Minitas

 

  • Dice esta nota de The Guardian que el último fin de semana se comenzó a aplicar un impuesto del 30 % a las ganancias de la producción del hierro y el carbón en Australia. Dice que magnates del sector se enfrentan al impuesto. Por ejemplo, Andrew “Twiggy” Forrest, dueño de Fortescue Metals Group, tercer productor australiano de hierro detrás de BHP Billiton y Rio Tinto hizo una presentación en tribunales contra la medida. La nota cuenta que en abril pasado, el billonario Clive Palmer, productor de carbón, anunció que se va a presentar a elecciones para enfrentar al viceprimer ministro, Wayne Swan. El funcionario había salido a advertir que “un puñado de intereses egoístas han acumulado una desproporcionada fracción del éxito económico de la nación y ahora sienten que tienen el derecho de darle forma al futuro de nuestro país para satisfacer sus propios deseos”. The Guardian también recuerda que el sector minero llevó adelante una campaña en los medios para advertir que no es un “barril sin fondo” para financiar al Gobierno. La nota cuenta también que la billonaria Gina Rinehart, muy enojada con el impuesto, quiere justo ahora tomar control efectivo de Fairfax Media, que publica algunos de los diarios locales más importantes.
  • The Guardian nos cuenta además:
 Australia es el mayor exportador mundial de mineral de hierro y carbón de coque (utilizado en la fabricación de acero) y el segundo mayor exportador de carbón térmico (utilizado en la producción de electricidad). Las industrias de la minería y los recursos representan el 9% del PIB, una gran parte de la economía en comparación con otros países occidentales (la producción combinada de sectores de la minería y la relacionada con la minería es del 15% -20%). La industria es responsable del 50% -60% de los ingresos por exportaciones del país y el 20% del capital. Todo esto, mientras que sólo emplea directamente a cerca de 2% de la plantilla.

La minería ha llegado a su posición de poder a partir de un auge de los precios de los productos básicos. Hace una década, una tonelada de mineral de hierro vendido por unos 13 dólares EE.UU.. Hoy en día el precio es de unos 140 dólares por tonelada. El carbón térmico ha pasado de 28 dólares la tonelada hace 10 años, a cerca de $ 100.

Y es intersante ver cómo para el gobierno australiano, por lo que se ve y relata The Guardian, no existe más la “teoría del derrame”. Dice la nota:

A la industria de los recursos (naturales) también se le da, en parte, el crédito por el mantenimiento de la economía australiana lejos de de la recesión y aislada de los peores efectos de la crisis financiera global. (…)

Sin embargo, a pesar de todos los aspectos positivos del auge de la minería, también ha creado perdedores muy importantes, por lo que el gobierno quiere utilizar algunos de los beneficios de la industria para difundir la riqueza de este boom

“Ha habido una economía de ‘dos velocidades’”, dijo Saúl Eslake, economista jefe de Bank of America Merrill Lynch (Australia). “Por un lado está el sector minero en auge y algunas de las industrias que cuelgan fuera de él, al igual que la construcción pesada. Por otro lado, tienes las industrias tambaleantes, como la manufactura, el turismo, el comercio minorista y la educación superior, que emplean a mucha más gente que la minería “. Todos ellos están sufriendo el dólar artificialmente alto, un subproducto del boom.

  •  A todo esto, la publicación montonera The Economist cuenta que el impuesto australiano es “controversial”. De todos modos, admite:
Estos minerales ‘dados por Dios’ generan ‘rentas’, retornos mayores que el mínimo requerido para atraer empleos, capital y expertise necesarios para extraerlos. Como los precios de los commodities han crecido, esas rentas han aumentado conspicuamente. Un impuesto sobre estas excesivas ganancias tiene sentido, lo cual ayuda a que recaudar dinero sin herir la motivación“.
Si bien admite que el impuesto tiene problemas de “nacimiento”, la publicación británica remata con un llamativo:
Otros gobiernos harían bien en emular y mejorar los esfuerzos de Australia de cambiar la presión fiscal de los salarios y las ganancias a las rentas a las rentas“.
  •  Mientras tanto, en Sudáfrica, el oficialismo de ese país, el Congreso Nacional Africano (ANC) no llegó a un consenso sobre qué hacer con la renta minera pero sí admitió que tiene que haber “más intervención del Estado” en el tema. La nota nos cuenta que el presidente Jacob Zuma, quien busca su reelección al frente del partido en diciembre próximo, busca crear más trabajos y combatir la pobreza. El partido de gobierno busca más ingresos provenientes de la minería. Esto se da en un país donde operan los nenes Anglo American Plc, Xstrata Plc, Rio Tinto Group Plc y BHP Billiton Ltd. La nota también nos cuenta:
El ANC llevó adelante un estudio sobre la intervención estatal en la industria minera luego de que la Liga Juvenil del partido hizo lobby a favor de la nacionalización de las minas para darle a la mayoría negra su parte en la bobanza mineral del país. El estudio determinó que una nacionalización resultaría en un colapso d ela inversión extranjera y el acceso a financiamiento”. 
De todos modos, aquí se puede leer un largo documento de “La Cámpora de Sudáfrica” (?) a favor de la nacionalización de la industria minera.
Reza, a modo de borrador de proyecto de ley:

Nacionalización de las minas de Sudáfrica para los siguientes fines:

- Aumentar la capacidad fiscal para fines de desarrollo, en particular la financiación de la educación, salud, vivienda y desarrollo de infraestructura.
- Mejorar las condiciones de trabajo de los mineros en particular mediante el aumento del salario mínimo.
- Transformar el camino de desarrollo de Sudáfrica en una acumulación de acuerdo a las condiciones definidas por el documento para la discusión.
- Industrializar y obtener más beneficios de los recursos minerales. 
- Transformar los patrones espaciales de desarrollo heredados del pasado.

Foto.

Nicolás Tereschuk (Escriba) : "Escriba" es Nicolás Tereschuk. Politólogo (UBA), Maestría en Sociologìa Económica (IDAES-UNSAM). Me interesa la política y la forma en que la política moldea lo económico (¿o era al revés?).