Testimoniales: jurídicamente, políticamente

Jurídicamente,

Para que yo pueda jurídicamente decir que las candidaturas testimoniales son ilegales debería poder decir que es verdadera al menos alguna de las siguientes tres proposiciones.

1. El que está cumpliendo un cargo no puede candidatearse a otro. Falso, ya lo sabemos. Obama 09 estaba cumpliendo su cargo de senador, Cristina Kirchner 07 estaba cumpliendo su mandato de diputada, Néstor Kirchner 03 estaba cumpliendo su mandato de gobernador, De la Rúa 99 estaba cumpliendo su cargo de Jefe de Gobierno, Menem 89 estaba cumpliendo su mandato de gobernador

2. Cuando yo soy algo y me candidateo a otra cosa, debo renunciar al cargo que tengo. Falso. La renuncia la debo hacer, sí, pero antes de asumir, no antes de candidatearme.

3. El que se postula “debe” asumir. Falso. No hay norma que obligue a un candidato electo a asumir, ni al asumido a ejercer su cargo hasta el final; la renuncia es una salida permitida en todas las fases del proceso.

Políticamente.

El que propone la testimonial esta proponiendo una específica narrativa política a la elección en la que participa.

Como todo tiene una historia, hay que ver qué pasó las ultimas ocasiones en que un gobierno nacional se topó con legislativas de mitad de mandato en las que tenía posibilidades de perder. Fue en 1997 y en 2001. Menem primero, y De la Rúa después, ensayaron la siguiente excusa: “nosotros no perdimos, no fuimos candidatos a nada”.

Jurídicamente impecable (es verdad que sus nombres no iban en ninguna lista), políticamente autista.

Asumido que sea que las elecciones legislativas de mitad de mandato son, simultáneamente, también (y digo, no solo eso, digo “también”) un test electoral sobre los gobiernos que están en funciones (nacionales, provinciales, comunales) el gambito testimonial – lejos de ser fraudulento y engañador– es frontalmente explícito en asumir la existencia y la relevancia de ese factor “también”.

Quien se pone al frente de una lista con vocación testimonial subraya expresiva y expresamente el tema de la gestión (su gestión) en la narrativa de campaña. Clausura la salida de emergencia que utilizaron en su momento Menem y De la Rúa. Tal vez eso le juege a favor, o en contra, su influencia es a priori indemostrable. Por lo pronto no gana puntos gratis, porque eso lo obliga a concentrar el temario de campaña en el pasado inmediato, porque pierde la posibilidad de sinergizar su armado con otras figuras. Es una decisión que podrá calificarse de valiente o de insensata, que podrá ser eficaz o ineficaz. Pero el control de esta decisión estará en el escrutinio del electorado, no en el escrutinio judicial.

Este no es mi blog jurídico así que no quiero detenerme en otros puntos menores o tecnicismos. Lo cierto es que -mas allá de lo que uno pueda pensar sobre si le gustan o no- todos los planteos jurídicos que se formulan con docto tono de indignada inexorabilidad tienen respuestas obvias o respuestas plausibles.

(si quieren, lo discutimos en los comments, pero la sola plausibilidad, esto es, la mera existencia de un debate, nos llevará a concluir que en la duda debe estarse en favor de validar el acto, como ocurre siempre en electoral, a favor de las candidaturas, de los programas, de la participación en los partidos).

Todo ello no impedirá que se denuncien prevaricatos ni servilletas cuando, como va ocurrir, segura y correctamente, la justicia desestime las impugnaciones que tanto se menean por estos días.