Seamos buenos entre nosotros


Con un pie en la inocencia más absoluta y el otro en una descarnada realpolitik escribimos hoy. Haciendo equilibrio en la cuerda floja de la contingencia, esa estúpida y sensual amante, ay, de los que amamos la política. Esa a la que nunca dejamos de buscar sus ojos tras el velo y esa misma que nunca sabremos hacia que brazos saldrá disparada.

Dame un beso, uno más, contingencia. Que queremos seguir escribiendo la historia, esa que nos observa escondida atrás del futuro.

Entonces: Cuando hablo de nosotros hablo de todos nosotros. Los peronistas de Perón, los cultores de la conurbanía intenderil, los progresistas de bares de Palermo, los 678 que militan en las redes sociales, los centroizquierdistas, los sabatellistas, los redactores de revistas del palo, los que están en el territorio que nos sostiene, los militantes de movimientos sociales y vos también. Todos. Los que, a falta de un bautismo mejor, nos ponemos abajo del paraguas “nacional y popular”. A todos ellos mi deseo de fin de año: seamos buenos entre nosotros, que nos necesitamos.  

Todos, en mayor o menor medida, con matices, poniendo no exactamente lo mismo en la balanza entre los aciertos y los errores, podemos decir: el proceso político iniciado por Néstor Kirchner en 2003 y que continúa ahora Cristina Kirchner fue y es doctrinariamente positivo para la Patria y para el Movimiento y, por qué no, para nosotros los hombres. Tenemos un piso del cual enorgullecernos: el país está mejor que antes del kirchnerismo.
Pero falta mucho. Como siempre, y escuchame entre el ruido, fortuna, antes de abandonarnos, nos falta mucho.

Tanto que falta más de todo lo que se hizo. Falta mucha más justicia social, mucha más salud, mucho más trabajo y salarios de mayor calidad, mucha más distribución, mucha menos pobreza, mucha más igualdad, muchas más cloacas, viviendas,rutas, trenes, barcos, aviones y tractores. Nos falta mucha más política, muchos más conflictos, muchas más peleas, muchas más realizaciones, muchas menos épicas de cotillón. Mi revolución, compañeros, sigue siendo un reformismo consecuente.

Y para lograrlo, o al menos intentar lograrlo, apuntar una obviedad: lo primero es ganar las elecciones del año próximo. Esto no debe impedir –para nada- los debates de acá a un año. Ojo. Ojo con el posibilismo conservador que puede venir de “no avanzar con nada, no criticar nada porque le hacés el juego a la derecha y hay elecciones”. Yo digo: lo primero es ganar elecciones. Pero para ganar elecciones, hay que seguir haciendo, en el camino. Porque si frenás, je, te caés.

Tampoco –para nada de vuelta- es momento de agrandarse. Lejos estamos de esas elecciones y lejos –como parecen creer muchos oficialistas y casi todos los opositores (a juzgar por sus actos)- de tener los comicios ganados. Cuanto más se instale esa idea de la inevitabilidad del triunfo oficialista peor es para nosotros (¿ves como aprendo de vos, amor contingente?), porque afloja los tendones y porque afloran las disputas internas a ver quién se queda con la mejor parte del triunfo. Y también porque la verdadera oposición (los grupos concentrados de poder) pueden verse tentados a maniobras antidemocráticas que ahora gustan en llamar operaciones. Hasta ahora son maniobras destituyentes de baja intensidad, según mi opinión. Están midiendo. Nos miden, muchachos.

Lo voy a hacer fácil. Confiamos en la conducción estratégica de Cristina Kirchner. Y confiamos en ella porque ha demostrado, así como antes Néstor, tener claros objetivos y una táctica para ir construyendo un camino (es muy loco, a mi me gusta mucho del kirchnerismo esa capacidad de no “boquear” demasiado con “no bajamos las banderas”. Estos tipos fueron y construyeron nuevos mástiles e izaron allí banderas que ya existían: AUH, ponele. Eso es ser Gobierno).

Y entonces, muchachos, muchachas, para poder triunfar en 2011, habría que ir preparándose para comer, siendo finos, algunos sapos. Pero ojo: esto vale para todos. Todos nos tenemos que preparar eh. “Pusimos” un ministro de Seguridad donde nos podríamos haber sentado en un Juanjo Alvarez. Pero si toca viceversa, toca viceversa. Hay que dar la pelea interna y tratar de ser más que el resto, generar más sentido común que el resto, traerle a la gente más derechos que el resto. Y el resto está afuera, no adentro.

Un  ejemplo concreto de que el todo es más que la suma de las partes: los compañeros “pejotistas” vienen alertando desde hace rato de la necesidad de hacer propia la temática de la seguridad. Y los compañeros “K no PJ” fatigaron varios años pidiendo la medida social más relevante de este gobierno, la AUH.

Ya sé: todos nos creemos los mejores. Es natural. Se pelearán los lugares en las listas y se discutirán los mejores modos de avanzar con este proceso. Pero hacer hoy la Gran Libres del Sur y la Gran Peronismo Federal no corre más.  Tampoco suma pelar el peronómetro o el kirchnerómetro o el progresómetro realmente existente para dar estas discusiones. Porque a la fortuna hay que ayudarla haciendo las cosas bien. El imperativo moral para el 2011 es profundizar este proceso político. No nos peleemos. Reproduzcámonos.

Y seamos buenos entre nosotros.  Que quiero más besos mientras nos espía la historia.

: De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.