La Patria, el Movimiento, los Hombres

Primero, la Patria.
El oficialismo desde 2003 (nótese la conciente y decidida sutileza de evitar el uso del apelativo “kirchnerismo”) se enfrenta a un desafío crucial y novedoso: está ante una posibilidad cierta de ser gobierno por un tercer mandato consecutivo, algo inédito en la historia nacional.
Podríamos elegir un abordaje similar clásico o incluso abrevar en miradas –por ser minimamente elegantes- un tanto limitadas, pero preferimos salir a jugar al campo de lo no explorado. O al menos de lo no dicho masivamente. Por joder. Y la cuestión es: pareciera que no aplica hoy y aquí la famosa dicotomía  continuidad-cambio a la que se enfrenta toda sociedad a la hora de votar.
¿Y por qué decimos aquí que no es válida en estos comicios esa oposición? Por varios factores, pero preferimos priorizar estos:
–          Ninguna de las diversas fuerzas políticas opositoras existentes que puede “ofrecer” con claridad –al menos por ahora- cuál sería el “cambio” deseado. Es decir: ya hemos dicho alguna vez que la dirigencia política debe ofrecer siempre un delicado equilibrio entre una función representativa y una función pedagógica. Es decir: por un lado, ser los voceros de los reclamos de al menos un sujeto social y, por el otro, ejercer cierta “conducción” sobre esos sectores. (la dirigencia, una obviedad, se supone que “dirige gente”).
– No hay hasta este momento, a pesar de múltiples intentos de constituirlo (sobre todo por parte de los medios masivos de comunicación, lo cual no hace más que bastardear aún más a las fuerzas opositoras) una propuesta que sea capaz de catalizar tras de sí los múltiples deseos de cambio que pudieran haber en sociedades modernas y fragmentadas. Han probado, hasta ahora, con la inflación y con la seguridad sobre todo, y con algunas cuestiones supuestamente institucionales, pero no logran impregnar la necesidad de “un cambio” (Sí, lo sé. Estoy hablando otra vez del populismo a la Laclau y de la cadena equivalencial y de todo eso, pero en manos de la oposición. Sí, claro. Porque el mecanismo populista no necesariamente está siempre en manos de las fuerzas nacionales, populares y progresistas. Lo podrían usar “ellos” también). ¿Cuál es el horizonte, el objeto de deseo, que ofrece la oposición o, mejor dicho, alguna de ellas? Todas, al elegir ir detrás de la agenda impuesta por los medios en vez de generar una propia, han resignado la opción de presentarse ante la sociedad como alternativa superadora de lo existente. Suena duro, pero hasta las fuerzas políticas de tinte progresista y resabios de nacanpopismo, se han tornado – conciente o inconcientemente- expresiones de la reacción.
–          Y es aquí donde la fuerza oficialista, ahora sí, el kirchnerismo, tiene un enorme y riesgoso desafío y también una inmensa posibilidad: plantearse a sí mismos y la sociedad como la portadora de ese cambio. Una mirada oficialista conservadora legítimamente puede plantear: ¿para qué cambiar si vamos bien, si ni siquiera nos lo piden mayoritariamente la sociedad?
Para dos cosas, esbozaré como hipotética respuesta: a) para poner en entredicho la necesidad de la alternancia como condición necesaria para una buena calidad institucional y, b) para seguir construyendo una hegemonía cultural tal como inteligentemente teme Beatriz Sarlo. Para ponerlo más sencillo: ¿es el oficialismo capaz de renovarse a sí mismo e ir por más y que esa renovación sea visualizado por el pueblo como el cambio necesario?
Como toda apuesta es riesgosa, pero es un pleno que paga más que la mera chance -obvio que para nada despreciable- de la continuidad.

: De chiquito, Mendieta no quería ser bombero ni policía. Soñaba con ser basurero. Ir colgado, como un superhéroe, del camión. Despúes se las ingenió para ser y hacer muchas cosas, todas más interesantes que lo que terminó siendo: un Licenciado en Comunicación, algunas veces como periodista, otras como funcionario público. Sus únicas certezas son su sufrimiento racinguista, la pasión por el mar y cierta terquedad militante. Todo el resto puede cambiar mañana. O pasado.