Segundo tiempo: Sale Laclau, entra Gramsci

En el número anterior de la revista Debate hay un interesante artículo de su director, Marcelo Capurro, con el sugestivo título de “¿Y si hubiera kirchnerismo para rato?”. La pueden leer, pero la síntesis es más o menos esta: “es razonable que uno se preocupe más por las reacciones mediáticas que por las de cualquier otra clase” en caso de que ganara el kirchnerismo en 2011.

Pero desde hace un par de semanas, y aún más luego de los actos del Bicentenario, vengo pensando en esa hipótesis de continuidad con preocupación por dos motivos:

Primero, porque no soy de aquellos que -motivados por algunas recientes encuestas con cierta suba en la consideración del oficialismo- creen que el triunfo electoral está a la vuelta de la esquina o, mucho menos aún, garantizado.  Esa actitud es el reverso exacto de la moneda de aquellos sectores opositores (y algunos oficialistas) que decretaron el fin del kirchnerismo luego del conflicto por la 125, luego de las legislativas de 2009 y luego de la conformación de las comisiones en Diputados y senadores. Y así como el oficialismo supo, en cada uno  de esas circunstancias, ya sea por aciertos propios o por errores ajenos (¿cuándo aceptarán nuestros analistas y editorialistas esa cosita de la dialéctica y que no hay error propio sin acierto ajeno y viceversa?), encarar medidas de gobierno que lograron cierta recomposición del tablero, nada indica que lo mismo, pero a la inversa, puedan lograr los hasta ahora fragmentados sectores opositores. O sea: recomponerse.

Segundo, porque pensar la política como un partido que se juega día a día puede ser necesario para darse ánimos, generar cierta mística entre los funcionarios y los militantes y hasta para enfrentar con sus propias armas a los medios (si aceptamos que ellos son la principal oposición, cosa en la cual no estoy de acuerdo. Pero esa es otra cuestión: los medios masivos son un entramado de intereses económicos de los cuales forman parte y los exceden). Pero la política es mucho más compleja que una reunión de cierre de tapa o el minuto a minuto del rating de TV.

Varias puntas de análisis podemos abordar de lo escrito en los párrafos anteriores y sólo vamos a dar un somero pantallazo, ya que cada uno de ellos amerita largas reflexiones impropias para un solo post:

–          La centralidad de la disputa oficialismo/medios de comunicación  recorta el campo de análisis estrictamente a la coyuntura, al día a día y, por ende, lo empobrece. Achacarle esto a los medios es banal. Los medios, el periodismo, “es” coyuntura, tanto más debido al empobrecimiento de calidad analítica que sufren la inmensa mayoría de los editorialistas. Si descendés al barro de la batalla no solo te ensuciás sino algo peor: perdés perspectiva. Y así como es inútil pretender una mirada a largo plazo en los medios nunca estará de más reclamárselo, al menos, a los dirigentes políticos. También debiera ser una preocupación de los militantes.

–          El oficialismo es mejor, más inteligente y más audaz cuando está mal que cuando está bien. Tiene más reflejos para el contra ataque que para salir administrar el resultado cuando va ganando. Así fue con la estatización de las AFJP, la Ley de Medios y varios etcéteras similares. Casi podría decirse que es su espíritu fundacional: nada más que el 22%. Es como esos equipos que necesitan que cada tanto le hagan un gol, o incluso hacérselo en contra, para sentir el cachetazo y despertar. Lo cual, ahora que pareciera viene repuntando, no está mal hacer notar críticamente.

–          Cuando, después de cada elección general, hay vencedores y vencidos, cada fuerza política se toma el tiempo del pase de facturas internas. Los ganadores imponen condiciones hacia el resto de sus partidos a quienes habían sido sus rivales internos. Los perdedores van, por cierto que siempre resistiendose, dando lugar a nuevas caras (salvo en el radicalismo, claro, je, donde la renovación de Cobos en provincia de Buenos Aires es Storani y Moreau. Así están). ¿Cómo procesarán los medios masivos opositores una hipotética derrota a manos de Kirchner en 2011? ¿Habrá renovación de sus líneas editoriales? ¿Pasarán a retiro a los Morales Solá, los Grondona, los Van der Koy, los Roa? (estoy hablando de editorialistas, así que ni se les ocurra preguntarme por qué no pongo a Majul en la lista, eh).

¿Por qué escribo estas cosas para que pensemos colectivamente, se preguntarán algunos?

Bueno. Primero porque en el título está mi elección para el segundo tiempo del Mundial. Segundo, porque ya pasaron los festejos del Bicentenario y alguien se tiene que ocupar de empezar a pensar, aunque sea, en el mediano plazo. Cómo van a ser los festejos del Bicentenario de la Independencia en 2016 y quién los va a organizar, ponele.

: De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.