Artemio) deberán prestar especial atención a este trasfondo.
Porque promoverse como autónomos respecto de los intereses corporativos no alcanza. Básicamente, porque no los exime de convertirse (ya siendo gobierno, tal es su intención) en la herramienta que propicie el shock recomponedor de rentabilidades. Y las decisiones que tomen hoy pueden ser decisivas para signar ese destino.
Presupuesto y conspiración
Alcadio Oña se ocupa hoy del tema del Presupuesto 2011.
En principio, me parece que Alcadio tiene problemas para calcular costos. Me refiero a los costos políticos. No alcanza a entenderse por qué debería hacerse cargo del mismo el Ejecutivo, en el caso de que sea el Congreso el que no apruebe un presupuesto para el año que viene.
La idea es bastante previsible: tomar como referencia el presupuesto del año en curso, y ampliar mediante DNU las partidas con los probables excedentes de recaudación.
La Corte Suprema, calculo, no encontraría fácilmente argumentos para dictaminar que no está justificada la existencia de necesidad y urgencia.
Si el Congreso no cumple con su función, al Ejecutivo no le quedaría otra que recurrir a los DNU. El Estado, sin ley de presupuesto, no puede funcionar.
Los que se nieguen, entonces, a aprobar una ley de presupuesto tendrán que hacerse cargo del costo político que esto entraña.
Por lo demás, cualquier modificación (en agenda) de los distintos instrumentos políticos que se usarían en este caso, pondrán a la oposición en el trance de tener que ejercer una visión de un plazo un poquito más largo (tanto quejarse del “cortoplacismo”, y resulta que no ven más allá de octubre del 2011). Por ejemplo, si se dispone que los DNU tengan que ser ratificados por ambas cámaras (y no sólo por una, como es ahora), y que a los 60 días, de no ser ratificados, caducarán, supongo que estarán dispuestos a administrar esas “restricciones” al poder de decisión del Ejecutivo, en caso de que les toque quedar al frente del mismo. ¿Se resignarán a hacer pasar por trámite legislativo cualquier asignación de partidas presupuestarias que afecte excedentes de recaudación, si son gobierno? ¿son compatibles los tiempos legislativos con la asignación eficaz de recursos?.
En este punto, valdría consultarlo con los opositores con responsabilidades de gestión ejecutiva en provincias y municipios. ¿Estarán dispuestos a ceder los “superpoderes” que todas las administraciones usufructúan?
Sería una buena decisión: ligar, en el debate, los argumentos para la caducidad de los “superpoderes” nacionales, con los casos provinciales y municipales.
Legislar para la coyuntura es una forma de ser ineficaz. Las resoluciones ejecutivas, en todo caso, son herramientas más aptas para resolver cuestiones coyunturales que los trámites legislativos (rosqueros, negociables; lo estamos comprobando, y no se privan de denunciarlo con gesto de indignación los mismos que postulaban a este régimen como la panacea de la república hasta hace poco).
Me parece que se está subvaluando el conflicto interno de la oposición en este punto. No todos van a querer bartolear las posibilidades de hacer un gobierno digno en el período 2011-2015. Algunos saben que tienen chances de gobernar, y la oportunidad histórica de recuperar el prestigio dilapidado.
Pero hay algunos otros, ojo, que sí apuestan a ello. A no confundir. No quieren que caiga Cristina. Prefieren que le entregue el poder a un Gobierno débil de origen. Algunos opositores (los más “moderados”) tendrán que cuidarse de las conspiraciones que se traman en el propio patio de su casa.
Como dice el gran vende humo y autobombisto, ampliaremos.
La “izquierda” y el dilema de crecimiento
Varios ejemplos de fuerzas políticas con un discurso autoreferenciado en la izquierda ideológica hay en la historia reciente de la Argentina, para trazar paralelismos con lo que les ocurre en la actualidad a algunos liderazgos.
El primer elemento a resaltar es la raigambre porteña, por ahí extendida a otras pocas ciudades y a algunos partidos del GBA, de estas fuerzas. Nacen en ciudades grandes, que son los únicos lugares del país donde existe un sector relativamente numeroso de la sociedad permeable a la identificación con el concepto “izquierda”. Relativamente numeroso significa menos de un 10% del padrón electoral.
Pero esta misma oportunidad, a poco de andar, se convierte en un límite. Esas mismas ciudades, mayoritariamente habitadas por clases medias, encuentran un sector bastante más amplio de la sociedad refractario a la aceptación de tal referencia ideológica. Y más todavía, refractario al conflicto, al enfrentamiento con el capital concentrado. No tanto la palabra “izquierda” sino las acciones consecuentes alejan a estas fuerzas políticas de la posibilidad de crecer en los territorios que les dan origen.
Los ejemplos, a esta altura de intuición sencilla, son varios. La “izquierda” enfrenta el dilema de crecimiento. Abandonar sigilosamente el discurso sobre el cual pudo hacer pie, para ir avanzando en uno de aceptación más probable por parte sectores sociales más amplios, menos militantes pero con más votos (lo cual promete más cargos) es casi un acto intuitivo.
Se esconde entonces en un cajón olvidado la foto con Chávez y se empieza a hablar del pacto de la Moncloa y las virtudes de Felipe Gonzalez (un hombre de diálogo y consenso…con las grandes corporaciones para las cuales hoy hace lobby). O se renuncia a las diatribas contra grupos económicos concentrados para adoptar la defensa incondicional de nuestro proveedor de internet, cuya ausencia, de sólo imaginárnosla, nos provoca una sensación metaforizada con la muerte o la locura.
Nada que no se haya discutido muchísimas veces, lo dicho hasta acá. Pero tiene un corolario que vaya a saberse por qué nos cuesta aceptar. En Argentina, el clivaje “republicanismo – populismo” sigue siendo más potente que “izquierda – derecha”.
Por eso tal vez, no podamos esperar actitudes contestatarias para con el status quo provenientes de otro lugar que del populismo. Al que no le guste, puede proponerse un objetivo de largo plazo para modificarlo, pero en el corto…resignación.
La “izquierda” tiene que vencer muchos obstáculos antes de poder enfrentarse con el establishment.
Solanas
Pino Solanas es un referente político al que el gobierno teme (en términos de estrategia para la construcción política, digo).
La voz de Pino, para tener alcance, necesita amplificación. Su construcción política es mediática, no territorial. El partido que fundó es personalista. Empieza en él y termina, no digo en él, pero a no más de 3 o 4 pseudo cuadros sin base. Sin embargo, difundido por la prensa profusamente, su discurso hace mella, y arrastra seguidores, en cantidad atendible en centros urbanos (de hecho, hasta podría ser primera fuerza en CABA si se decidiera a conseguirlo).
Tiene una diferencia fundamental con otros liderazgos de su misma especie: la referencia ideológica de su discurso. Pino es izquierda nacional.
Por este camino, además, su poder de fuego “por izquierda” se diluye inexorablemente.
Wi-Fi y pobreza
De Vido dijo que en 120 días va a haber Wi-Fi gratis en todo el país. Un poco jactancioso el anuncio. Los que saben del tema podrán decir si técnicamente es viable. Pero no es eso lo que me importa destacar.
Jubilaciones
Si bien los acuerdos entre los bloques parece que tienen algunos problemitas, la inminencia del tratamiento de un proyecto de ley que fijaría la jubilación mínima en el 82% del Salario Mínimo, Vital y Móvil, es una buena ocasión para tratar el asunto y exponer algunos elementos no demasiado visibilizados.
El clásico sudamericano
Elemaco, en economista serial crónico, viene publicando una serie de posts en los que busca demostrar que el “modelo kirchnerista” es insustentable.
En el último, basa su razonamiento en que la inflación alta genera pobreza, y que si esto no estalló todavía en una crisis y los indicadores sociales se mantienen estables desde 2006, se debe a la utilización de “balas de plata” (AUH, jubilaciones) que sólo fue posible disparar merced a la existencia de un contexto cercano al óptimo (términos de intercambio favorables) y “últimos recursos” que tienden a agotar stocks que ya no podrán utilizarse en el futuro (ANSeS, arcas fiscales con ingresos extraordinarios).
Cada vez que se menciona la idea de que la inflación en Argentina sea una consecuencia no deseada de un proceso que combina crecimiento de la economía, términos de intercambio favorables (precios relativos altos para los alimentos a nivel mundial) y puja distributiva, se pone el contraejemplo de Brasil. Este post de Elemaco, de hace un mes, es un caso.
Es cierto, los progresos en Brasil de los indicadores sociales y la distribución del ingreso son notables, y Lula tiene muy merecida la alta estima. Pero… también hay que hacer algunas salvedades, para ver completo el panorama.
Primero, los indicadores sociales de Brasil, tan mejorados por este proceso inédito en cuanto a redistribución del ingreso, no son mejores que los de países atormentados por la máquina de generar pobres que es la inflación alta, por ejemplo Argentina.
Para no abundar demasiado, el Índice de desarrollo humano de la ONU sigue dándole mejor al “fabricante de pobres” que al “progresista mais grande du mundo”.
La mayor valuación de la moneda brasilera puede tener algún efecto sobre la medición de pobreza e indigencia, ya que tiende a sobreestimar el poder de compra de los ingresos, también. Pero más allá de eso, es correcto afirmar que los mayores avances en cuanto a disminución de la pobreza, Brasil los ha dado de la mano de subsidios directos (“Hambre cero”, “Bolsa de comida”). Entonces, no es justo señalar como salvedad que Argentina se valió de recursos fiscales extraordinarios para llevar a cabo políticas de amortiguación de los efectos de la inflación, ya que también los ingresos fiscales brasileros, utilizados para estos planes, provienen como efecto de un ciclo ascendente, de crecimiento de la economía.
En cuanto al orden macro, y el equilibrio externo, si los favorables términos del intercambio (o sea, que estén relativamente altos los precios de lo que exportamos) son el sostén que nos salva de la restricción externa que nos haría entrar en una espiral de devaluación-inflación, al tiempo que son el viento de cola que nos hace crecer ¿qué decir de la avalancha de dólares que recibe Brasil por su cuenta financiera, lo que le mantiene en orden la balanza de pagos y le permite al banco central seguir aumentando sus reservas a pesar de tener una cuenta corriente deficitaria? ¿No son las bajas tasas de interés en dólares una suerte de “viento de cola” para la economía brasilera, que le sostiene el orden de la macro? ¿No tendría que devaluar Brasil si el flujo se le cortara?
¿Y cuáles serían los efectos “sociales” de tal situación? Porque (la verdad) a los pobres las tasas reales positivas y el “investment grade” les importan tres carajos.
Es llamativo realmente que, cuando se compara a Brasil con Argentina a nadie se le ocurra pensar en que la diferencia fundamental es el grado de diversificación productiva.
Brasil no tiene un “campo”, un “cobre”, del cuál dependa con tanta fuerza el ingreso de divisas. El aparato productivo brasilero está diversificado, y sobre la base de la tenencia de instrumentos creados a los fines de fortalecer tal status, tiene en funcionamiento una compleja maquinaria de apoyo a sus actividades productivas diversas. Repito: diversas.
Entonces, y apoyándonos en esta diferencia de base, sin la puesta en marcha de políticas que sostuvieran artificialmente un tipo de cambio real alto tal vez tendríamos una inflación “brasilera”, pero ¿sería de 8% el desempleo en Argentina, o mayor? ¿Cuánto mayor?
La macro argentina habría que compararla con la brasilera de hace 30 años, para tener un panorama más completo.
Una propuesta sincera
Carlos Melconian, más allá de la ideología en que se inscribe su pensamiento, goza de reconocimiento por contar con muchas virtudes en materia técnica.
Y para quienes no coincidimos con él, tiene una virtud muy apreciable (por el contraste con algunos de sus colegas): es sincero.
Escucharlo hablar, en sus esporádicas visitas a programas de cable en los que se explaya sobre la situación actual de la economía argentina y abunda en recomendaciones correctivas de política económica, puede servir, a quienes necesiten despejar alguna duda, para determinar claramente cuáles son las cosas que están en juego cuando se opina de conceptos aparentemente neutros.
Lo recomiendo. Mientras tanto, hago una exégesis sin una fuente determinada.
Hoy, Carlos Melconián anda preocupado porque “las cuentas no cierran” (y se refiere a las fiscales). Dice que desde 2003 la presión fiscal aumentó en 10 puntos, y que aún así el esquema económico actual insume una cantidad de recursos fiscales que no le permite al Gobierno tener un superávit robusto.
Aclaración: él incluye en la cuenta, por ejemplo, los adelantos transitorios del BCRA, que son deuda de corto plazo que toma el Tesoro (en pesos) y que se cancela contra remesa de utilidades del Banco. Incluye también el incremento de la deuda flotante (producto de diferir obligaciones –“a los productores agropecuarios todavía no les reintegraron por la cosecha de trigo del año pasado!”; tampoco les reintegraron a los exportadores de manzana por las exportaciones de hace tres años; la cosa funciona así desde siempre-). Y arma un consolidado que incluye la situación fiscal de las provincias, también.
Atribuye a esta situación fiscal (que es también cambiaria, de alguna manera) el motivo primero de los desequilibrios macroeconómicos cuyo síntoma es la inflación.
Entonces, dice cosas como que los aumentos a los jubilados del 25%, se dan porque en realidad se les quitó antes (por inflación), que lo mismo pasa con el salario mínimo y con los aumentos en paritarias.
Y propone cortar el círculo “vicioso” de consumo-inflación-recomposición de ingresos. ¿En qué eslabón de la cadena? En el último, en el de los ingresos.
Dice, por ejemplo, que hay que moderar las expectativas de incremento salarial, que no sirve de nada darles plata a los jubilados porque eso no recompone sus ingresos reales más que por un tiempo. Que el Estado tiene que aflojarle a la presión fiscal, por un lado, y por el otro dejar de gastar. Y así, sacándole plata de la mano al que consume, en el mediano plazo (mediano plazo significa unos años) la inflación convergería en números aceptables, similares a los de los países serios como Perú (no se rían, irrespetuosos).
Entonces, creo que aprendí: con salarios y jubilaciones congelados y precios “en aumento decreciente hasta converger en una inflación de un dígito”, se recompondrían los márgenes de las empresas (por lo menos de las más importantes), y, sin la obligación de reinvertir utilidades para satisfacer un consumo sobrecalentado que ya no existiría, ni de remarcar precios para “hacer frente a los aumentos del costo salarial”, podrían dedicar más tiempo a la composición de su portafolio financiero, ya que contarían para eso con los excedentes que ya no se apropia el consumidor, cosa que se nota porque (que se le va ´cer) ya no consume como antes. Reglas claras, seguridad jurídica, que nos permitan tener un horizonte a la vista, para invertir a largo plazo, como pasa en Botswana, por ejemplo.
Bueno, qué sé yo, son ideas. Al fin y al cabo todos tenemos la obligación de aportar lo nuestro para combatir el flagelo de la inflación, no?
El Fondo de Garantía de la ANSeS
La decisión de capitalizar a la ANSeS estatizando la administración de los fondos que manejaban esas entidades financieras de ahorro forzoso llamadas AFJP, fue una de las decisiones más trascendentes que se tomaron en los 7 años de “era K”.
Muchas cosas se dijeron y se dicen sobre el tema, lo cual nos impulsa a hacer un pequeño punteo.
Con la decisión el Estado recuperó un stock que en aquel momento era de 90.000 millones de pesos aproximadamente. Este stock estaba repartido en distintas inversiones: más de la mitad eran títulos públicos, y el resto se repartía entre plazos fijos constituidos en el exterior y acciones u otros activos financieros (las inversiones menos conservadoras, digamos).
Por el otro lado, la otra pata del asunto es el flujo, que podemos dividirlo en dos, de acuerdo a las fuentes de donde proviene: por un lado, están los aportes de la población activa, y por otro lado, los rendimientos de las inversiones que mencionábamos cuando hablábamos del stock.
El cambio de sistema (de capitalización a reparto) significó una modificación esencial de tipo financiero. Simplificando mucho, decimos:
En el sistema de capitalización, el stock se ve potencialmente afectado al pago de jubilaciones, mientras que el flujo es el dinero disponible en el corto y mediano plazo para la inversión.
El sistema de reparto cambia esa concepción: le sustrae al (mini) mercado de capitales el flujo (que se usa para pagar jubilaciones actuales, por lo cual ya nadie financia con esa plata, digamos…, al Grupo Clarín comprando sus acciones), y deja disponible el stock, que se ve liberado de obligaciones futuras. Esa guita es la que constituye el llamado Fondo de Garantía.
Esta situación ha provocado que cada vez que la ANSeS decide invertir parte de este stock, desde la oposición y algunos medios de comunicación se infundiera la idea de que la plata se va acabando. Esta falsedad queda desmentida, primero, en el hecho de que el Fondo de Garantía hoy es bastante mayor a cuando se realizó la estatización (150.000 millones de pesos). Esto se debe a varias cosas: las inversiones realizadas van rindiendo (los plazos fijos pagan intereses, etc.), muchos títulos y acciones se encontraban deprimidos en su cotización en aquel momento y la han mejorado (esto es meramente contable por lo pronto, digámoslo también), etc.
Y el otro elemento que desmiente la idea falsa es que en el cálculo de la ley de movilidad jubilatoria por la que se dan dos actualizaciones anuales de las jubilaciones, se incluye como uno de los componentes el resultado financiero de ANSeS. Si el Fondo de Garantía se fuera licuando, si las obligaciones de ANSeS crecieran más que sus ingresos, los aumentos del 25% anual (de 2010) serían imposibles (a ver, no es solamente que no se podrían pagar, la ley está pensada justamente para que, si no se pueden pagar, directamente no existan).
El proceso que la ANSeS está haciendo con el Fondo de Garantía, entonces, es el de ir aumentando la proporción de inversiones en actividad productiva. Este tipo de inversiones tienen un retorno “doble” para la ANSeS: una parte, a través de la simple devolución del préstamo por parte del prestatario, al interés estipulado (en general menor al del mercado), y otra parte (que compensa el subsidio de tasa), a través de engrosar los aportes que ANSeS recibe por los nuevos trabajadores que su financiamiento de actividades productivas vaya generando.
Este proceso será lento, pero la decisión está tomada. Los ahorros argentinos irán dejando de financiar las hipotecas subprime norteamericanas, o las operaciones financieras de grandes grupos económicos cuyas acciones cotizan en bolsa, para pasar a ser una fuente de financiamiento para la generación de empleo.
Lógicamente, no todo el Fondo podrá afectarse a esas inversiones, sino que una buena parte permanecerá en papeles más seguros.
Pero lo mejor de todo el proceso es que hay condiciones para mantener la virtuosidad del círculo.
Fútbol metropolitano – Fútbol federal : a raíz de un comentario de Juan Pablo Varsky
Juan Pablo Varsky en su programa radial matutino hizo una síntesis muy buena de la situación que se presentó en AFA con los clubes de las provincias que participan del Torneo Argentino. El problema surge, como siempre, por el reparto de la guita. Aducen los clubes que lo que les toca en la repartija de AFA no les sirve para financiar la participación en un torneo que se profesionaliza a gran velocidad, y que insume mucha plata por viajes, hoteles y demás. Un reclamo totalmente lógico, que derivó en amenazas por parte de los clubes de no comenzar a jugar, situación que habría sido conjurada por una patoteada de Grondona (me cuesta mucho creer que solamente con amenazas de guapo Grondona pueda infundirles miedo a tantas personas; creo que debe haber algo más para que tantos se le disciplinen, quiero decir, vincularse a AFA debe ser económicamente mucho más atractivo que desvincularse, pero bueno, de mitos también vive el hombre, y el interés económico compartido le quitaría cierto aura heroico a los dirigentes que se oponen a las decisiones de Grondona, que por algún motivo deben querer conservar).
El tema es que una vez hecho el reconocimiento de que la situación para los clubes de las provincias es sumamente injusta, y se basa en una diferencia discriminatoria fundamental (que está muy ligada, de paso, con la estructura fundacional de la Argentina que en dos siglos no fue corregida en sus puntos básicos), y que el futbol argentino tendría que intentar federalizarse en serio de una vez por todas, no creo que la situación actual sea un retroceso respecto de situaciones anteriores, sino lo contrario.
Tengo unos recuerdos hermosos de la época en que se jugaban los torneos nacionales, con clubes de las provincias que no estaban afiliados directamente a AFA, que eran invitados a jugar un torneo corto de unos tres meses junto con los clubes de primera. Las primeras veces que mi viejo me llevó a la cancha, cuando tenía 5 o 6 años, era para ver jugar a Vélez contra Guaraní Antonio Franco de Misiones, Atlético Concepción de Tucumán o Deportivo Roca de Río Negro.
Pero la verdad es que aquella organización que Grondona heredó era casi siempre infamante para los clubes de las provincias, que venían a jugar contra los equipos de Primera División profesionales, en desigualdad de condiciones. Salvo honrosas excepciones pasaban unos papelones gigantescos.
La reformulación de los torneos que hizo Grondona, primero incorporando a los equipos cordobeses definitivamente a los torneos de AFA (metropolitanos), y después con la creación del Torneo Nacional B, configuró un estadio superior en la inserción de los clubes provinciales, en una institución meramente metropolitana como sigue siendo la AFA a pesar de algunos pocos avances (otro es la creación del SADRA de Marconi que, con la funcionalidad infame que tuvo en algún momento, permitió incorporar árbitros de las provincias al fútbol de primera).
Lo que me gustaría es que no idealizáramos épocas viejas, y que le diéramos los méritos justos a cada actor. Grondona no hizo todo lo que se debería hacer por desarrollar el fútbol en las provincias. Es cierto.
Pero hasta hace 25 años prácticamente no existía la participación en serio de equipos del interior en torneos de AFA, no recibían plata, no había una regularidad en los cupos de modo tal que los clubes pudieran ir creciendo y acondicionándose a lo que implica participar en torneos profesionales (con la estructura de los viejos nacionales, un equipo que tenía la suerte de llegar a semifinales, por ahí después pasaba 4 o 5 años sin volver a jugar un nacional, o sea que lo bueno que había hecho se dilapidaba enseguida).
Poco (poquísimo todavía), esa casi nada que hay hoy, es bastante más que lo que había hasta el año 85. ¿Es excusa para disculpar a Grondona por lo que no hace o lo que hace mal? No. Pero me parece necesario aclarar que no todos los cargos le corresponden a él.
A esta altura, tendría que pedirle a Grondona que me tire unos mangos, o al menos que me pegue unos bifes o me amenace ;-)
Facultades delegadas III
Independientemente de que nadie parece reparar en que las facultades delegadas afectan a una multitud de leyes y no solamente a la fijación de alícuotas de los impuestos aduaneros, se discute actualmente acerca de los alcances “hacia atrás” de la suspensión de la delegación.
No es intención meternos en cuestiones de derecho (para eso hay especialistas), pero nos cuesta encontrar una justificación desde el sentido común a la postura “Sabsay”. Creeríamos que cuando la delegación cesa, sus efectos son “hacia adelante”. Lo dispuesto mientras la delegación estuvo vigente debería tener vigencia hasta que el nuevo encargado pudiera disponer una modificación.
Ahora, si el criterio “Sabsay” se impusiera, estaríamos ante un caso de gravedad institucional que los actores responsables no están considerando (y hacen mal). Los impuestos aduaneros de todo tipo irían a cero (estuvieron alguna vez en cero? por qué motivo creer que “cero” es el número anterior a la delegación? qué problema éste!).
Tendríamos que ver, por ejemplo, qué pasa con el Nomenclador Común del Mercosur, en ese caso. O con las retenciones al petroleo. Etcétera, etcétera, etcétera.
Ahora, más allá de estas cuestiones que solo sirven para poner en ridículo la liviandad con que se hacen declaracioens mediáticas sin correlato institucional, podría encararse también una discusión de fondo, en relación con la facultad de fijar las dichas alícuotas, a quién debería corresponderle y en virtud de qué criterios.
Teniendo en cuenta que los impuestos aduaneros tienen que ver indirectamente con un posicionamiento estratégico, pero que el valor de las alícuotas se relaciona directamente con situaciones coyunturales de mercado (como los precios relativos, o la situación económica de países competidores de la producción nacional) pareciera no haber demasiado fundamento a que tal fijación o su modificación dependan de la sanción de una ley.
La ventaja de que tales decisiones surjan de resoluciones ministeriales la da la necesidad de que se actúe de manera expeditiva, resolutiva, y que los actores encargados de tomar la decisión no se embarquen en discusiones que, una vez saldadas terminen enfrentando una realidad totalmente distinta a la del momento en que se planteó el inicio de la discusión.
El desfasaje temporal hace que si las facultades recayeran en el Congreso, nos encontráramos casi casi ante una aberración.
La oposición vuelve a dar muestras de una irresponsabilidad suprema.
Más sobre la AFA.
La Nación publica una editorial hoy, comentando sobre el despido de Maradona de AFA. Tengo que reconocer que algunas de las opiniones sobre la actitud de Maradona se parecen bastante a las que vertí en un post anterior (es decir, por ahí ya soy parte de la “derecha”).
Pero otra vez me veo impulsado a salir en defensa del diablo.
No me gusta el modo imperativo que el diario usa para opinar sobre Grondona: “debe irse”. De hecho uno puede opinar que al futbol argentino le vendría bien que Grondona dejara de ser el presidente de la AFA para que lo reemplace algún otro mejor (debe haber alguno). Sin embargo, en esa opinión, a veces, puede mantenerse subyacente una idea netamente reaccionaria.
¿En virtud de qué puede el diario La Nación imponerle a Grondona una decisión de esas características? La realidad muestra que la AFA es una entidad autónoma, con reglas de funcionamiento que, nos gusten o no, están legitimadas por la decisión mayoritaria y unánime de sus miembros, y que le asiste el derecho (a la institución) de darse las autoridades que le parezcan mejores en cumplimiento de lo reglamentado. Este debería ser el primer reconocimiento. Nuestro sentido común (construido durante largos años) sin embargo, no reconoce en la primera impresión esto, y por lo tanto vale siempre volver a hacerlo explícito.
Intento clarificarlo con una pregunta: ¿A alguien se le ocurriría sugerir que el Gerente General del diario La Nación “debe irse”, porque no es ético que intente ser “el presidente a perpetuidad de la institución”?
Entocnes, ¿cuál es el derecho que asiste al diario La Nación para poder determinar de qué modo una entidad autónoma debe decidir quiénes son sus autoridades? Porque, digo, Grondona está donde está por derecho adquirido legítimamente. Los que no lo quieren tienen el mismo derecho a “tejer” para erigirse como reemplazantes (tarea para la que se han mostrado incapaces quienes la han encarado hasta aquí). Esto también hay que explicitarlo, porque un vago clima de opinión parecería sugerirnos lo contrario.
Esto es independiente, por supuesto, de la opinión que uno tenga sobre cómo maneja Grondona la AFA. No defiendo una gestión que, como todas, tiene puntos altos (pocos) y bajos (muchos), y tiene desde lo ideológico mil cosas para reprochársele.
Ahora, creo que no podemos permitirnos, tampoco, consentir la hipocresía de tipos (no sé si todos en LN, pero los hay) que se rasgan las vestiduras porque Grondona lleva 30 años como presidente de la AFA, y al mismo tiempo defienden a capa y espada la “independencia” del directorio de una empresa mal habida, cuyo gerente general lleva 35 años en el cargo (y me gustaría que alguien me explique por qué sería distinto un caso de otro).
Otra vez tenemos que hacer el ejercicio de mirar alrededor y ver qué hay. Y hoy, el debate más desafiante del poder de Grondona que se está dando dentro de la AFA, es el que encaran los clubes grandes (con la presencia de Vélez, cuyo presidente Raffaini se convirtió en vocero del reclamo) para recibir una cuota mayor de los derechos de televisión, en detrimento de los clubes chicos.
Grondona será un desastre, indefendible, etc.. Pero no por eso voy a comprar los espejitos de colores de tipos facheros, bien peinados, con discurso elegante. Porque hasta aquí, la única diferencia que encuentro entre unos y otros, es que unos se comen las eses, y los otros no.
Vindicación de Grondona.
Voy a oficiar de “abogado del diablo”. Con objetivos no demasiado trascendentes, sino apuntando solamente a lo que tiene que ver con la decisión de AFA de no renovar su vínculo con Maradona (y algunas otras cositas, tal vez, conexas).
La Argentina quedó afuera del Mundial en cuartos de final. La campaña es aceptable, podríamos decir, pero no llega a buena. Un sorteo benéfico en primera ronda permite que el cálculo de puntajes y diferencia de gol nos ubique en un ficticio 5º puesto. Sumando más que equipos que terminaron por encima, como Uruguay. Pero bueno, el reglamento del Mundial es ese: vale más un empate en cuartos de final que ganar 4 a 1 en primera ronda.
Hasta ahí todo bien. Se perdió con Alemania, después de todo. El resultado, sin embargo, fue abultado. Y un poquito avergonzante para una selección como la Argentina (que no se comía 4 goles en un Mundial desde 1974, situación que derivó, en aquel entonces, en una revolución al interior de AFA).
En cuanto al “cómo”, coincido con los que dicen que no había argumentos futbolísticos suficientes para hacer una defensa cerrada de Maradona. Teníamos la posibilidad histórica de armar el mejor plantel (probablemente) de la historia argentina. Maradona, sin embargo, tuvo dificultades para forjar una idea propia de juego y sostenerla. Algunos de sus cambios de criterio desorientaron hasta al propio entrenador.
Maradona es Maradona, sin embargo, y a él siempre se le puede perdonar un poquito más. Lo que no se puede hacer es negar que se perdió y de una forma dolorosa.
Maradona, en cambio, optó por actuar como si se hubiera ganado. Y (peor) quiso obligar a los demás a que actuaran como si hubiera ganado.
Primero diciendo que tenía que consultar con su familia si seguía o no (debió haber puesto su renuncia a disposición, a mi modo de ver). Después, no atendiendo el teléfono de los que lo llamaban para charlar sobre su continuidad. O postergando reuniones para atender otros compromisos. Y finalmente, diciendo que si le tocaban al utilero y al masajista se iba, cosa que está perfecta, pero se lo debía comunicar primero a Grondona (que mal que nos pese es el titular de la AFA elegido casi por unanimidad), y después a sus amigos ocasionales que trabajan en los medios (y que, casualmente, son voceros de los enemigos de Grondona).
La verdad es que si alguien quiere mantener un mínimo de autoridad, en esas condiciones, no le queda otra que no darle continuidad al técnico.
Y es lo que Grondona decidió.
Se le achaca la forma. Se dice que debió haber respetado la trayectoria de Maradona, diciéndole la “verdad”. Que es una tomada de pelo que le haya cuestionado el cuerpo técnico entero (explícitamente incluidos el utilero y el masajista). Ahora, ¿por qué pedirle a Grondona que diga la verdad que nadie dice?
¿Por qué Grondona debía asumir directamente y a cara descubierta el costo político de echar a un Maradona que se echó solo? ¿Por qué darle pie a la masividad de los reclamos que se hicieron de todos modos (con poca trascendencia) frente a la AFA, con gente “autoconvocada”?
En este caso, Grondona desactivó la bomba política, haciendo política. ¿Tenía que hacerles un favor a sus detractores para dejarlos contentos ofreciendo su vulnerabilidad?
La decisión de no renovar el contrato de Maradona surgió del voto unánime del pleno del comité de AFA. Y esto da pie, lógico, a que se hable de actitudes genuflexas, del famoso y renombrado “sí julismo” que impera en AFA. Hasta donde yo sabía era un mérito del conductor forjar estructuras de poder férreas que le permitan mantener el poder. ¿Debería Grondona abstenerse de hacerlo?
Seguramente ahora va a empezar una caza de brujas periodística contra algunos dirigentes “genuflexos”. Los que hablan mal, se comen las eses, son desalineados: Noray Nakis, Savino, Meiszner, principalmente. Tal vez Luis Segura (que algo ya ligó).
Y algunos otros (como Raffaini, el de Vélez), ensayarán alguna declaración frente a los medios tomando distancia (aunque a la hora de la verdad votan igual que los otros). Tienen labia, son prolijos, son abogados exitosos, jóvenes y pintones. Les quedan 40 años por delante, no van a quedar pegados con una estructura que tiene un horizonte de, a lo sumo, 10. Son el futuro de la AFA.
Y tienen derecho a hacer política. El mismo derecho que todos. Todos. Los que nos gustan y los que no.
Precio y consumo.
A principios de este año, uno de los hechos más salientes fue el aumento de precios de los cortes de carne vacuna en las góndolas.
Si bien con el correr de los meses los precios sufrieron ajustecitos a la baja, la realidad indica que hoy la carne se paga entre un 15 y un 30 % más cara que a fin del año pasado (dependiendo del corte, el tipo de animal y el lugar de venta).
Una consecuencia lógica de este hecho fue un parejamente drástico descenso en las cantidades consumidas en el mercado interno.
Seis o siete meses más tarde nos encontramos con una cadena productiva que enfrenta un proceso inverso al que experimentaba hasta ese momento.
La hacienda en pie se paga el doble que el año pasado, lo cual promueve una recomposición de márgenes al interior de la cadena, en el que (en términos relativos) ganan el productor y el consignatario, y pierde el frigorífico
Más allá de la influencia del contexto internacional (la hacienda en pie tiene características de commodity) se observa una tendencia (lógica) a la retención de hembras, lo cual permite a los analistas prever un aumento del stock ganadero en el mediano plazo (hasta que los precios en góndola vuelvan a quedar “atrasados”, o el comportamiento de la cadena disponga la necesidad de una nueva liquidación de stocks, cosa que ocurre cíclicamente en cualquier mercado).
El objetivo de este racconto sencillo es notar que la suba de precio al consumidor fue la pieza más visible de un proceso que le permitió a la cadena en su conjunto trabajar con un cálculo más cercano a su punto de equilibrio microeconómico.
La suba de precio no es decisiva en tanto aumenta los ingresos, sino porque es restrictiva para el consumidor. La cadena de producción y comercialización se come (literalmente) el excedente que antes se comía (más literalmente) el consumidor.
Algo parecido ocurriría en el mercado gasífero si se dispusiera un aumento de tarifas domiciliarias (ya hubiera ocurrido en realidad, si el aumento dispuesto el año pasado no se hubiera frenado judicial y políticamente).
La industria absorbería el excedente que actualmente disfruta el consumidor, a partir de que los precios más altos restringirían el consumo.
Esto nos pone frente a una realidad ineludible: la solución para los “problemas” de las cadenas productivas que trabajan “forzadas” sólo es posible con precios al consumidor más altos (y menos consumo).
Es realmente llamativa la madurez de ciertos sectores de la clase media argentina, que piden a los gritos (aunque sin decirlo de manera explícita) pagar más por lo mismo que hoy pagan menos.
Más vale que estoy siendo irónico.
¿O será que piensan que (como ocurrió con otros productos) la restricción no afectará su consumo sino el de otros sectores sociales, de menor poder adquisitivo?
Boudou y la secreta brasilerización de la economía argentina
Hace unos días trascendió que Boudou estaba trabajando en una modificación de las “restricciones” vigentes al ingreso de capitales. Principalmente, se eliminaría el encaje del 30%, aunque la obligatoriedad de permanencia durante un año continuaría vigente. Esta decisión, se especula, sería un incentivo al ingreso de capital.
La flexibilización habría sido sugerida por Gabbi (Bolsa de Comercio), y tendría el visto bueno, tanto de Boudou, como de la presidenta.
La medida surge en medio de un contexto en el que se visualiza algunos hechos inéditos en la economía “kirchnerista”:
Por un lado, desde hace un tiempo se viene hablando de la pérdida de competitividad de la economía argentina, a partir de un tipo de cambio que se aprecia realmente. No hay en apariencia, como ocurrió otras veces, la intención de acompañar la apreciación real con una depreciación de igual cuantía en términos nominales (o sea, patear para adelante la apreciación). Así, la consecuencia sería una tendencia a converger en un tipo de cambio real más bajo en el corto plazo.
En esa situación es posible que se ponga menos énfasis en el superávit de cuenta corriente, inaugurando un período de cierta tolerancia a la aparición de algún esporádico déficit (es decir, no hacer depender todas las variables de la mantención del superávit).
Por otro lado, el plan Boudou explicitado, consiste en una vuelta a los mercados voluntarios de financiamiento (canje de deuda, etc.). Esto, que ha sido leído como una declaración de la “necesidad fiscal” de financiarse, tal vez no esté enfocado nada más que a “lo fiscal”, sino que esté pensado como una forma de generar opciones de financiamiento para toda la economía.
Entonces, la primera consideración sobre la decisión de flexibilizar el ingreso de capitales es que puede entenderse como parte de un intento por compensar la fuente de financiamiento para grandes empresas que significaba ese mini-mercado de capitales constituido por el flujo de caja de las AFJP (les dolió mucho a las empresas que cotizan en bolsa la estatización, justamente por ese motivo).
Otra cosa que se evalúa, tal vez, es que la economía argentina tiene un bajo nivel de exposición al crédito externo, y que sería hora de ir compensando por esta vía una parte de la actual utilización de recursos de acumulación genuina interna (ahorro en diversas formas).
De cualquier modo, todos estos elementos estarían dando la idea de una tendencia a equilibrar los comportamientos de la balanza comercial (fuertemente superavitaria hoy) y la cuenta financiera (bastante deficitaria hoy).
Punto más, punto menos, una actitud “contracíclica” que hace unos años se llamaba enfriamiento de la economía.
Como corolario, podríamos agregar que al ya citado ancla cambiario, se le suma el ancla fiscal: tres meses consecutivos en que los ingresos crecen más que el gasto, y cierre de semestre con superávit, no sólo primario, sino financiero. Lo cual opera como contención del proceso inflacionario (¿si la inflación anual baja en dos o tres puntos respecto de las expectativas diciembre-marzo en un contexto de crecimiento de la economía, estaríamos hablando de “metas de inflación” mantenidas en secreto?).
El único “elemento heterodoxo” que sobrevive en todo este desarrollo es el comportamiento del consumo, soportado por quienes se obstinan en hacer crecer salarios, asignaciones por hijo y jubilaciones por encima de las “posibilidades de crecimiento de largo plazo” de la economía argentina. Por suerte, agrego yo, que, como se sabe, de economía no entiendo un soto.
A favor de la objeción de conciencia
El debate por la ley que extiende el derecho a contraer matrimonio a parejas constituidas por personas del mismo sexo dejó como corolario la utilización de un concepto que resultó ser bastante controvertido: la objeción de conciencia.
Tal como afirmó la senadora Negre de Alonso en medio del debate en el senado, la objeción de conciencia es un derecho humano consagrado en el Pacto Internacional de derechos civiles y políticos, que adquiere para nuestra ley jerarquía constitucional. Es progresista, si se quiere, garantizar el derecho de libertad de conciencia, amparando a quienes lo requirieran y les correspondiere mediante aplicación de la figura de objeción de conciencia.
En términos doctrinarios, la objeción de conciencia tiene lugar cuando una persona se niega por convicciones de carácter personal, individual, a cumplir con una normativa de carácter obligatorio, y para cuyo cumplimiento el Estado se encuentra legitimado a ejercer coerción. La objeción de conciencia, entonces, ampara al objetor contra la coerción estatal. Para eximirse debe presentar judicialmente un recurso de amparo, y el Juez al que le toque entender decide si hace lugar o no al mismo.
Entonces, como condición de posibilidad es necesario que exista una contradicción entre el bien común expresado en la ley (legitimada por la aprobación del órgano legislador), y una convicción individual, “personalísima”.
Mi interpretación de la cuestión (y no es nada más que eso, una interpretación) es que un juez, para otorgar el amparo solicitado por el objetor de conciencia, debe garantizar previamente que la objeción no impida el cumplimiento de la ley, o lo que es lo mismo, la realización del bien común. Amparo por objeción de conciencia, si y sólo si, el cumplimiento de la ley está garantizado. El objetor, en ese caso, sería eximido de convertirse en brazo ejecutor de la ley, pero con alcance solamente individual.
No correspondería (y hasta podría llegar a ser gravísimo) sancionar a una persona por solamente querer ejercer este derecho, en tanto no se impida el cumplimiento de la ley.
Algunas situaciones aparentemente complejas pueden resolverse, sin necesidad de recurrir ni al escarnio, ni al fusilamiento, ni a la expulsión de nadie.
Salvo que las intencionalidades políticas sean otras, y en ese caso, todo lo dicho no tendría el mismo valor.
Igualdades
Listo. Se aprobó la ley.
De esta forma se crea un marco legal para subsanar algunas situaciones que pudieran parecer injustas a priori:
Que dos personas que convivían no pudieran compartir una misma obra social, que uno de los dos convivientes no pudiera heredar al otro en caso de fallecimiento, que si uno de los dos era internado el otro sólo podía visitarlo si la familia lo autorizaba, que no pudieran sacar juntos un crédito hipotecario, y varios etcéteras más.
Y también se incorpora a la vida de las parejas homosexuales que decidan casarse algunas cosas no imaginadas en momentos idílicos, como la posibilidad de divorciarse, el estatuto de bienes gananciales y la división de bienes, la patria potestad sobre hijos adoptivos, etc.
Este carácter pedestre, prosaico, tendrá la aplicación de la ley aprobada el otro día.
Por eso podríamos prescindir, una vez que el debate parece saldarse, de todas las invocaciones a cuestiones como el principio de igualdad ante la ley, que le queda muy grande a una cuestión necesaria pero de alcance muy corto.
A veces da la sensación que ante cualquier modificación de un régimen socio-económico injusto (por naturaleza diría), algunos exaltados quisieran convencernos a todos de que se hizo, nuevamente, la revolución francesa. Sin desmerecer la importancia de algunos cambios, por supuesto, podríamos al menos dudar a la hora de hacer pronunciamientos tan definitivos.
A mí me cuesta creer (y en algún punto me preocupa que así se lo vea) que los posicionamientos políticos en relación al clivaje a favor/en contra del matrimonio igualitario puedan convertirse en definitivos, trascendiendo el evidente carácter coyuntural que tienen.
Me preocupa que se le de una trascendencia que no tiene esta discusión. Hemos visto estos días a gente embarcada en intentar demostrar que los homosexuales eran perversos y que por eso no deberían poder adoptar (cosa que hacen desde antes de la sanción de la ley) y que a eso se le respondiera con ejemplos de chicos criados por homosexuales que eran “mejores” que los criados por heterosexuales. O sea, la repetición del prejuicio, con rasgo valorativo inverso.
Por eso me parece temerario encarar sanciones morales (tanto que nos disgusta eso cuando lo hacen otros a partir de otros valores, y terminamos repitiéndolo) sobre quienes manifestaron alguna reserva en este tema. Me resisto a creer que la lectura de la biblia, la devoción por la virgen del rosario, la admiración de Jesucristo o el persignarse ante una iglesia, puedan ser elementos que definan dónde quedan los amigos y los enemigos (y aunque se mantengan los prejuicios, hasta sería un avance que, en nombre de la honestidad intelectual, se incluyeran otras religiones en la lista de enemigos de esta guerra santa al revés)
No puedo dejar de pensar en que cada vez que se habla de derechos, de igualdad, de garantías legales, se obvie lo que es más evidente que ninguna otra cosa: vivimos en sociedades cuyo principal elemento discriminatorio es la posesión de bienes, donde nada se distribuye tan injustamente como el ingreso, donde ninguna figura jurídica es tan perversamente discriminatoria como la propiedad, a la que todos tenemos derecho, siempre y cuando tengamos con qué pagarla.
Y que frente a ese clivaje probablemente no se repetirían los mismos alineamientos que se dieron en relación a la aprobación del matrimonio igualitario.
Es un avance el matrimonio igualitario. Me gustaría que no lo tomáramos como el elemento que nos sirva para identificar y perseguir “nazis”.
Facultades delegadas II
Decíamos que las facultades delegadas que vencen este año (que vuelven a vencer) son de una cantidad indescifrable a simple examen.
Nos estamos refiriendo a delegaciones que específicamente el órgano legislador incluyó en el articulado de distintas leyes desde 1853 hasta 1994. Esas delegaciones de facultades que el poder legislativo fue haciendo en favor del ejecutivo, con fines prácticos, se supone que comprenden cerca de 1900 leyes (muchísimas de las cuales, tal vez, ya no están vigentes). Con la reforma de la Constitución del 94 se extendió un plazo de 5 años (hasta 1999) para que el poder legislativo formara una comisión que se encargar de revisar esa legislación para definir qué hacer en cada caso.
Por supuesto, la faraónica faena nunca fue realizada (digamos que hubo otras prioridades de qué ocuparse), y la delegación de facultades se fue prolongando periódicamente hasta llegar a la actualidad. El año pasado se prorrogó la delegación, solamente por un año.
No accedí a noticias que indiquen que se haya estado trabajando en la dilucidación del alcance de las facultades (y por ley transitiva en el significado y consecuencias de rescindir la delegación). Por lo cual, hacerlo “en seco” sería cuanto menos irresponsable.
La otra posibilidad sería que se excluyera del paquete la delegación de fijar las alícuotas de impuestos aduaneros, que es la más conflictiva políticamente en la coyuntura actual. Esta sola decisión exigiría un trámite sumarísimo en el Congreso para fijar nuevas alícuotas, tanto para la exportación de todos los productos, como para la importación (lo cual exigiría una revisión acorde al Nomenclador común del Mercosur).
Suponemos también que nadie estará demasiado interesado en tal titánica tarea, siendo que el casi único punto de conflicto (por ahora) son las retenciones a la soja, el trigo, el maíz y el girasol (aunque digamos que cualquier cambio que se quisiera disponer a futuro, debería pasar por el Congreso -ambas cámaras-, con lo anti expeditivo que ello resultaría, y con lo sensible a las demoras que es la eficiencia en estos casos).
Ya hablamos muchas veces de la inverosímil idea de que paguen 0. En términos aduaneros, el 0 no existe.
Pero el punto principal está dado en el efecto que tendría la eliminación o baja abrupta de retenciones a la exportación de estos productos en términos “reales”.
Siempre sostuvimos desde acá que, más allá de la infinidad de volteretas verbales que se le dio al tema, las retenciones son un gravamen que pesa sobre toda la cadena, que incluye producción y comercialización del sector primario (y algunas manufacturas de procesamiento mínimo).
Lo paga el exportador. Y se lo traslada, como es de suponer, al eslabón inmediatamente más débil de la cadena, el productor, que recibe un precio bastante más bajo al precio que cobra el exportador.
Sin embargo, al actuar el gravamen como un desincentivo a la producción (porque los precios de venta son más bajos) los exportadores obtienen menos producto para comercializar, lo cual hace que merme su fuente de plusvalía (es posible que cuenten con la posibilidad de ampliar sus márgenes en detrimento del productor, pero con límites y no sin riesgo de profundizar la situación en contra de sus propios intereses).
Los productores, si bien se ven perjudicados porque el gravamen pesa sobre ellos, ya que obtienen menor precio por el producto que venden, se ven resarcidos en parte por un menor valor en la renta de la tierra.
Por ello, es que son, casi en su totalidad, los propietarios de tierras los que realmente absorben el gravamen conocido como retenciones.
Si este razonamiento no falla, la conclusión sería evidente: la eliminación de las retenciones se trasladaría casi totalmente al precio del arrendamiento.
Por lo cual, los márgenes de los productores no verían mejoras sustanciales (salvo aquellos que siendo productores son también propietarios).
Y quedarían un par de cosas por ver. Como se sabe, los productos primarios son insumos de los cuales se obtiene manufacturas. La suba de su precio en el mercado interno, derivaría instantáneamente en la modificación de la estructura de costos de esas industrias que hoy trabajan con diferencial de retención. Traducción: incentivo para la exportación de la materia prima sin procesar (y para importar el producto manufacturado que se consuma en el mercado interno).
Por otro lado, si el objetivo de mejorar el margen al productor se lograra, probablemente se profundizaría la de por sí fuerte tendencia a la concentración de la producción. Los pooles de siembra estarían, como siempre, en condiciones de pagar más quintales por hectárea de arrendamiento que los que pagan los productores más chicos. A mayor margen (si lo hubiera) menos posibilidades de supervivencia para el menos eficiente.
Todo esto sin contar las incapacidades (tal vez congénitas) de alcanzar acuerdos amplios en términos positivos (para rechazar “lo que está mal”, es mucho más fácil ponerse de acuerdo).
Así que ya lo dijo el pulpo Paul: “las facultades delegadas en general quedan como están; y las retenciones de los cuatro productos, muy probablemente también”.
Facultades delegadas I
La oposición legislativa (que en algún momento se autodenominó Grupo A y que consiguió proezas patrióticas tales como poner a Liliana Negre de Alonso como presidenta de la Comisión de Legislación General del Senado), continúa con un derrotero que a esta altura ya parece ser una estrategia.
Actúa en tándem con diarios como Clarín y La Nación. Estos medios instalan ante la opinión pública un tema, y los diputados y/o senadores opositores, automáticamente tratan de darle estatuto legislativo.
La cuestión que más llama la atención de este accionar totalmente legítimo hasta aquí, es que no se ha podido hasta ahora establecer un correlato entre lo que pasa en el Senado y lo que pasa en Diputados.
Así, ninguna de las extraordinarias leyes republicanas que iban a curar a la Argentina de los males que le propinó el abuso de populismo que el Gobierno había efectuado hasta aquí (con mayoría parlamentaria), consiguió superar el umbral de la media sanción.
La lista incluye: coparticipación del impuesto al cheque, modificaciones a la facultad del poder ejecutivo de vetar y sancionar DNUs, reforma del Consejo de la Magistratura, cambios en el régimen de ATN y de PAF. Se sumaría en calidad de “estrella” el mamarracho de haber “volteado” el DNU que conformaba el FOBIC, cuando éste ya estaba desautorizado por otros dos decretos que, aún vigentes, esperan que se los trate en el Congreso.
Probablemente corra la misma suerte el 82% móvil para jubilaciones.
La estrategia, parece, consistiría en “hacer jueguito para la tribuna”: poder hacer grandes declamaciones acerca de derrotas terribles que se le inflingirían al oficialismo, sin poner en riesgo la gobernabilidad.
Un teorema de Baglini adaptado, para fuerzas que todavía no saben si no les va a tocar gobernar en un futuro cercano.
En este contexto, se presenta en el horizonte próximo la necesidad de que el Congreso ratifique la delegación de facultades que viene delegando en el Poder Ejecutivo desde 1995. Y como nudo del conflicto, principalmente, la facultad de fijar alícuotas de retenciones, que de no seguir delegándose en el Ejecutivo, reasumiría el Poder Legislativo.
Un tema para tratar, antes de creer en las declamaciones exageradas, es cuáles son estas facultades delegadas. Son muchísimas (se supone que afecta unas 1900 leyes); sin embargo, el énfasis se pone exclusivamente en las alícuotas de retenciones a productos agrarios. Es difícil suponer, por otra parte, que el heterogeneo grupo de legisladores que se oponen a que el Ejecutivo siga usufructuando la delegación, pueda ponerse de acuerdo en cuestiones de carácter positivo (es decir, qué hacer con las facultades cuya delegación se le niega al Ejecutivo). El riesgo de parálisis, visto desde este ángulo, es altísimo.
(continuará…)
Algunas consideraciones tácticas: apuntes sobre fútbol.
La selección argentina quedó afuera del Mundial, y ahora todos nos sentimos con derecho a criticar lo que se hizo y lo que no.
Me siento un poco incómodo formando parte de esa caterva de críticos (impiadosos algunos, oportunistas otros).
La principal verdad, la que se come a todas las demás, es que nos callamos antes. Y hablar después, con el resultado puesto nos facilita mucho las cosas. Asumo lo que me corresponde por hacer uso de cierto facilismo.
Pero más allá de esa consideración ética, creo que la autocrítica se nutre de análisis ex-post. Si queda vedada cualquier consideración por no haberla hecho antes, entonces no podemos decir nada de lo que ya no haya sido dicho.
En medio de ese ámbito contradictorio, entonces, marcamos un par de puntos que nos interesan.
El problema de la idea futbolística de Maradona, a mi modo de ver, no estuvo ni en la debilidad defensiva ni en el sostenimiento de un esquema con muchos delanteros (3 más Di María), tal como quieren ver algunos.
En cuanto a la defensa, ya habíamos señalado acá hace bastante, que no acordábamos mucho con la idea de jugar con cuatro centrales atrás, y que nos hubiera gustado ver marcadores de punta (sigo más adelante). Pero en lo que hace estrictamente a defender, salvo por algunos errores individuales, no hubo problemas en esa línea.
Por otro lado, la superpoblación de delanteros, o jugadores con características ofensivas, no siempre es motivo de descompensación defensiva. En este Mundial, casi todos juegan con 4 jugadores cuya tarea principal es atacar. Es la táctica “holandesa”: un enganche (o 9 retrasado, según las características del jugador que se elija para el puesto), dos wines (que también según las características de los jugadores, pueden jugar más abiertos y desbordando, o pueden hacer más diagonales, o arrancar desde un poco más atrás), y un 9 clásico.
En Holanda juegan Van Persie, Sneijder, Robben y Kuyt; en Alemania, Müller, Ozil, Podolsky y Klose.
En Argentina, los teníamos a Tevez, Messi, Di María e Higuaín.
La diferencia entre el esquema argentino y el de estas dos selecciones está un poquito más atrás. Holanda tiene a De Jong en la contención; Alemania a Khedira y Argentina a Mascherano. Pero en el caso de los equipos europeos, en las adyacencias de este 5 clásico, juega un volante con manejo de pelota de aceptable a bueno, que no se recuesta sobre ningún costado, sino que se mueve por todo el frente, que se hace dueño de la potestad de hacer la pausa, y de lateralizar, y elegir cuándo ser profundo, al tiempo que se convierte en el que primero interrumpe la generación de juego del rival, sobre todo en la salida rápida de contra. Es Schweinsteiger en Alemania y Van Bommel en Holanda (relativamente, porque la característica de enganche clásico de Sneijder hace que retroceda a jugar desde un poco más atrás, y Van Bommel se ve más liberado de ejecutar tareas de armador).
Esos 30 metros en las adyacencias de Mascherano no fueron ocupados naturalmente por nadie, ni para interrumpir el armado del contragolpe cuando se perdía la pelota en ataque, ni para tomar decisiones en el manejo de la pelota.
Una causa de esto, creo, se relaciona con la idea de Maradona de jugar sin laterales, con 4 centrales atrás. Veamos un poco: Alemania tiene a Lahm sobre la derecha, que es un lateral clásico, que pasa al ataque al vacío y por sorpresa, y que también sale a cortar juego más cerca de la línea de volantes cuando la pelota la tiene el rival y el volante por su lado no retrocede. Argentina no tuvo un jugador en ese lugar con esas caracterísicas en los últimos partidos (ni de la derecha, ni de la izquierda). Así, el volante que tenía que jugar en las adyacencias de Mascherano, se convirtió en un jugador de recorrido vertical y que jugó más abierto sobre el lateral: Maxi Rodríguez.
Pero aparte hay una causa remota en esta concepción: una idea que recorre los comentarios futbolísticos por distintas áreas. Maradona la tomó por momentos y por otros no, pero se abrazó a ella en los dos últimos partidos del Mundial. Es la idea que generó la sanción de que Riquelme es lento, frena el equipo, el tránsito en mitad de cancha tiene que ser más veloz, y por tanto ese tipo de jugadores no pueden jugar. También la sufrió Verón, por momentos.
Esa idea, que desestima la pausa, que desprecia la lateralización, y que pide velocidad y profundidad continuamente es la que tiene que pagar los platos rotos de la derrota. Siga Maradona o no. Porque no hay fórmulas para ganar, y evidentemente los “lentos” no eran la causa (al menos la exclusiva) de nuestras derrotas.
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